lunes, 16 de septiembre de 2019

Reseña: Hijas del Norte

Hijas del Norte.

Sarah Hall.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Alianza editorial. Col. Alianza Literaria. Madrid, 2019. Título original: The Carhullan Army. Traducción: Catalina Martínez Muñoz. 273 páginas.

Una novela, publicada en origen en 2007, que encierra un mensaje de ecofeminismo combatiente, pesimista, transgresor, radical y cargado de razones no siempre fáciles de aceptar o comprender, ya que parece abogar por un activismo violento frente a posiciones menos agresivas, razonadas o dialogantes. Una vida dura produce personas duras, a veces contradictorias, a veces intransigentes, casi siempre reivindicativas. La falta de libertad y la injusticia reiterada produce rebelión, violencia, exigencia de justicia y de vindicación. Hijas del Norte es una llamada de atención no sólo sobre la desigualdad de género sino también sobre el cuidado de la naturaleza y el modo en que el cambio climático podría llevar a desastres de proporciones descomunales, arrasando con un país y con todo su tejido social, condenándolo al totalitarismo. Una distopía catastrofista que pone el foco sobre el tratamiento discriminatorio sobre las mujeres en tiempos convulsos, cuando más sencillo es perder las libertades y todo lo obtenido hasta ahora. Una ciencia ficción de futuro cercano, combativa, claustrofóbica, oscura, nada complaciente, triste y bastante funesta en sus propuestas de reflexión.

En el futuro de mañana mismo, o en un hoy alternativo pero muy cercano, Inglaterra ha caído en un agujero socio-político-ecológico del que no levanta cabeza. Tras una catástrofe ambiental, con buena parte del país bajo las aguas que han superado las barreras del Támesis, y mientras la crisis alimentaria crece y la población sobrevive gracias a la ayuda humanitaria proveniente de los EE.UU., un gobierno totalitario denominado La Autoridad que domina las áreas urbanas todavía habitables y habitadas ha decretado un absoluto control demográfico, limitando las libertades de las mujeres e imponiéndoles una serie de obligaciones que caen de lleno en lo abusivo, incluido el que todas ellas deben llevar implantado un dispositivo uterino de contracepción bajo pena de arresto y reeducación. La explotación laboral se viste de obligación social, la resignación sepulta las antiguas reivindicaciones, el racionamiento y la carestía es el día a día de los ciudadanos, el combustible es un bien escaso, el consumo de electricidad está limitado, el acceso a internet y a los medios de comunicación se encuentra controlado y limitado, la censura y el toque de queda se imponen, el futuro no presenta grandes ni pequeños alicientes.

Una mujer, que sólo será conocida como Hermana en todo un relato ofrecido desde su propia voz, deja la «seguridad» de su hogar, abandona a su conformista esposo, antaño luchador por los derechos civiles y ahora entregado al nuevo régimen, y se lanza a una incierta aventura, escapando hacia las remotas colinas de Cumbria en busca de una aislada granja explotada por un grupo de mujeres independientes, una suerte de comuna autosuficiente con su propia milicia, de las que hace tiempo que no se tiene noticia certera, y que podrían o no seguir allí: Carhullan. Camina en la oscuridad, entre la esperanza y el miedo, rememorando los eventos de toda una vida que la han llevado a ese momento, cuando es recogida por uno de los escasos vehículos que tienen permitido circular en las zonas rurales conducido por un desconocido. Sus planes podrían verse frustrados casi antes de ponerse en marcha.

La novela se estructura en siete capítulos que corresponden a los respectivos archivos recuperados de la Autoridad del Sistema Penitenciario de Inglaterra del Juzgado de Lancaster correspondientes a la Declaración de una prisionera detenida de conformidad con la Sección 4 (b) de la Ley (con poderes ilimitados) para la Prevención de la Insurgencia. Dictada en primera persona los archivos son tanto una confesión como una crónica de sucesos. ¿Qué eso, explícito desde la primera página, parece anticipar que la cosa no termina precisamente de forma propicia para la protagonista, la declarante detenida? Bueno, habrá que leer la novela, ¿no?

