martes, 27 de enero de 2009

Reseña: El Rey Rata

El Rey Rata.

China Miéville.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 113. Madrid, 2008. Título original: King Rat. Traducción: María Xoubanova Vázquez. 318 páginas.

Primer libro publicado originalmente en la carrera literaria de China Miéville, nos llega traducido en español tras la publicación en nuestro país de la serie de Nueva Crobuzón. Es, por tanto, inevitable la comparación con la monumental, compleja y mucho más ambiciosa La estación de la Calle Perdido, y, lamentablemente, El Rey Rata sale perdiendo por mucho en la comparación, pues siendo una obra novel se encuentra bastantes peldaños de calidad por debajo de aquella.

De hecho, hay momentos en que (leído a posteriori, desde luego) El Rey Rata parece antojarse una especie de ensayo para lo que habría de venir después, sobre todo en la imagen algo claustrofóbica de ese Londres oculto y subterráneo en el que se mueven a su antojo los protagonistas y que anticipa de alguna manera la construcción de Nueva Crobuzón.

La trama es relativamente simple. Saúl Garamond vuelve a casa y tras una noche de sueños inquietos, descubre que alguien ha asesinado a su padre y le ha colgado a él el muerto. Encerrado en una celda de la comisaría a la que le han llevado, recibirá una visita inesperada y no permitida que le abrirá los ojos a su verdadera herencia. Y a partir de ahí su vida dará un auténtico vuelco, introduciéndose en un mundo insospechado, donde el Rey Rata y otros personajes míticos y muy peculiares extienden sus redes de poder; un mundo subterráneo, aunque también aéreo, oculto al común de los londinenses que no se percatan de su existencia, que parecen apartar los ojos cuando se cruzan con alguna de sus manifestaciones; un mundo que crece en las sombras y en los rincones, y donde se está desarrollando un cruel enfrentamiento, que dura ya muchos años y que involucrará a Saúl en toda su cruenta crudeza.

Es esta una novela emparentada de alguna forma con el universo literario de Neil Gaiman, con ese Londres oculto que se superpone al Londres real, con esas cloacas y catacumbas por las que se arrastran los protagonistas, con esos dioses arquetípicos (incluido un sorprendente Anansi) que caminan en secreto entre los humanos, con esas referencias a ciertos cuentos clásicos transformados en su versión más oscura y cruel para la ocasión, con esos personajes que deben sumergirse en medio de todo ello sin saber muy bien qué es lo que les espera y descubriendo un mundo sobrenatural que convive con el nuestro y de alguna manera influye en los destinos de quienes inadvertidamente entran en la esfera de su influencia…

Con unos buenos mimbres se nota a ratos en exceso que se trata de una primera novela, con algunos momentos muertos o algo tediosos (el exceso de explicaciones sobre el jungle y el drum’n’bass llegan a cansar al tiempo que no aportan nada una vez sentadas las bases de lo que vana a influir en la trama. No dudo que al autor le apasione ese estilo de música, pero su traslado al papel es, cuando menos, algo torpe, sin trasmitir esa supuesta pasión) y con situaciones un tanto mal resueltas, excesivamente apresuradas, y con unos personajes muy desaprovechados (caso paradigmático es el del inspector Crowley) que parecían destinados a tener gran importancia y cuya participación en la trama termina diluyéndose sin mucha explicación. El Rey Rata apunta por momentos, sobre todo en la imaginería de los decorados, en las descripciones de esa ciudad sumergida en la ciudad real, muchas de las buenas maneras que luego se confirmarían en La estación de la Calle Perdido, pero no deja de resultar algo fallida.

