viernes, 8 de septiembre de 2017

Reseña: Japón especulativo

Japón especulativo.
Relatos asombrosos de fantasía y ciencia ficción.

VV.AA. Sel. y Ed. Gene Van Troyer / Grania Davis.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Satori ediciones. Col. Satori ficción # 14. Gijón, 2017. Título original: Speculative Japan: Outstanding Tales of Science Fiction and Fantasy. Traducción: Alexander Páez. 352 páginas.

Nos encontramos ante una antología publicada originalmente en inglés hace unos diez años y que reúne quince heterogéneas obras, catorce relatos y un poema, que de alguna manera vienen a dar cuenta de la pujanza de los periodos de nacimiento y asentamiento de la literatura fantástica —ciencia ficción, fantasía y terror— en Japón. La mayoría de los textos elegidos por los seleccionadores corresponden a las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, con unos pocos más modernos, dando buena cuenta de la labor de la labor de Judith Merril como aglutinadora de un grupo de trabajo de traducción al inglés de los autores nipones claves en el desarrollo del género en el País del Sol Naciente. Precisamente el volumen se abre con un prólogo titulado Judy-san: Judith Merril, 1923-1997, donde se deja constancia de su gran trabajo y esfuerzos, seguido después de un Prefacio a cargo de David Brin, en el que tampoco es que diga mucho, la verdad, y la interesante, esta sí, Introducción: Cambiar de fase, de Gene van Troyer, uno de los antologistas, con un somero acercamiento a la historia de la ciencia ficción y la fantasía japoneses, y al ejercicio de su traducción. Una Literatura fantástica que, con evidentes influencias de la anglosajona que llegaba en aquellos primeros tiempos post II Guerra Mundial, muestra una también evidente idiosincrasia propia, con temas y desarrollos plenamente marcados por la cultura oriental, por una filosofía de la vida que contrasta frontalmente con los estándares occidentales de la época. Como aviso cabe decir que la maravillosa y espectacular imagen de portada tiene poco que ver con ninguno de los relatos que contiene el volumen, relatos que se podría afirmar se encuentran muy alejados de los robots gigantes y monstruos descomunales —Mazinger Z o Godzilla que el imaginario occidental asocia con la ciencia ficción japonesa, pero ni falta que hace ante su esplendorosa belleza, ¿no?

El primer de los relatos, si como tal puede ser considerado, es «Razón colectiva»: Una propuesta, de Shibano Takumi, un magnífico ejemplo de ensayo ficción, con una artículo que viene a intentar ofrecer una definición del género de la ciencia ficción desde una perspectiva de la mente colectiva, alejada de percepciones individuales. Una propuesta algo árida para abrir fuego, pero enormemente didáctica sobre la visión del género en Japón.

Le sigue el muy desasosegante Fauces salvajes, de Komatsu Sakyō. Una historia no apta estómagos débiles —y esto casi se podría considerar un juego de palabras con el contenido del relato—. Gore y posthumanismo se conjugan para ofrecer una perturbadora lectura. Un hombre que sigue la senda de la autodestrucción mientras sustituye miembros de su cuerpo por otros artificiales, cuestionando el límite de eso que se ha dado en llamar ser humano.

Una apuesta muy diferente es la de La hora de la revolución, de Hirai Kazumasa donde en un futuro lejano un grupo de artistas huyen mediante un peculiar método de su mundo terminal dominado por las máquinas. Su destino, las mentes de individuos del pasado a los que parasitarán en un intento de que no se consumen los eventos que llevaron a su presente. Un curioso alegato, bastante tecnófobo, del arte como único medio de enfrentarse al horror y sobre nuestro presente como detonante de todo lo que pueda suceder en el mundo futuro.

En Hikari, de Kōno Tensei, viajando en un tren nocturno el narrador se enfrentará a la hsitoria de uno de sus compañeros ante el luminiscente resplandor de una ciudad, «una de sus ciudades», en el horizonte. Se ha producido una «invasión» silenciosa que todavía sigue su curso, dividiendo a la humanidad. Hay que elegir bando y no va a ser precisamente fácil, entre los argumentos de aquellos que tan sólo buscan la limpieza de la urbe y los que desean permanecer fieles a su carnal humanidad. Muy sugerente en cuanto implica la asimilación de ideas como una forma de evolución, de una tendencia a la mente colmena en la que asimilarse, fundirse y perderse, aunque el final quede un tanto indefinido, sin respuestas reales a las que aferrarse.

