jueves, 21 de septiembre de 2017

Reseña: La Utopía Larga

La Utopía Larga.
La Tierra Larga /4.

Terry Pratchett / Stephen Baxter.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Fantascy / Plaza & Janés. Barcelona, 2017. Título original: The Long Utopia. Traducción: Gabriel Dols Gallardo. 429 páginas.

Cuarta entrega de la serie que se iniciara con La Tierra Larga que versa sobre una infinita cadena de Tierras paralelas donde la humanidad nunca se ha desarrollado y de un aparatito, cuya pieza fundamental es una patata, que da la posibilidad a casi todos los humanos de cruzar de una a otra. Unos pocos tienen una cualidad natural y no necesitan de estas cruzadoras para realizar sus traslados, otros no pueden hacerlo en ningún caso. La infinitud de mundos disponibles no se encuentra exenta de problemas, como muy bien han descubierto los protagonistas recurrentes a lo largo de las tres novelas antecedentes —de recomendable lectura antes de enfrentar la de la reseña—. Tramas de complots y terrorismo, desastres naturales, viajes a millones de Tierras alternativas de distancia, seres inteligentes terrestres pero no humanos, Inteligencias Artificiales, el descubrimiento de un Marte Largo, un nuevo paso evolutivo en la raza humana hacia un homo superior..., dan paso ahora a una amenaza de proporciones universales. Cabe avisar , como sabrá quien haya leído los anteriores, que no hay que llegar a estos libros buscando el humor satírico de Pratchett, sino más bien muchos de todos esos temas de calado humano con los que gustaba cargar de profundidad sus obras. De hecho, la Tierra Larga fue un proyecto que tuvo en mente durante muchos años, sobre el que incluso escribió el relato The High Meggas, pero que no llegó a cristalizar en nada más hasta surgir la colaboración con Baxter, dando entonces lugar a una serie de ciencia ficción más cercana al hard de uno que a la fantasía desbocada del otro, llena de sentido de la maravilla, ideas y tecnologías sorprendentes, y cierto dispersamiento temático.

Ha pasado un tiempo desde los eventos narrados anteriormente. La humanidad continúa desperdigándose por toda la Tierra Larga dando lugar a nuevas sociedades y nuevos modelos de subsistencia, o a un retorno a otros anteriores más típicos de la vida en la frontera. Las cosas parecen estar más calmadas, y cada vez más personas se entregan a una suerte de bucolismo de vivir al día, de un retorno a una existencia de cazadores-recolectores seminómadas a través de la tierras paralelas abandonando las estructuras campesinas e industriales. En una de ellas, en la Tierra Oeste 1.217.756, en Nuevo Springfield, un joven colono va a descubrir inadvertidamente algo nunca visto en toda la cadena de tierras alternativas. El azar, o quizá la mano de Sally Linsay, ha hecho que una unidad del disminuido Lobsang, bajo identidad falsa y casado con Agnes, se hubiera instalado allí para criar a su hijo adoptivo Ben, de modo que se va a ver en el centro del dilema que se plantea. Un dilema que implica una serie de eventos planetarios inexplicables que podrían amenazar al conjunto de la Tierra Larga y cuya solución va a requerir la reunión de los principales actores de esa nueva sociedad que está naciendo, desde Joshua Valienté a algunos de los Siguientes. Personajes que han ido apareciendo con anterioridad, que han ido madurando y haciéndose mayores obteniendo una visión más reflexiva sobre lo que significa la existencia de la Tierra Larga y de todos los seres que la habitan, y otros nuevos que se suman al equipo para aportar nuevas interpretaciones y enfoques, como el decisivo Stan, que se va a encontrar equidistante de unos y otros.