Destaca Miéville en la creación de ambientes, en hacer reales las sensaciones de esa existencia paralela, evidentemente fantástica, pero que salta a la mente del lector con una fuerza palpable, sobre todo en el proceso de transformación y adaptación por el que debe pasar Saúl hasta aceptar su nueva existencia. El regodeo, el efectismo de las descripciones con el que Miéville retrata su descenso al mundo de las ratas, cuando le hace revolcarse en la más abyecta porquería, comiendo los restos podridos y llenos de gusanos de las basuras o nadando entre las heces de las alcantarillas, se trasmite de forma magistral al lector, convirtiéndose en no apta, desde luego, para estómagos débiles. Es desde luego, en toda esa imaginería, en el despliegue efectivo de las descripciones de un mundo fascinante, en el fiel reflejo de los sentimientos que se van sucediendo, en la recreación de lo que se oculta tras cada esquina o cada recodo o cada ventana, más que en la trama en sí, donde El Rey Rata se desvela como una lectura realmente interesante, pues lo que es la historia en sí se ve venir desde muy pronto sin que existan apenas sorpresas o revelaciones inesperadas.

Novela entretenida, es en el uso de las palabras, de las sensaciones que provoca en el espectador donde se encuentra su fuerza. Para el que no haya recorrido las calles de Nueva Crobuzón puede ser esta una buena introducción a lo que Miéville ofrece después; siendo, no obstante, poco más que un agradable tentempié para los que ya habían disfrutado de los anteriores libros del autor publicados en español, a la espera de la edición en nuestro idioma del ya anunciado Un Lun Dun, que, aunque de temática aparentemente más juvenil, viene avalado por muy buenas críticas. Seguiremos a la espera.

jueves, 15 de enero de 2009

Reseña: ¿Listo o afortunado?

¿Listo o afortunado?
Secretos para una vida emprendedora.

Bo Peabody.

Reseña de: Amandil.

Hegemón Ediciones, Zaragoza 2008. Título original: Lucky or Smart?. Traducción: Unai Herrán Subiñas. 93 páginas.


Los libros de ayuda empresarial tradicionales, esos que vienen llenos de consejos "prácticos" para que los ejecutivos agresivos y los inversores engominados consigan ganar mucho dinero, suelen adolecer de una pretensión absurdamente científica: si sigues las instrucciones del manual "casi seguro" que te forras. Lo mismo da que seas el propietario de una ferretería que el de una compañía aeroespacial. Da igual si eres un ejecutivo o un auxiliar administrativo. No importa si eres despierto o más bien vago. Esos libros te venden la idea de que enriquecerse y construir una empresa es cuestión se seguir sus consejos. Así que es extraño que el mundo no esté absolutamente copado por ricos y más ricos. A fin de cuentas la única condición es saber leer y seguir el manual.

Y claro, aquello no funciona.

En cambio Bo Peabody (que presenta como referencias en el libro sus éxitos empresariales en compañías como Tripod) no te quiere contar qué tienes que hacer para forrarte. Tampoco te quiere llenar la cabeza de consejos que te permitan triunfar en la bolsa, las altas finanzas o las inversiones de riesgo extremo. No señala los mercados emergentes, los productos innovadores ni el modo de subirte al tren de los pelotazos empresariales.

Su filosofía es otra y su mensaje va por otro lado.

El autor se ciñe a una idea fuerza extremadamente sencilla de enunciar e, igualmente, extremadamente compleja de se cumplir: ser lo suficientemente listo como para saber cuando se está teniendo suerte.

Así que si esperas que este librito te diga los pasos concretos y definidos que hay que dar para que tenga éxito tu proyectada frutería o tienda de informática o empresa de fabricación de armamento pesado, deja el libro y cómprate un manual de finanzas o similar. Porque este libro va de otra cosa. Cuenta otra cosa. Señala otras cosas y, en definitiva, te aporta otra cosa.

El autor, amparándose en su experiencia personal a través de siete empresas de éxito creadas por él, pero ciñéndose principalmente a todo lo que le supuso Tripod, explica lo que para él ha significado la clave de su acierto empresarial. Su filosofía. Su espíritu. Y ofrece su experiencia, en un mensaje sencillo, positivo y muy ameno, para que cualquier otro "emprendedor" que lo lea se percate de que, además de los planes de negocio puros y duros, hay otros aspectos a tener en cuenta que son mucho más importantes de cara a sobrevivir.

