Elia Barceló.
Reseña: Santiago Gª Soláns.
Roca editorial. Barcelona, 2017. 477 páginas.
Me encanta la definición que la propia autora da en las páginas de la novela: Esta historia es como tener entre las manos todas las teselas de un mosaico y tener que ir montándolas poco a poco, colocándolas en su sitio correcto, para ir descubriendo una imagen de la que se tiene la idea general, pero no de los detalles más concretos, y quizá el resultado final no sea precisamente el que se tenía en mente de antemano. Centrada en el realismo, y dejando a un lado la vertiente fantástica de muchas de sus obras anteriores, Barceló ofrece aquí una historia dolorosa que se dilata en el tiempo, saltando desde la actualidad al pasado en diversos momentos de la Historia del siglo XX de España y Marruecos. Una mujer que, sin desearlo de inicio, se embarca en un viaje a la memoria para exorcizar los demonios, las sombras, que le acompañan desde hace mucho tiempo, desde que su hermana fuera violada y asesinada en Rabat, donde entonces residía la familia, el día que la humanidad llegaba por primera vez a la la Luna. Un crimen que nunca pudo terminar de aceptar o comprender. Una tragedia que rompió a su familia y marcó para siempre su vida por un sentimiento de culpa, al menos hasta el día de hoy. Se inicia así una narración que aúna una saga familiar a la intriga de una investigación criminal —totalmente amateur, no es una novela de detectives—, con un trasfondo histórico cercano y certeras reflexiones sobre la memoria, el paso del tiempo, la edad y todos los hitos de una vida que modelan la personalidad, sobre el arte o algunas de las injusticias sociales de nuestro país que siguen, hoy como ayer, produciéndose.











