jueves, 11 de enero de 2018

El destino de la Corona

El destino de la Corona.
El Juego de la Corona 2.

Evelyn Skye.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nocturna ediciones. Col. Literatura mágica # 47. Título original: The Crown's Fate. Traducción: Marta Torres Llopis. 459 páginas.

El Juego de la Corona ha llegado a su fin y ahora es el momento de lidiar con las consecuencias derivadas de su resultado. Y quien no haya leído la anterior entrega advertido queda que lo que viene a continuación es muy posible que destripe algunos detalles de ese final que mejor sería no conocer de antemano. La novela retoma la acción tan sólo una semana después del cierre de la previa. Se trata de una novela, dentro de sus intenciones, mucho más oscura que la que la precede, llena de sombras, traiciones, intentos de asesinato, complots y muertes. El destino de la Corona, de toda la Rusia imperial en realidad, pende de un delgado hilo, en medio de una sociedad que reclama cambios en el gobierno. La revolución hierve soterrada en los cuarteles y la inestable posición del zarévich no ayuda a calmar la situación. Así, la autora ofrece una fantasía juvenil, con sus debidas dosis de romance, un barniz pseudo histórico y mucha magia, algo más alejada del oropel y los brillos que la anterior entrega, pero con bastante más acción a cambio.

Al término de la anterior entrega Vika observó o creyó observar una sombra de Nikolái en el Banco de Sueños de la isla de Letni que lleva a la estepa kazaja. Pero, ¿fue real aquella visión? ¿Permanece vivo algo del joven  o es tan sólo su deseo de que viva lo que le hace mantener esa esperanza? Vika apenas tiene tiempo para contestar esas preguntas, embarcada en su misión como Maga Imperial, obligada a cumplir todos los requerimientos de Pasha y su estricta hermana Yuliana aún a pesar de todo el resentimiento con el que carga tras el abrupto final del Juego y la muerte del joven al que amaba. Se ve dividida en sus lealtades y suspira por poder recuperar algo de cómo eran antes las cosas. Pero va a ser Aizhana, la espeluznante madre de Nikolái, quien haga el primer movimiento, poniendo en marcha acontecimientos que no pueden terminar más que en un baño de sangre. La perversa y amargada Aizhana que obtiene aquí todo el protagonismo que no había tenido en la anterior y se revela como un auténtico ente maligno a la que, no obstante, es imposible no comprender, pues todo lo hace movida por el amor a su hijo —más allá, además, de cumplir por el camino la venganza soñada—.

Vika. © Charlie Bowater
La historia da un giro total respecto a la anterior, cambiando en enfoque y en atmósfera. Si bien el escenario de esa Rusia zarista paralela, mágica y legendaria, permanece, las apuestas, aunque ya no dependan en absoluto del resultado de un juego, han subido mucho. Ya no se trata del destino de dos personas embarcadas en una competición mágica que a su vez era todo un cortejo, sino el de toda una nación en el fiel de la balanza, entre unos súbditos que reclaman reformas y un aspirante al zarato que debe consolidar su posición antes de poder considerar cualquier cambio en las políticas precedentes. Y los rumores de infidelidad de su madre, cuestionando su legitimidad al trono, y la aparición de otro pretendiente no son ninguna ayuda en absoluto. Atrapada en medio, Vika es una joven rota por dentro, llena de poder que ve coartado su uso, mientras una siniestra amenaza se abate sobre todo lo que conoce. La trama está llena de oscuridad, de ira, de deseos de revancha, de sentimientos de traición, de reproches y de anhelos imposibles que llenan de frustración, de jóvenes corazones —no hay que olvidar, por muy como adultos que intenten actuar, la edad de los protagonistas y el público objetivo al que va destinado el libro— que se dejan llevar por la pasión más que por el cerebro, de manipulación —tanto intencionada como involuntaria—, de dolor y, al final, de muerte… Donde la anterior era brillante, esta es sombría, buceando en las consecuencias del uso de un poder corrupto y de la pérdida de confianza en los más cercanos.

La tensión se mantiene ante demasiados pecados que no pueden ser perdonados y en unas relaciones puestas a prueba. Vika aprecia a Pasha, quien pena por su amor, pero no puede olvidar que ordenó terminar el Juego precipitando los acontecimientos, con todo lo que eso acarreó. Su alma está dividida y llena de dudas, pero al final deberá decidir de quién es realmente su corazón. Skye planeta mucho juego de errores, de equívocos que los implicados podrían haber resuelto con calma y diálogo, pero que sus circunstancias y silencios, los secretos que el rencor les lleva a guardarse unos a otros, llegan a magnificar hasta niveles en los que ya no hay vuelta atrás. Sus personalidades cambian, en algún momento incluso de manera forzada, pero es que es inevitable que cambien ante lo que están viviendo. La única que se mantiene como una roca es Yuliana y eso porque parece hecha de acero y su única debilidad es su amor a su hermano y al imperio.

Pasha. © Charlie Bowater
Con una prosa de lo más agradable, adecuada y expresiva, la autora peca en ocasiones de «contar» en exceso en vez de mostrarlo, pasando por ciertos pasajes significativos con relativa premura, sin profundizar en una explicaciones que quizá hubieran sido más bien necesarias, mientras redunda en otros sucesos y pensamientos de forma excesiva, sobre todo en torno a las relaciones y tiranteces de los protagonistas que, lejos de aportar intensidad llegan a distraer en algunas ocasiones. Y, sin embargo, la acción se desarrolla tan sin descanso que apenas queda tiempo para cuestionar lo que Skye está narrando, sino que hay que dejarse llevar, sumergiéndose en una lectura con recovecos insospechados. Se trata de una historia sobre el destino de toda una nación, marcado por el juego político, las conspiraciones y las aspiraciones de mejora social del pueblo; sobre el amor y la familia —aunque se eche en falta saber algo más de los padres de Vika, cuando por un momento parece que iba a tener relevancia—; sobre la magia ancestral —también se queda uno con ganas de que la autora hubiera desarrollado más el tema de las leyendas y seres mágicos rusos que despiertan ante el incremento de la fuerza de Bolshebnoie Duplo—; sobre prejuicios y opiniones maleables, como las del pueblo que se deja seducir por los encantos de la magia para luego condenar su uso llamando a la quema de brujas.

A pesar de que cierre y desenlace final se sienten demasiado precipitados, atando temas candentes y difíciles, de los que atañen al corazón, al perdón y la muerte, de forma un tanto abrupta, El destino de la Corona es una novela que cumple con su papel de entretenimiento y oscura diversión. El clímax se ve un tanto forzado y un tanto duro de tragar, tras todos los sucesos y reproches que han llevado hasta allí; pero en definitiva no es tan difícil de aceptar. La novela se lee con rapidez, con una trama con los necesarios requiebros, conflictos tanto físicos como mentales, combates individuales y colectivos, y donde el interés reside en ver quién gobernará en el futuro los destinos de la Rusia imperial, de quién tendrá el amor de quién, y de cómo la magia, mucho más oscura en esta entrega que en la anterior, puede decantar la balanza en uno u otro sentido.
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