sábado, 30 de septiembre de 2017

Reseña: La rosa y la daga

La rosa y la daga.
La ira y el amanecer 2.

Renée Ahdieh.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nocturna ediciones. Col. Literatura Mágica # 42. Madrid, 2017. Título original: The Rose and the Dagger. Traducción: Carmen Torres y Laura Naranjo. 492 páginas.

La rosa y la daga es la continuación y cierre de la bilogía iniciada con La ira y el amanecer —de la que podrían destriparse algunos detalles en esta reseña, así que ¡cuidado!—, en la que los lectores asistían a una revisitación, que no una reescritura, en clave YA —para «adultos jóvenes»—, al clásico oriental Las mil y una noches, con un relato donde prima sobre todo el romance, pero bien envuelto en intriga, política y misterio. Ahora, pasada apenas una semana tras el dramático cierre de la entrega anterior, la situación es de lo más tensa, con los protagonistas distanciados y una guerra amenazando inminente en el horizonte. Con altas dosis de romance y pasión, abundantes muestras de odio, traiciones, sinsabores, magia y misterios orientales, incluida una alfombra voladora, la novela hace honor a su antecesora llevando al culmen la trama allí planteada. Ahdieh presenta una trama casi de cuento de hadas, o de cuento oriental en todo caso, rebosante de emociones a flor de piel y de personajes que anteponen el amor —filial, fraterno o romántico— a su propia seguridad.

Mientras Jalid se empeña en ayudar en la reconstrucción de la ciudad de Rey, saliendo en secreto disfrazado a echar una mano donde se necesite entre las ruinas, Sherezade permanece con su familia refugiada en un campamento en el desierto, a la espera de que los acontecimientos se desencadenen. La joven es más una prisionera que una invitada y la tensión se masca en el ambiente, a la espera de que demuestre dónde residen sus lealtades, con Tariq, su amor de infancia, o con el niño-rey al que todos consideran un asesino despiadado. Para poder evitar la vigilancia a la que es sometida y tratar de buscar una solución que resuelva el conflicto, rompiendo por el camino la maldición del califa de Jorasán, Shezi deberá buscar en su interior y echar mano de las fuerzas que Musa Zaragoza viera dentro de ella cuando le regaló una misteriosa y raída alfombra. Y el tiempo corre en su contra.

Sherezade permanece en el centro del relato, mostrando algunas grietas en la coraza que tan bien ha sabido crearse sobre su persona. Sigue siendo la joven vivaracha e independiente, deslenguada, de genio vivo y que se hace valer por sí misma que el lector conociera en la entrega previa, pero ha descubierto que en ocasiones las cosas deben meditarse dos veces, que a pesar de que sigue mereciendo la pena luchar por lo que se cree, también es conveniente estudiar todas las facetas de un problema y no actuar con precipitación. Su camino no va a ser nada fácil, rodeada de gente que no confía en ella y en la que ella a su vez no sabe si puede confiar. Por su parte Jalid  se hace un poco más humano, aunque sigue siendo un joven de lo más contradictorio, lleno de pasión, de nobleza y de arrebatos asesinos bajo la impasible frialdad que muestra al mundo. Ambos lucharán por poder reunirse de nuevo, buscando la forma de romper la maldición, pero no les resultará para nada sencillo.

Mientras algunos personajes secundarios se desdibujan, borrándose un tanto de la acción, otros adquieren un sorprendente protagonismo, dando lugar a un par de giros dramáticos en la trama imprescindibles para mantener la emoción. Además se presentan algunos nuevos, como el sarcástico y poderoso Artan Temujin, que aportan una perspectiva nueva a la acción, mientras otros que apenas habían sido mencionados dan un paso adelante, como Irsa, la subestimada hermana pequeña de Sherezade, quien arrebata a los protagonistas algunas de las mejores escenas con su decisión e inocencia, su fuerza interior y su descubrimiento del mundo y el amor.

Hay algo de anticlimático en varios momentos de la novela, momentos que no se pueden precisar para no destripar detalles centrales de la trama, pero que, después de muy esperados, se sienten un tanto precipitados, poco épicos o demasiado fáciles cuando no abiertamente contradictorios con lo expuesto anteriormente. Hay personajes y situaciones sobre los que se pasa de puntillas, sin terminar de explotar todo su potencial o que aparecen tan sólo para impulsar el relato y volver al ostracismo luego, y otros que no terminan siendo en absoluto lo que en apariencia se había prometido. Y, sin embargo, también eso es precisamente parte del encanto de la novela, que no discurre por los caminos dispuestos en la anterior, sino que encuentra su propia senda. No ofrece una épica abierta —hay un conato de batalla y unos cuantos duelos y enfrentamientos a espada, pero poco más—, pero sí mucha más magia que en la previa. Y es que Sherezade debe dejar salir todo el poder que reside en su interior, aprender a controlarlo y hacer que marque la diferencia. Básicamente se puede decir que esta es una novela romántica con buenas dosis de misterio, bastante intriga y algo de acción. Y es que hay, incluso, más romance que en la precedente, pues surgen nuevos polos de atracción a la vez que Ahdieh sabe jugar perfectamente con la tensión preexistente.

La rosa y la daga pone fin al intenso enredo juvenil de misterio oriental, conspiraciones y juegos de política, dolor, venganzas y traiciones, magias luminosas y oscuras, reencuentros, relaciones tormentosas, malentendidos, envidias y pasiones diversas. Es cierto que la autora deja ciertas líneas un tanto desdibujadas, pero también que el relato, emocionalmente, no da descanso, con una prosa tan ágil como rápida, tan elocuente como en ocasiones lírica, y con una narración llena de eventos que se suceden de forma casi vertiginosa, aunque la trama en sí se vaya cocinando a fuego lento. El exótico aroma del desierto, su textura y colores, permean toda la obra, dando vida a un escenario casi minimalista, pero muy adecuado. Además, Ahdieh vuelve a intercalar pequeños cuentos en el relato general, dándole un encanto especial. Literatura juvenil cargada de sentimientos a flor de piel, una historia de historias sobre el amor enfrentado a las más diversas pruebas.

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Reseña de la entrega anterior:
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