Historias del país de Rujen.
Adonis Sánchez / Jesús Fernandez.
Ilustraciones: Ana González.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Books in Demand. 2019. 169 páginas.
Estas Historias del país de Rujen recogen cuatro nuevos cuentos de hadas, cercanos a una tradición casi perdida, escritos a la manera de cuando los mismos no se encontraban tan rebajados, infantilizados y manoseados —en todos los sentidos— como los considerados como clásicos en la actualidad. Cuentos adultos que, aún encerrando cierto mensaje, como avisos y normas de conducta para la convivencia diaria, huyen de lecciones moralizantes, y presentan situaciones que advirtiendo de peligros no prejuzgan comportamientos ni sientan cátedra, sin rehuir tampoco situaciones escabrosas, sexuales o sanguinarias. Historias que bien podrían haberse entresacado del folclore clásico del norte europeo, repletas de imaginación, de simbolismo oculto, pobladas de criaturas mágicas fácilmente reconocibles, no exentas sin embargo de la necesaria originalidad y atractivo. Escritas con especial sensibilidad, con un gusto literario por la prosa y lo poética, sin perifollos innecesarios, pero con la debida recursividad, se antojan pertenecientes a una tradición oral, construidos para la voz de los escaldos. Fantasía feérica de cuentos dispuestos para ser escuchados a la luz de la lumbre, al calor de una buena y hogareña hoguera, donde las lecciones se entresacan de las acciones y los hechos, no de un mensaje directo.
El volumen recoge cuatro relatos, todos ellos ilustrados por la sugerente plasmación de mano de Ana González, que son, a saber: Rescoldillo —o Rescoldos, brasas y cenizas, que de las dos maneras se refiere en la edición a este cuento— y Demasiado barro en las botas, de Jesús Fernández, y Desmemoriado e Hija del río, de Kråke —Adonis Sánchez—. Dos voces literarias diferentes pero afines, y que se complementan singularmente bien, ofreciendo una perspectiva propia a lugares comunes y compartidos, o a temas recursivos y legendarios.
![]() |
© Ana González |
Desmemoriado es una fábula sobre un niño salvaje y sin memoria recogido por una anciana misteriosa, y luego adoptado por una familia campesina. Pero ni el niño ni la anciana son en realidad lo que aparentan. Es este un cuento que habla sin mencionarlas en realidad sobre la muerte y el renacimiento, del cambio de las estaciones, de lo que cada de una de ellas trae y del paso inmisericorde, cruel incluso, aunque necesario para el cambio, del tiempo. De la maternidad, de la inocencia despreocupada de la infancia y la sabiduría interesada de la madurez. Del deseo secreto, del fruto prohibido, de la locura de la juventud y el inevitable fin de la ancianidad. O quizá no, ¿quién sabe? Este es uno de esos cuentos con tantas interpretaciones diferentes como lectores tenga.

Hija del río es un cuento sobre la naturaleza —en realidad, de una u otra manera todos los son—, sobre maternidad, crueldad inintencionada y sueños imposibles, de tradiciones inmemoriales que encierran razones escondidas para ser cumplidas y seguidas, de amoríos sin futuro . Es la historia de Etzia, y de su hermana Garoa, despreocupadas jóvenes criaturas amantes del agua, y su encuentro con la Señora, y de la obligación que se le impone. Del deseo de su corazón y de la inmisericorde e inmutable realidad de la naturaleza, que pone a cada cual en su sitio.

Historias del país de Rujen es un volumen autoeditado por los autores que habla a las claras de las posibilidades y bondades del formato. Un libro en tapa dura, agradablemente ilustrado por los sugerentes, a veces inquietantes, dibujos de Ana González —como muestra los que acompañan a esta reseña—, lleno de pequeños detalles añadidos como la cinta marcapáginas que siempre son de agradecer, y dotado de una letra generosa para una cómoda lectura. Aunque presenta algunos pequeños errores tipográficos, como no respetar algunos espacios tras los signos de puntuación o la existencia de guiones donde no corresponde —algo habitual, por desgracia, también en alguna de las grandes editoriales—, la fuerza de los relatos y la agradable presentación hacen que, si no se perdonan, se pasen como casi imperceptibles los fallos. Un libro a tener en cuenta si se gusta del sabor de los clásicos cuentos de hadas sin pátina moderna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario