martes, 2 de enero de 2018

Reseña: Los CaraLibros

Los CaraLibros.

David Jasso y Roberto Malo.
Miguel Monreal (ilustraciones).

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Apache libros. Madrid, 2017. 55 páginas.

La singular pareja creativa formada por David Jasso y Roberto Malo se reúnen de nuevo para ofrecer a sus lectores su segunda incursión en el mundo de la literatura infantil-juvenil tras Amigos imaginarios —me chivan por el pinganillo que ambas obras fueron escritas de manera casi simultánea y que sólo los avatares editoriales han sido los causantes de que finalmente se hayan publicado en este orden—. Una nueva incursión que, como de la anterior, disfrutarán por igual niños, adolescentes y adultos, siendo estos últimos, me temo, quienes mejor pillen todas las «sutiles» referencias escondidas primorosamente en el texto. Texto que en esta ocasión viene certeramente acompañado de las expresivas ilustraciones de Miguel Monreal —algunas de las cuales acompañan esta reseña—. ¿Quién habita en las redes sociales? ¿Qué peligros nos acechan? La unión de dos mentes y cuatro manos prodigiosas —y algo desquiciadas— como las de Jasso y Malo se dedican a desvelar la respuesta a estas y otras preguntas candentes con mucho humor y aventura detectivesca dentro de los entresijos del mundo informático. Cualquier parecido con el mundo real es puramente intencionada.

CaraCorazón y CaraCulo están muy preocupados. CaraLuna ha desaparecido sin dejar ninguna pista ni rastro de su destino, y ellos no saben qué hacer para encontrarla. Temen que algo malo haya sucedido, así que ni cortos ni perezosos echarán mano de la ayuda de sus amigos, viajando a los más recónditos lugares de la red, incluso hasta el Código Fuente, para desvelar este misterio. En su aventura les acompañarán amigos como CaraBogart, el gran detective de la gabardina, o CaraGata, siempre dispuesta a aparecer en las fotos. Apoyándose en su amistad, juntos irán dónde nunca hubieran sospechado ni se hubieran atrevido a ir por separado.

Y así visitarán el lado oscuro de la red, los lugares más peligrosos. Lidiarán con las autoridades del lugar intentando seguir los pasos de la desaparecida, hablando con el Historial o intentando descubrir la clave de CaraLuna con Seguridad y Privacidad para poder acceder a sus archivos y comprobar cuáles fueron sus últimos pasos antes de desaparecer. En su búsqueda se toparán con tipos malos como CaraTroll o intimidantes como Error404 y descubrirán entresijos sorprendentes dentro de su fabuloso mundo. La aventura detectivesca incluso llega a convertirse en interactiva cuando interpelan al lector, uno de los aterradores y monstruosos humanos, para que colabore con su ayuda para poder continuar la acción accediendo a niveles que ellos por sí solos tienen vetados.

Los CaraLibros es una historia en la que, como sucedía también en Amigos imaginarios —un cuento para adultos con apariencia infantil—, es muy posible que los lectores «curtidos» sean los más receptivos a ciertas referencias como el temible e impresentable PantallazoAzul —les he preguntado a mis hijos y me han confesado desconocer a qué se refería, aunque luego ya han caído en ello— o la aparición del Código ASCII reminiscencia de tiempos «primigenios». Detalles, no obstante, con los que consiguen convertir el libro en una magnífica lectura para leer en compañía, compartiendo aquellos referentes de los más «mayores» con los más pequeños. Además, la prosa está repleta de chistes de mayor o menor bondad, desde los infumables hasta los más terribles —¿El de cada dos por tres? ¿De verdad...?— que hacen que el libro se devore con una sonrisa cómplice en los labios.
Jasso y Malo diseccionan de forma más simpática, metódica y muy lúcida todos los lugares comunes y tópicos de la informática y las redes sociales, todos los problemas grandes y pequeños que tienen que enfrentar los usuarios en esta era de la sociedad de la información, desde el spam y la publicidad no solicitada hasta la convivencia en los grupos —en este caso literarios, pero es extrapolable a cualquier otro—. Y se permiten cerrar el libro con una lección magistral de la forma en que cualquiera debiera regirse en las redes y en la vida misma. No es poca cosa en absoluto.
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