domingo, 1 de abril de 2012

Reseña: Bendecida por la sombra

Bendecida por la sombra.
Vampire Academy 3.

Richelle Mead.

Reseña de: Jamie M.

Alfaguara. Madrid, 2011. Título original: Vampire Academy: Shadow Kiss. Traducción: Julio Hermoso Oliveras. 480 páginas.

La Academia de St. Vladimir es un especial internado donde los moroi, vampiros “diurnos” todavía vivos que conservan su alma, y los dhampir, los vástagos fruto del cruce entre vampiros y humanos, aspirantes a proteger a los primeros, reciben una educación acorde a sus aspiraciones, al tiempo que todos ellos permanecen a salvo de la amenaza que los brutales strigoi, vampiros muertos que han perdido su alma y sentimientos, siempre acechantes para causar dolor. Con este título la serie alcanza su tercera entrega tras los dramáticos sucesos narrados en Sangre azul, su predecesora.

Por supuesto, se mantiene el protagonismo casi absoluto de Rose Hattaway, quien se va a ver envuelta en una nueva y dramática aventura junto a sus amigos, en circunstancias que la llevarán a reflexionar sobre todo lo que implica su particular lazo con Lissa, mientras lidia con sus irrealizables sentimientos románticos hacia Dimitri e intenta por todos los medios de rechazar los acercamientos sentimentales de un  insistente Adrian, al tiempo que cada vez se hace más consciente de lo que implican esas futuras responsabilidades a las que siempre había dado por inevitables. Toda su vida ha sido consciente de que su destino como guardiana estaba sellado, pero ¿y si existieran otras posibilidades?

La “educación” de Rose como guardiana está a punto de concluir y pronto va a llegar la hora de la graduación; antes la dhampir deberá pasar, junto con el resto de novicios, sus prácticas de campo, las últimas pruebas que demuestren que está adecuadamente preparada para la tarea de defender a su moroi asignado. Ella ya sabe que esa moroi será Lissa, sobre todo por el vínculo psíquico que comparte con ella; una conexión de la que empieza a estar un tanto saturada desde que el romance de su amiga con Christian va viento en popa y no puede evitar ciertos celos por lo que ella no puede tener.

Rose está cambiando; como consecuencia inevitable después de los trágicos sucesos del libro anterior, el proceso de maduración se ha acelerado en una joven que por las circunstancias que le habían tocado vivir ya era más madura de lo que su edad podría indicar. Ha crecido, y cierto desparpajo y despreocupación han desaparecido en su forma de actuar. Sin embargo el futuro no se presenta especialmente malo, o eso piensa hasta que dos circunstancias se cruzan en su camino: por un lado se entera de la noticia del próximo juicio de Victor Dashkov y la insoportable posibilidad de que quede en libertad; por otro, aún más preocupante si cabe, empieza a pensar que podría volviéndose loca cuando empieza a ver a su amigo Mason, algo imposible porque está muerto. Ella sabe que los fantasmas no existen, así que no puede encontrar otra explicación a sus “visitas” que pensar que está perdiendo la cabeza.

Al tiempo, dentro del universo cerrado de la Academia, empiezan a magnificarse ciertas tensiones, y las aparentes agresiones a algunos de los jóvenes moroi, sin explicación y con el silencio de las víctimas, añaden una capa de intriga y misterio sobre la trama general. Las tensiones entre los elitistas aristócratas vampiros y los que ellos consideran inferiores, y entre las diferentes corrientes de pensamiento ante las formas de actuar, o no, con sus poderes frente a los strigoi, amenazan con traer muchos problemas no pasando mucho tiempo.

A pesar de que Rose sigue lanzando sus irónicas pullas en las más variadas direcciones, lo cierto es que el toque de humor de la novela se ha diluido un tanto respecto a las anteriores entregas ante el tono cada vez más oscuro de la narración. Movida por las circunstancias la protagonista se ha encerrado bastante en sí misma. Saturada por las imágenes provenientes de la mente de Lissa, convencida de que debe abandonar sus aspiraciones románticas y segura de que nadie va a entender las apariciones que está viendo, la joven empieza a guardarse muchos secretos para sí misma, tratando por un lado de proteger a sus amigos, con la idea de que lo que no sepan no puede hacerles daño, pero tratando por otro de ocultar sus propias inseguridades, dudas y miedos. Empieza a cuestionarse su papel en la vida y las relaciones de los dhampirs hacia los moroi, que siempre había creído inamovibles (o guardián o puta de sangre) empiezan a mostrarle otras posibilidades a tener en consideración.

A pesar de la pérdida de cierta cantidad del humor, aunque algo queda, la trama queda compensada en otras muchas facetas del relato, tanto en el tono de intriga, como en el romance o en la acción, masivo ataque strigoi incluido. Mead continua expandiendo su particular mundo, con, entre otras cosas, una visita a la corte vampírica, donde se va a celebrar el juicio a Victor Dashkov, presentando nuevos personajes y profundizando en los ya conocidos. La introducción de forma algo casual de unas profecías que luego tendrán vital importancia le sirve a su vez para añadir tensión y dramatismo al relato de lo que se avecina en el futuro.

Entre los personajes que más crecimiento adquieren, aparte de Rose, se va a encontrar Adrian Ivashkov, quien poco a poco va forjando una sugestiva personalidad, manteniendo su fachada disoluta e irreverente, pero dando muestras de un interés en todo lo que le rodea mayor de lo que quiere aparentar, ofreciendo nueva luz sobre él y su forma de actuar. Mientras intenta enseñar y aprender el uso del “espíritu” con Lissa, empieza a intuirse que hay mucho más detrás de su fachada, y su ayuda puede llegar a resultar determinante.

La autora aprovecha también para profundizar en lo que significa estar “bendecida por la sombra”, añadiendo nuevos datos en la investigación “histórica” de la relación que antaño mantuvieran San Vladimir y su guardiana Anna, tan similar a la establecida entre Lissa y Rose, y el desenlace al que les condujo, enfatizando las implicaciones que la misma puede suponer sobre el vínculo de las protagonistas, y sus posibles consecuencias.

La novela consigue un acertado equilibrio entre la acción, violenta y sangrienta en ocasiones, con numerosas muertes en el haber de los strigoi y los guardianes, y el romance de las diversas parejas, reconocidas o no, incluida cierta tensión sexual no siempre deseada. El cierre de la novela es seguramente el más abierto de los tres libros publicados en español hasta el momento. Si hasta el momento las tramas quedaban bastante cerradas, con un desenlace satisfactorio y un final “tranquilo”, aquí, tras la última página y con los eventos principales resueltos con un giro trágico, aunque no del todo inesperado, Rose ha tomado una decisión que deja todo abierto para la siguiente entrega. Mientras que la historia narrada en la novela se puede considerar casi completa, lo cierto es que el plan general de la serie sigue su avance dejando interesantes preguntas para el futuro. Si se disfrutó de las anteriores, esta no decepcionará, aunque el final puede dejar con el puño en la boca.

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Reseña de otras obras de la autora:
 

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