Algunos de los archivos, la mayoría, se encuentran íntegros, aunque dos de ellos sólo se han recuperado tan sólo en forma parcial, lo que no obstante no impide que todos los hechos queden patentes y además permite a la autora saltar allí donde de verdad le interesa. El ritmo es muy expositivo y un tanto pausado, respondiendo a una fluida confesión que no busca guardarse secreto alguno, ni los más escabrosos, plasmando los hechos de una forma tajante y muy detallada, pero liberada de pasión, alejada la narradora de imbuir a sus palabras de cualquier veleidad de acción frenética —de hecho el final hurta el que se supone principal enfrentamiento gracias a la pericia de una elipsis bien ejecutada— mientras sus supuestos captores no parecen apurarla en absoluto, y que sirve admirablemente para sentar las bases de la reflexión implícita en todo el texto, radical y a un tiempo serena.

El desastre ambiental que sirve de trasfondo, apenas esbozado pero muy presente, ha cambiado todo el equilibrio de la naturaleza haciendo del clima de Inglaterra algo casi tropical. Las consecuencias pueden antojarse un tanto extremas, demasiado precipitadas, pero hay que pensar que en ocasiones el más pequeño cambio tiene consecuencias abismales. ¿Podría, como si de piezas de dominó derribándose una detrás de otra se tratase, el cambio de paradigma productivo arrasar con todo el tejido social? ¿Podría un sentido de emergencia nacional llevar al totalitarismo —¿alguien ha dicho Brexit sin acuerdo? ¿Suspensión del parlamento? (Y eso que la novela es de la década pasada y no de ahora mismo)—. La democracia ha caído bajo el imperio de la «necesidad» de los planes de recuperación y reindustralización, reemplazado el gobierno por una dictadura encubierta. Las ciudades son ahora núcleos aislados de los que no está permitido salir, donde los ciudadanos viven en viviendas comunitarias y trabajan en lo que el gobierno dictamina, y las mujeres son tratadas de la manera más condescendiente y denigratoria. ¿Es difícil de imaginar que haya quien busque escapar de todo ello? ¿Buscar una vida mejor, no más fácil, no más sencilla, pero sí más feliz y gratificante?

La huida hacia adelante de Hermana y los acontecimientos posteriores podrían dar para generar muchos debates. ¿Mejora en realidad su vida o simplemente cambia unos barrotes por otros? ¿Se limita a trocar una situación de sumisión por otra igualmente opresiva? ¿Cuán harta, cuán desesperada tiene que encontrarse una persona como para abrazar una salida tan irreparable? Las mujeres con las que al protagonista interactúa en los meses posteriores muestran muchas personalidades diferentes, todas fuertes, y muchas ideas contradictorias y enfrentadas a veces entre sí, tantas como opiniones pudiera ofrecer cada una de ellas, pero es triste —una tristeza es de suponer que buscada intencionadamente— que al final sean la fuerza y la violencia las opciones que parecen más aceptadas, da igual quien rija los designios de un grupo u otro de poder. ¿Existen situaciones donde el terrorismo, el enfrentamiento directo, la tortura o la insurrección civil estén justificados? ¿Es ese el único camino posible frente al despotismo y la tiranía? ¿Es mejor una sociedad dirigida por hombres o una por mujeres? ¿Es más recomendable la resistencia pacífica o la activa? Bueno, al menos la líder del llamado Ejército de Carhullan parece tener ideas muy claras al respecto. Pero, ¿no hay siempre un gran paso de la teoría a la práctica? Para darlo, o para ver cómo es dado, el lector tendrá que, ya está dicho más arriba, leerse la novela.

El final de Hijas del norte, echando la mirada atrás, invita mucho a la interpretación y la deducción, y deja con muy interesantes preguntas flotando en la mente, aunque quizá una de las principales sea qué es aquello que se ha desencadenado y cuál es la situación en que los archivos recuperados —que implica que de alguna manera estuvieron perdidos— están siendo leídos y por quién. Sugerente cuando menos.

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