Es mejor leer el libro, y no es tampoco la función de esta reseña resumir su contenido, pero sí que es lícito citar uno de sus "consejos" principales: crea el ambiente correcto para atraer a la gente correcta. Y no se refiere a que pongas ficus y sillones mullidos por las habitaciones como si de una partida de Sims se tratase. Sino de que crees un proyecto innovador, aceptable moralmente y filosóficamente positivo.

¿Y ya? No, claro. Hay más cosas que, desde la perspectiva de Peabody, son necesarias para salir adelante con un mínimo de posibilidades, incluyendo el asumir que los fracasos son, en realidad, fuentes de experiencia que permiten afrontar la siguiente empresa con más conocimientos.

El mensaje, sin embargo, adolece de un problema derivado de las diferencias sustanciales que existen entre los usos y costumbres económicos de EE.UU. (lugar originario del autor y escenario de sus actividades empresariales) y los españoles (o europeos). Además, como se señala en el prólogo escrito por el economista español Enrique Dans, la mentalidad es también marcadamente diferente en muchos otros aspectos que van más allá de lo meramente económico y eso, por desgracia, no tiene plasmación en el fondo de la obra. Esta omisión no es culpa del autor ni del editor, es sencillamente la realidad a la que también tiene que hacer frente la persona con ánimo emprendedor.

En definitiva, Hegemón nos ofrece un libro ameno, curioso y lleno de ideas positivas que se pueden llevar a cabo, si bien es cierto que no da las claves en el juego de los negocios, al menos sí que aporta una base distinta sobre la que plantearte negocios, ideas y proyectos.


miércoles, 14 de enero de 2009

Reseña: Tamsin

Tamsin.

Peter S. Beagle.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nabla Ediciones. Col. Fantastika. Barcelona, 2008. Título original: Tamsin. Traducción: Daniel Aldea Rossell. 351 páginas.

Peter S. Beagle es conocido en nuestro país más que nada por su magnífica novela El último unicornio (además, recientemente reeditada), ya que es un autor poco prolífico en origen y apenas publicado en español. Tamsin viene avalada por su nominación al premio World Fantasy y por recibir el Mythopoeic Fantasy for Adult Literature, ambos en 1999, nominación y premio que me parece que ciertamente merece.

Tamsin es, sobre todo, una historia de fantasmas y experiencias sobrenaturales; pero también es una historia de amor, y una historia de adolescencia y crecimiento y de amistad, y de misterio y un poquito de terror y algo de Historia… Utilizando el recurso de la primera persona, Beagle ofrece al lector la historia de Jennifer Gluckstein, quien, como odia su nombre, prefiere que la llamen Jenny. Desde su actual vida como estudiante universitaria, Jenny empezará a plasmar por escrito los extraordinarios sucesos a los que asistió cuando era tan solo una adolescente de trece años atrapada en un cuerpo que no le gustaba, con todos los problemas que eso conlleva a esa edad. Así, todo comenzará como un relato de desarraigo; Jenny, una newyorkina de pro, ve como su madre, divorciada, planea casarse de nuevo y, por si eso fuera poco, trasladar la familia a Inglaterra. La joven se rebelará contra ese futuro y tratará de poner las cosas muy difíciles a todos aquellos que la rodean, aunque es perfectamente consciente de que está actuando por pura cabezonería. Y las cosas se le pondrán todavía mucho más cuesta arriba cuando descubra que tiene que separarse durante un buen tiempo de su querido Señor Gato (quien posteriormente adquirirá un importante protagonismo como pieza clave en una serie de descubrimientos de consecuencias insospechadas).

Pero todo irá cambiando poco a poco tras conocer a Tamsin, una joven poseedora de una misteriosa y trágica historia, y con quien Jenny iniciará una extraña relación de amistad. Una relación que le abrirá las puertas de un mundo oculto e inimaginado hasta el momento para ella. Un mundo que bebe directamente de las leyendas y el folklore ingleses, oscuro, lleno de peligros y de seres fascinantes y sobrenaturales; y una historia que se remonta en el tiempo hasta los sangrientos hechos de la Rebelión de Monmouth y la brutal represión llevada a cabo por el Juez Jeffreys en el condado de Dorset. Jenny se verá de este modo envuelta en una trama de misterio, de secretos olvidados por el tiempo, y tendrá que ir rastreando antiguas pistas y viejos relatos, y conociendo a los más variopintos personajes, para recomponer una historia de amor y horror unidos que trasciende las épocas y que llegará a poner en peligro su vida.