En Me desharé de tu pesar, de Mayumura Taku, el protagonista compra en una vieja tienda destartalada un objeto que promete liberarle de sus problemas, de sus situaciones de ansia, enfado o vergüenza extrema. Pero las instrucciones son claras, como los deseos de los genios de los cuentos tradicionales, el objeto sólo se puede usar tres veces, bajo la amenaza de sufrir una desgracia si es utilizado una cuarta vez. Pero, ¿podría alguien resistirse a la tentación de volver a usarlo una vez más? ¿Y cuáles serían las consecuencias? La resolución es tan irónica como ejemplarizante.

A continuación El sendero hacia el mar, de Ishikawa Takashi, es uno de los más evocativos, hermosos y desgarradores relatos del volumen, donde un joven camina sin descanso en busca del mar, del que ha oído hablar maravillas, pero nunca ha llegado a contemplar. No importa que todo el mundo dude de la resolución positiva de su empeño, él en su anhelo no puede cejar. Preciosa reflexión sobre el coste de perseguir los sueños.

Muy curioso resulta la lectura de ¿Adónde vuelan ahora los pájaros?, de Yamano Kōichi, donde el narrador plantea un sorprendente descubrimiento: Los pájaros poseen la forma de viajar entre las dimensiones, y algunos incluso pueden arrastrar a ciertos individuos con ellos. Pero también acechan peligros. El autor presenta la historia —las historias más bien— a través de una estructura de 12 segmentos que pueden ser leídos en el orden que desee el lector, dando lugar a sutiles variaciones y perspectivas. Impresionante por su ejecución y no tanto por un contenido que finalmente se revela mucho más «sencillo» que su continente.

En Otro Prince of Wales Toyota Aritsune plantea un divertido y paródico, aunque a la vez cargado de reflexión, relato sobre un futuro en que las guerras entre los países se han convertido en mero espectáculo de masas, reglados con férreas reglamentaciones y con su propio organismo de control, la Comisión de Guerra de las Naciones Unidas, que designa árbitros para asegurar el correcto desarrollo de los enfrentamientos.El público demanda estar informado minuto a minuto, y exige que, de no haber una ya en teniendo lugar, estalle una guerra en algún lugar del planeta para mantenerse entretenidos. Hoy en día vendrían a ser reality shows llevados al extremo, lo que quizá hace incluso más interesante su lectura, tan irónica entonces y tan aterradoramente posible hoy.

Hermoso e intimista, y también un tanto tecnófobo, es La vida de las flores es corta, de Fukushima Masami, en el que una diseñadora de flores holográficas se cuestiona su vida hasta entonces, las decisiones tomadas en nombre de una supuesta libertad que ahora no le parece tan gratificante. El reencuentro con un viejo amor agitará su cómoda vida. El vacío existencial de la protagonista invita a mirar alrededor y disfrutar de las maravillas de la realidad.

Chica, de Ōhara Mariko, presenta un encuentro quizá no tan fortuito fortuito en una decadente ciudad del futuro al borde del colapso, un juego de ambigüedad en torno a los roles de género, una obsesión, un futuro oscuro en el que los límites se diluyen y los anhelos se llenan de agónica intensidad, donde la confusión vital y de identidad es el pan de cada día —produciendo a su vez la confusión del lector, que no sabe muy bien por dónde van realmente los tiros— y donde el amor es un escenario. Raro, raro.

Otro de los grandes relatos del volumen es Mujer de pie, de Tsutsui Yakusata. Estremecedor y triste, llamado a remover conciencias, versa sobre una sociedad distópica en la que los disidentes que osan expresar sus opiniones contrarias al estado de las cosas son castigados a ser plantados en diferentes puntos de la urbe hasta convertirse paulatinamente en plantas. El sentimiento de culpa del superviviente, la cobardía del que no se atreve a enfrentarse al status quo a pesar de todo lo que ha perdido, la fuerza que las tiranías obtienen del silencio de sus propios ciudadanos, la belleza del arte a pesar de sus raíces… Unos de los mejores y más recomendables relatos del volumen.

