lunes, 27 de marzo de 2017

Reseña: El Juego de la Corona

El Juego de la Corona.

Evelyn Skye.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nocturna ediciones. Col. Literatura Mágica # 37. Madrid, 2017. Título original: The Crown's Game. Traducción: Marta Torres Llopis. 433 páginas.

Primera parte de una anunciada bilogía —aunque esta entrega se pueda considerar prácticamente autoconclusiva—, la autora ofrece una fantasía juvenil con ambientación en la Rusia zarista, con la que se toma un par de «licencias», siendo quizá la más importante la presencia palpable, aunque secreta, de la magia y los magos, aunque también importante sea presentar entre los personajes históricos alguno que en nuestra realidad nunca estuvo allí. Dos magos deben enfrentarse en una suerte de duelo mágico. Para uno la gloria. Para el otro la muerte. Skye ofrece una consistente aventura muy adecuada para el público joven al que va destinada. Sin mucha acción propiamente dicha, pero sí emoción, algo de folklore ruso, y mucha, mucha magia, la historia desvela un enfrentamiento inevitable que en realidad ninguno de los implicados desea, de ambientación melancólica y a la vez rutilante, con el oropel de los zares y los nobles siempre en primer plano. Un duelo de magia oculto a una sociedad sorprendida por sus efectos, casi siempre benéficos y hermosos, con el telón de fondo de bailes de máscaras, incipientes romances de polos enrevesados —quizá lo más forzado del relato—, amores frustrados, y una inesperada venganza de ultratumba.

En 1825 las cosas se muestran un tanto convulsas para el imperio ruso, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Después de mucho tiempo con el puesto vacante, el Zar va a necesitar a su lado a un mago imperial, pero el problema es que no hay uno, sino dos aspirantes. Vika Andréieva y Nikolái Karimov. La una criada por su padre Serguéi en el aislamiento de la isla de Ovchinin, en medio de la naturaleza; el otro un huérfano kazajo, adoptado por Galina Zakreskaya e introducido en la sociedad elegante de San Petersburgo, en la que de forma fortuita llegará a convertirse en amigo y confidente del propio hijo del zar, el zarévich Pável Alexándrovich Románov, más conocido entre sus allegados simplemente como Pasha. Los dos entrenados durante años para dominar sus dones. La una poseedora de una magia más salvaje, asociada a la naturaleza, a los seres vivos y a la manipulación de los elementos. El otro con una magia más contenida, más cercana a lo inanimado, al artificio mecánico. Ambos tendrán que enfrentarse en el llamado Juego de la Corona. El ganador obtendrá el acceso pleno a la fuente de la magia de la Madre Rusia, un poder inimaginable y el puesto de consejero del Zar. El perdedor morirá y será borrado de la historia.

Desde el momento en que Pasha y su amigo y compañero de escapadas Nikolái ven por primera vez de forma accidental a Vika, mientras la joven se encuentra entrenando su magia, ambos van a quedar, aunque de diferente modo, prendados de ella. Ninguno sabe en ese momento quién es ella, aunque Nikolái tenga la certeza de que debe ser la otra maga, con quien deberá enfrentarse más adelante. Un encuentro casual, justo antes de que el zar convoque el Juego, que podría marcar posteriormente su devenir.

Una vez abordada la competición, la trama tiene más de enfrentamiento de ingenio que de acción abierta, mientras los dos jóvenes magos van haciendo sus movimientos esperando cada uno ser más espectacular que el otro, aunque buscando también complementarse. El relato discurre de forma pausada, con un ritmo cadencioso que no deja de resultar agradable. La violencia existente es muy poco gráfica, lo que no le resta un ápice de dramatismo. Coincidentes con la semana de preparación de la celebración del cumpleaños del zarévich, las pruebas discurren con una intención casi todas ellas bastante estética, a la par que desafiante, buscando sobre todo impresionar al zar, aunque los dos magos oculten en ellas alguna trampa para su contrario.

Son dos jóvenes que apenas empiezan a vivir y que deben sumergirse en la prueba más dura de sus vidas, conscientes de que el resultado a de ser obligatoriamente la muerte de uno de ellos. Y la gracia está en que precisamente ninguno de ellos se considera a sí mismo un asesino capaz de matar a su oponente. Llegando incluso a verse atraídos mutuamente, ¿podrán encontrar dentro de sí sin embargo las fuerzas para hacerlo? ¿Para romper todas sus reticencias y no detener la mano en el último momento? Educados desde muy pequeños para ocupar el puesto ninguno puede renunciar a su objetivo, deberán endurecer su corazón. Son buenas personas forzadas a tomar decisiones negativas.
Narrado en tercera persona, siguiendo por separado a los diferentes personajes, el desarrollo de los caracteres principales es de inicio un poco deshilvanado, algo que se pone de manifiesto en la forma de explorar la atracción-repulsión entre ellos. Aunque la construcción posterior es bastante efectiva y en todo momento sus sentimientos se encuentran muy bien plasmados, cuesta un tanto justificar su reacción a los mismos. Unos pocos, pero bien construidos, personajes secundarios dan a la perfección el contrapunto a los dos protagonistas, sirviendo de apoyo en los momentos precisos y desencadenando la tensión cuando es requerido. Ludmilla, la pastelera que se hace cargo de Vika cuando su padre falta; Yuliana, la irascible y muy consciente de su posición hija pequeña del zar; o Renata, la criada al tanto del secreto de Nikolái, convertida en su confidente, aunque también le guarde algún secreto a él, son algo más que mera comparsas.

Skye ofrece una prosa muy sugerente en su aparente sencillez, consiguiendo transmitir sobre todo el encanto de la ambientación propuesta, una Rusia imperial sin cuyo telón de fondo no se entendería todo lo demás. La propia ciudad de San Petersburgo, descrita tan sólo en una pequeña parte, la más monumental —la parte más pobre se limita a unas cuantas visitas a cierta taberna—, con riqueza de coloridos matices, con sus magníficos edificios y palacios, con sus canales, islas, plazas y fuentes, se convierte en parte vital de la narración. Aunque donde destaca la sensación evocadora es en las descripciones de la desbordante naturaleza rusa, de sus bosques y parajes naturales. Algo en lo que también colabora la hermosa edición de Nocturna.

Muy consciente de dirigirse a un público joven, y utilizando buena parte de los recursos asociados al nicho, El Juego de la Corona es un relato de amistad y de desconfianza. De lealtad y de deber. De luces y sombras. Por momentos podría considerársele un tanto empalagoso, quizá, pero es que hay que ver el hambre que da leer la descripción de los productos a la venta en la panadería Cenicienta. Si no estuviera anunciada como bilogía, cualquiera podría decir que esta novela es totalmente autoconclusiva y que el trágico final, y su conmovedor epílogo, podría ser perfectamente el cierre de la historia. Anunciada en origen la continuación, The Crown’s Fate, para este mismo 2017, sólo queda esperar a ver en qué intrigante manera hace evolucionar Skye los eventos aquí narrados.
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