lunes, 8 de mayo de 2017

Reseña: CloroFilia

CloroFilia.

Cristina Jurado.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Editorial Cerbero. Col. Wyser # 4. Cádiz, 2017.135 páginas.

La editorial Cerbero, de reciente constitución, pero con una velocidad de crucero en cuanto a lanzamientos realmente encomiable, da soporte a una colección de novelas cortas en un formato que se prodiga poco en nuestro mercado. Y lo hace con un «producto» muy atractivo y cuidado empezando desde las mismas portadas, primera toma de contacto del lector con cualquier libro, como puede apreciarse en la hermosa ilustración de Cecilia G.F. de este volumen. Así la novelette que nos ocupa es la demostración palpable de su acierto al «arriesgarse» y de apostar por una distancia intermedia, ni relato ni novela, en la que cabe decir mucho. El desastre medioambiental por fin ha golpeado con fuerza la superficie de nuestro planeta. Las tormentas de arena azotan sin misericordia a cualquiera que no encuentre refugio y se atreva a salir a la intemperie. ¿Puede haber alguna solución? ¿Puede sobrevivir la humanidad en un mundo tan inclemente? Jurado, a través de una ciencia ficción ecológica o greenpunk, crea un mundo angustioso, especulando con un futuro bastante desolador. Un mundo en que las soluciones quizá sean incluso peores que las causas, el remedio peor que la enfermedad.

Tras el caos sembrado por las inclementes tormentas de arena que han golpeado con fuerza toda la superficie de nuestro planeta, años después, en el Claustro, una serie de cúpulas aisladas del exterior, los restos de la humanidad sobreviven como pueden. Muchos ya ni recuerdan cómo era la vida de antes, cuando se veía un cielo azul y la vegetación crecía al aire libre. Allí, Kirmen, se despierta en una sala aséptica después de haberse sometido a la enésima operación de su corta vida. Porque él es especial, él, si todo sale como se encuentra planeado, será el primer ser humano en mucho tiempo en poder volver a caminar sobre la superficie desértica del planeta. Jurado consigue transmitir al lector el trasfondo de todo su mundo, vale que limitado, cerrado y claustrofóbico, con apenas unas pinceladas muy bien dirigidas; al igual que la personalidad de unos personajes tallados por sus circunstancias.

Kirmen es diferente de todos los que le rodean, y tiene que pagar un precio por ello. Tanto en el desprecio de sus compañeros como en el aislamiento al que le someten por ser distinto, por estar destinado a ser algo mejor que ellos mismos; en el peso de las esperanzas y la repulsa que causa en los adultos que le rodean, que ven en él, el último niño nacido en el Claustro, un camino que no pueden seguir, pero que parece inevitable para la supervivencia de la especie, o de algo parecido. Pero no está del todo solo, aunque su padre se muestre distante, su madre algo ambigua entre el cariño y el desapego, y el Doctor encargado de sus operaciones —ahora aparentemente apartado de las mismas— parezca sentir un morboso gozo ante su sufrimiento, el joven al menos puede abrir su corazón a Jana, algo más que una amiga de la infancia de la que, sin embargo, cada vez se nota más distanciado por sus especiales circunstancias. Una amiga que también tiene sus propias congojas.

La prosa de la autora es tan directa como efectiva, deliciosamente descriptiva, creando en la mente imágenes poderosas que perduran después de leído el texto. Además del evidente trasfondo ecológico Jurado incluye una interesante trama familiar y otra de una amistad imposiblemente romántica, reflejando la manera en que el entorno puede llegar a moldear el carácter de las personas o influir en su toma de decisiones. El encierro produce extraños efectos psicológicos, la falta de recursos es una continua amenaza a la existencia de los supervivientes, la natalidad ha cesado sin que llegue a término ningún embarazo poniendo en marcha el reloj de la extinción, la locura y la rendición acechan, la esperanza es una fuerza muy débil, sobre todo cuando se trata de la idea de volver a vivir en el exterior. Se necesitaría ser algo más que humano para conseguirlo. Y quizá para ello haya que traspasar límites antes inimaginables, retorcer la ética más allá de lo socialmente aceptado, jugar a ser Dios, aún a sabiendas de que nunca se podrá volver a como eran las cosas antes.

ilustración de Cecilia G.F.
Jurado lanza su mirada diseccionadora sobre el «otro», el diferente, el paria, el apestado, el monstruo, para desvelar que muchas veces las etiquetas no reflejan la realidad tal y como es, sino como se querría que fuera. La gratitud es una mercancía muy cara, que cuesta dispensar, sobre todo cuando entraña un sacrificio que uno mismo no está dispuesto a realizar. Tener que enfrentarse a cierto tipo de generosidad hace salir lo mezquino del corazón humano. El mundo de la novela es polvoriento por fuera, pero también por dentro, retratando formas de miseria cotidianas que unas personas imponen a otras con una impasibilidad aterradora.

CloroFilia, mezcla de ciencia ficción weird con unas gotitas de horror, podría haber sido incluso más redonda, ya que hay un par de diminutos detalles —en los que seguro que a la mayoría de los lectores ni siquiera reparan—, uno narrativo y otro de verosimilitud, que la apartan de la absoluta perfección. Pero aún así merece la pena leerla y disfrutarla, aunque haya que ir con el corazón bien pertrechado para ese final demoledor y angustioso. Una obra desarrollada en su distancia justa, sin páginas de más ni de menos, y con una trama no del todo, aunque sí mucho, postapocalíptica, dado que el apocalipsis todavía sigue produciéndose, sigue azotando el planeta, y los supervivientes tienen que aclimatarse y aprender a vivir con ello, no con las consecuencias posteriores, sino con las que se siguen produciendo. Una obra que, por encima de otras muchas consideraciones, trata de aquellas cosas que en el fondo conforman la esencia de ser humano.
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