Las crónicas de Kronos II.
Marie Rutkoski.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Nocturna ediciones.
Col Literatura Mágica. Madrid, 2012. Título original: The Celestial
Globe. Traducción: José Pazó Espinosa. Ilustraciones de: Cris de
Cos-Estrada. 442 páginas.
Continuación de El Gabinete de Curiosidades,
esta novela conserva toda la frescura y maravilla de la misma,
ofreciendo un interesante relato juvenil sobre el crecimiento y la
amistad, envuelto en un perfecto ropaje de intriga y aventura situada en
el renacentista siglo XVI. Con un relato que bebe naturalmente del
anterior libro, compartiendo personajes y, en cierta medida,
ambientación, El globo celeste no se ve en absoluto afectado por el síndrome del segundo libro
de una trilogía, sino que ofrece una historia completa y con entidad
propia —aunque es muy aconsejable leer el anterior previamente—, además
de que deja con ganas de disfrutar del siguiente. Con menos elementos
sorprendentes que su predecesora, quizá, al darse por ya conocidos —los
animales metálicos parlantes, los dedos mágicos de Neel, la manipulación
del cristal de Tomik, la espada invisible de Petra...— pero con el
mismo poder de fascinación para las mentes de los lectores jóvenes a los
que está destinada.

Pero, efectivamente, tras escapar por los pelos de una trampa ordenada por el príncipe, Petra se va a ver de pronto en Londres, bajo el amparo del enigmático John Dee,
quien parece querer convertirla en su pupila, algo que ella detesta con
todo su corazón, sobre todo por el lazo mental que comparten. Pero
cuando uno de los consejeros de la reina Isabel sea asesinado, la joven
verá en la resolución del crimen la oportunidad de librarse de la
atención del espía y volver a Bohemia, donde ha quedado preso su padre. Pero la cosa no va a resultar sencilla en absoluto. Mientras tanto, Tomik se verá sorprendentemente embarcado en El Pacolet,
un barco tripulado por gitanos del mar, piratas que van en busca un
valioso artefacto con propiedades mágicas que recibe el nombre de «globo celeste» y que otorgará un inmenso poder a quien lo posea.

Petra,
bajo la supervisión del intrigante John Dee y preguntándose en todo
momento qué es lo que el espía tiene reservado para ella, va a ir
aprendiendo muchas cosas que desconocía sobre sí misma, sigue con el
acelerado proceso de maduración de su personalidad y crece, tanto
interior como exteriormente, con todo lo que les está sucediendo. La
joven empieza a desarrollar su habilidades mágicas al tiempo que recibe
lecciones de esgrima para poder utilizar con acierto la extraordinaria
espada forjada por su padre. Unas lecciones que le serán impartidas por
un joven ex espía, Kit,
fascinante y atractivo, quien puede llegar a convertirse en un buen
apoyo para sus investigaciones, al encontrarse ella en terreno
desconocido, necesitada de apoyo y de alguien en quien depositar su
confianza y confidencias. Algo que también va a obtener de forma un
tanto ambivalente con la compañía un tanto impuesta y renuente de las
hijas de Dee, Madinia y Margaret,
de personalidades francamente contrapuestas y que aportan un toque de
humor al relato con sus intentos de «civilizar» a la indómita joven.

Como
en la entrega previa, la autora introduce en la trama un buen número de
objetos y personajes que existieron realmente —como bien explica Astrophil
en una nota al final del libro—, sin llegar a convertir la obra en una
novela histórica sí que la dota de un rico trasfondo que poder explorar e
investigar tras la lectura. Empezando por la propia figura de Gerardus Mercator
y los globos geográficos, terráqueos y celestes, que construyera,
motivo central de la búsqueda que impulsa toda la trama —aunque aquí se
encuentren dotados de una variante que los hace muchos más valiosos si
cabe—, y continuando, además de por John Dee, por la Reina Isabel de Inglaterra, o por sus consejeros Robert Cotton, Walter Raleigh, o por el «pirata» Francis Drake
—aunque éste sólo aparezca por «menciones»—... quienes dan el
contrapunto «realista» a toda la parafernalia mágica en que Petra y el
resto de protagonistas van a tener que desenvolverse.

A
través de una emocionante aventura, llena a la par de investigación
—donde prima el uso de la inteligencia y la deducción— y de acción
—donde la violencia es tan solo el recurso de los personajes más oscuros
y siempre está supeditada a la clemencia de las buenas personas—, la
autora cierra de forma muy gratificante la trama sobre la búsqueda los
globos de Mercator, pero aprovecha el final para hacer una introducción a
la siguiente aventura con una escena que, sin poder considerarla en
puridad un auténtico cliffhanger, sí que deja con la miel en la boca de lo que ha de venir a continuación en The Jewel of the Kalderash, con horizontes todavía más exóticos por descubrir y entuertos por deshacer. El Globo Celeste es, sin duda, una muy agradable lectura juvenil, perfectamente acompañada por las ilustraciones de Cris de Cos-Estrada.
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Reseña de otras obras de la autora:
El gabinete de curiosidades. Las crónicas de Kronos I.
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