miércoles, 27 de septiembre de 2017

Reseña: Amigos imaginarios

Amigos imaginarios.

David Jasso y Roberto Malo.
Adrián Celemín (ilustraciones).

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Apache libros. Madrid, 2017. 65 páginas.

Este libro recoge un cuento para adultos que, con un ropaje aparentemente infantil, fuerza al lector a enfrentarse a algunas importantes verdades del mundo que nos rodea. Ácido y tierno a partes iguales, siempre acertado, el texto escrito a cuatro manos invita a la reflexión al tiempo que divierte y entretiene. Amigos imaginarios surge de la colaboración de dos autores dispares pero enormemente complementarios, Jasso y Malo, habituados a ofrecer en sus obras terror, onirismo y sensaciones fuertes, que aquí se conjugan con una enorme ternura. Ambos son poseedores de una prosa personal que logran fundir de forma precisa, con lo que resulta difícil aventurar qué parte del libro, qué ideas, qué chanza, qué juego de palabras, qué inspirada imagen corresponde a cada uno o si bien todo pertenece por igual a los dos, pero en realidad poco importa ante una lectura tan entretenida y divertida como melancólica, incluso triste en ocasiones. Porque ¿qué hay más triste que un niño solitario sin ningún amigo ni posibilidad real de tenerlos? Pues ese es el punto de partida del libro. Un niño, Carlos, que a falta de amigos de carne y hueso decide convocar un casting de amigos imaginarios. Y el resultado es mucho más sorprendente de lo que pudiera imaginarse.

A la convocatoria van acudir aspirantes de lo más dispar, dando lugar a una curiosa estructura narrativa en la que primero se presenta un candidato o candidata, esbozando sus peculiaridades, y a continuación los autores ofrecen un relato sobre el mismo, donde el lector puede descubrir el trasfondo real tras la presentación. El primero en acudir a las pruebas de selección es el niño-nube, que gusta de tumbarse sobre la hierba y mirar las nubes mientras intenta adivinar qué forma tienen; no parece muy divertido, pero, como se desvela en el relato que viene a continuación, esconde un rico mundo interior y unas interesantes teorías sobre los sueños. Cuando el lector piensa que ha descubierto el tono, bastante inocente, un tanto ingenuo y bastante divertido, en que va a discurrir el libro, los autores sueltan un aldabonazo que resuena en la mente y cambian todos los parámetros. Y es que no todo es lo que parece y toda historia tiene mucho detrás.

Tras el niño-nube pasarán por el casting de Carlos la niña de las muñ… hijas, el viejo del bastón, el bebé —con una historia que se pone de manera extraordinariamente real, divertida y humana en el interior de la psique de un lactante— y el extraterrestre. Algunos de ellos se desvelarán relacionados, otros presentarán una historia individual que, no obstante, tendrá resonancias de todas las demás. La necesidad de dar y recibir amor, la empatía, el poder paralizador de las soledad, la lucha por los derechos y la libertad, el coste de los sueños, la entrega, la denuncia de las injusticias —con amplios ecos de nuestro presente por muy mítico que se presente el escenario en cuestión—, la responsabilidad por las ideas que se transmiten a los demás, la carga liberadora de las segundas oportunidades, el valorar en su justa medida lo que se tiene, la frustración de no poder comunicarse, el peligro de los juicios apresurados, de los prejuicios, de sentirse superior a cualquier otro...

Y cuando se acerca el final los autores aún tienen reservado un nuevo giro sorpresa, un giro tan triste como esperanzador, un canto abierto al poder de la amistad cuando Carlos, tras desvelarse su propia hsitoria, encuentra a Marta, una niña tan retraída y callada que algunos pensaban que estaba enferma. Jasso y Malo ofrecen a sus lectores un cuento tan hermoso como significativo, pleno de profundidad reflexiva y de puro amor. Me ha parecido una auténtica delicia tanto para niños como para adultos, aunque seguramente estos últimos le saquen mucha más enjundia al texto.

Mención merece también la preciosa edición, con el acompañamiento de las muy adecuadas y expresivas ilustraciones de Adrián Celemín, algunas de las cuales se pueden contemplar en esta misma reseña, y la elección por parte de Apache de un formato muy agradable de leer. Esperemos que los dos autores cumplan su amenaza de escribir nuevas obras juntos.
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