Es realmente una genialidad todo lo que consigue el autor, Hanmura Ryō, con el simple seguimiento desde su fábrica de una Caja de cartón destinada a contener fruta, pero que anhela a ser rellenada con mucho más. Consigue que el lector empatice con una caja y que sienta sus anhelos como propios. Humorístico y lleno de anhelo, deja un regusto agridulce realmente satisfactorio.

Como satisfactorio, poético, y también muy incómodo, resulta La leyenda de la nave espacial de papel, de Yano Tetsu, un relato doloroso, cuyo enfoque de las costumbres y usos de los pueblos rurales en Japón contrasta fuertemente con la mentalidad occidental, donde todos los aldeanos ven justificado y de lo más normal que una mujer de apariencia retrasada, la tonta del pueblo, una «chiflada que va desnuda en verano», sea usada sexualmente por todo aquel que le apetezca, incluso como iniciación de los adolescentes, hasta el momento en que queda embarazada de cualquiera de ellos y da a luz a un niño realmente especial, capaz de desnudar la auténtica alma de las personas que le rodean. El relato, a pesar de estar quizá demasiado alargado, es hermoso, pero no puede ocultar el horror cotidiano de la situación, la aparente normalidad con la que todo el pueblo parece aceptar el abuso de la mujer, lo que de alguna manera oculta el mensaje real que el autor quería imbuir a la historia.

En La Caja Universo de Reiko, de Kaijo Shinji, unos recién casados reciben como regalo de boda una cajita que contiene un auténtico universo en lenta expansión. Al tiempo que la esposa empieza a descubrir lo vacío de su matrimonio, de lo desequilibrado de su relación, va obsesionándose más y más con la cajita, aislándose de la vida, en su propio universo interior.

Mogera Wogura, de Kawakami Hiromi, es una historia weird muy intrigante sobre una especie de topo antropomorfizado que trabaja de oficinista entre los humanos y que en sus ratos libres se dedica a cosechar a aquellos que han perdido sus razones para seguir viviendo y que se abandonan a un vacío existencial. Con aroma de cuento infantil ofrece una seria reflexión sobre los males del mundo moderno, de la soledad, la incomunicación, los miedos atávicos...

La parte de ficción del volumen se cierra con Adrenalina, un extraño, abstracto y libre poema de Yoshimasu Gōzō, repleto de imágenes poderosas, con el que no he conseguido conectar, pero que viene a dar cuenta de la amplitud de miras con la que se contempla la ciencia ficción en Japón.

Pero antes de abandonar la antología todavía caben un par de textos de cualidad ensayística sobre temas de traducción que complementan la excelencia de la propuesta: De vertical a horizontal, de Asakura Hisashi, y el Epílogo. El traductor como héroe, de antologista Grania Davis. Y el cierre definitivo lo realiza la sección de Biografías de todos los autores implicados en el volumen, autores y editores.

Japón especulativo reúne una atractiva colección de relatos que, como en cualquier antología, presentan un interés y calidad diversos, pero con el acierto de poseer todos ellos la cualidad de no estar atados a una época y que, por tanto, han envejecido realmente bien, permaneciendo muy actuales. Relatos que beben de la identidad e historia japonesas, de sus leyendas, costumbres y tradiciones para transformarlos en inquietantes, fascinantes, intrigantes o dolorosas visiones fantásticas.. Como se constata de la lectura de esta reseña el volumen recoge gran variedad de temas y enfoques: ciencia ficción, distopías, terror, romance, gore, post apocalipsis, fantasía clásica, humor, viajes temporales... Sorprende, eso sí, el intimismo de muchas, la mayoría, de las propuestas, más centradas en el examen emocional, el conflicto interno y la introspección personal de cada individuo dentro de la sociedad que de la acción desmesurada o el enfrentamiento a gran escala.

La edición de Satori, con una adecuada traducción de Alexander Pérez, quien sale victorioso de la doble dificultad de mantener el tono y la voz de cada autor traduciendo del inglés unas obras previamente trasladadas a este idioma desde el japonés original —el porqué se entiende en los ensayos que acompañan estos textos y que tratan precisamente sobre los esfuerzos y problemáticas de la traslación del japonés al inglés—, es realmente magnífica, desde su portada a un muy agradable y cómodo de leer interior. Una gran oportunidad para acercarse a los primeros tiempos de la literatura fantástica japonesa. Ojalá goce del éxito necesario para que la editorial se anime a seguir traduciendo el resto de volúmenes.
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