Baxter es el rey de las descargas de información —AKA infodumps— y aquí no podía dejar de lado esa faceta. La máxima de «muéstralo, no lo cuentes» no parece estar dentro de sus recursos con lo que el lector se va a encontrar párrafos enteros de información con importancia directa en la trama y con la caracterización de algunos personajes que debe creerse porque lo dice el texto y no porque se deduzca de sus acciones. No obstante, seguramente atemperado por la mano de Pratchett, también tiene la habilidad de hacer amenos y muy visuales estos ejercicios de auténtica divulgación, consiguiendo no sacar al lector de la acción. Y eso incluso a pesar del frío distanciamiento con el que son tratados la mayoría de los personajes, con menos implicación emocional de lo que sugeriría una aventura como en la que se hayan envueltos.

Y es que estas son novelas no tanto sobre unos individuos concretos, sino sobre la humanidad y la condición humana en general, sobre la exploración del escenario, sobre los grandes movimientos sociales, la especulación de un futuro de grandes desarrollos tecnológicos en mundos que están empezando un abandono de la tecnología en pos de nuevas filosofías de vida, el estudio antropológico de los cambios que la situación produce o la plasmación de un posible paso evolutivo de la especie hacia un modelo más racional, con evidentes avances positivos pero que conllevaría también grandes pérdidas respecto al actual ser humano.

Por suerte la exploración de diversas Tierras, aunque algo haya, da paso aquí a una trama más focalizada en el misterio de lo que está sucediendo en Nuevo Springfield, dando mayor consistencia al conjunto al centrarse en tan sólo en un pequeño grupo de tierras y no en expediciones a través de millones de ellas. Pese a un inicio un tanto caótico saltando de un año a otro hasta conseguir establecer el trasfondo de la historia, los elementos se van acumulando de forma cadenciosa, poco a poco, hasta que desbordan en un final cargado de emotividad y maravilla. Hay menos viajes y por fin la historia en sí obtiene mayor importancia que la descripción taxonómica de las divergencias de flora y fauna en los diferentes mundos visitados. Algo a lo que ayuda el que los autores aprovechen para ampliar históricamente la profundidad del escenario.

Así es de destacar el interés de esa parte de la trama que se sumerge en la investigación victoriana por parte de Nelson Azikiwe del árbol genealógico paterno de Joshua Valienté, que sacará a la luz desconocidos secretos familiares y parte de la historia de los cruzadores naturales, con una historia de agencias secretas, conspiraciones y juegos políticos en el siglo XIX que, dado su estilo más dinámico y empático que el resto de la novela, deja con ganas de que los autores, muy posiblemente Pratchett dada la prosa más desenvuelta, ligera y satírica, hubieran profundizado mucho más en ella, dedicándole una mayor atención que la que aquí obtiene, al resultar totalmente periférica dentro de la línea general, aunque luego se revele su importante contribución a las consecuencias que de ella se derivan.

La «utopía» del título se revela algo altamente irónico, un ideal al que aspirar, pero en absoluto algo palpable en la cadena de mundos ni entre sus dispersos habitantes y asentamientos, todavía llenos de conflictos e intereses contrapuestos. Este es un libro de finales y pérdidas, melancólico; de límites infranqueables, de fronteras que nunca se van a poder volver a traspasar, de puertas que se cierran sin haberse llegado a abrir del todo, de maravillas que se apagan convertidas en amenaza. La Tierra y el Marte Largos abrieron a la humanidad una miríada de mundos y posibilidades que aquí, como ya se viera en entregas previas, siguen mostrando que todo tiene un coste, que no todo vale y que los milagros que el cosmos contiene puedes llegar también a ser implacables. Como uno más de los testamentos o despedidas de Pratchett la novela está plagada de referencias a la muerte y al auténtico precio de las cosas, al sacrificio y la entrega, al amor desinteresado y a las consecuencias presentes y futuras de las decisiones tomadas. Un adiós en diferido.

Y aún así La Utopía Larga no cierra una buena parte de los argumentos planteados a lo largo de todas las novelas previas —unos cuantos sí—, así que habrá que esperar a The Long Cosmos para echar el telón en el quinto y último libro de la serie. También por desgracia, junto a La corona del pastor, último libro en que participara el inmenso ingenio de Pratchett.
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