Utiliza el autor un estilo agradablemente poético en muchas ocasiones, que rezuma cariño por la historia que está narrando y por los personajes que tiene entre manos, desde los padres de Jenny a sus nuevos hermanastros, quienes adquieren una debida profundidad acorde con lo requerido por las circunstancias, como apoyo y ayuda, muchas veces indeseada, para la joven adolescente. La primera persona le permite a Beagle establecer una especie de diálogo entre la Jenny ya crecida y el resto de los protagonistas (por si alguno llegara a leer lo que está escribiendo) y con el propio lector, que en ocasiones se siente directamente interpelado e incluido en un juego de confidencias y secretos. Desde su existencia universitaria, tratando de plasmar los recuerdos de aquella chica que tiene que reconocer que ya no es ella misma, Jenny se permite abundantes llamadas de atención para remarcar los puntos de inflexión o de mayor importancia del relato. De alguna manera, convierte al lector en confidente y en partícipe de sus vivencias adolescentes.

Crea por momentos un sentimiento casi de nostalgia, de tristeza, cuando habla la protagonista de una chica en la que ya apenas se reconoce, aunque no pueda negar sus comportamientos muchas veces vergonzosos. Habla con ternura subyacente y de manera fiel de los cambios que se están produciendo en la vida de una chica de trece años obligada a afrontar uno de los periodos más confusos de la vida como es la entrada en la adolescencia con la inestabilidad añadida que suponen una nueva familia y un traslado a un país diferente y desconocido. Y hay momentos, en efecto, que Jenny confiesa los comportamientos algo irracionales de su yo más joven, pero ¿qué adolescente no los tiene? Es una chica que todavía no conoce su lugar en el mundo, indecisa, que odia su cuerpo, que se encuentra fea e insegura sobre su físico y su rostro, y que, por si eso fuera poco, de repente deberá enfrentarse con enorme valentía a grandes cambios en su vida, descubrirá que hay algo más allá del velo de nuestra realidad visible y tendrá que pasar por una auténtica ordalía para encontrarse a si misma.

Así, finalmente no se sabe si es Jenny quien ayuda a Tamsin a desvelar su misterio o Tamsin quien ayuda a la joven a transitar por los difíciles caminos de la adolescencia. Todo ello envuelto en una narración por momentos brillante, con una historia preciosa, lírica, aunque profundamente apegada a la tierra, con unas pequeñas dosis de terror, con la aparición de abundantes seres sobrenaturales (algunos terroríficos, unos pocos cómicos, todos fascinantes) sacados directamente del folklore británico y con la inevitable mansión encantada. Que el posible lector no se deje engañar por esa portada tan poco llamativa con la que ha sido castigada la novela; es lo que se narra en su interior lo que importa, y su lectura merece la pena.


lunes, 12 de enero de 2009

Reseña: Los hombres que no amaban a las mujeres

Los hombres que no amaban a las mujeres. Millennium I.

Stieg Larsson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Destino. Col. Áncora y Delfín vol. 1124. Barcelona, 2008. Título original: Män som hatar kvinnor. Millennium I. Traducción: Martin Lexell y Juan José Ortega Román. 665 páginas.

Convertida en un éxito de ventas gracias al boca a boca y a la historia trágica de su autor, quien murió antes de ver publicada ninguna de las tres entregas de las que se compone esta serie de Millennium, cabe preguntarse: ¿Es Los hombres que no amaban a las mujeres la novela destinada a renovar y dar un giro radical al género negro, como ya se ha podido leer por ahí? Mi respuesta es que no. Pero, ¿se trata de un libro magnífico? Rotundamente sí.

Estilísticamente, Los hombres que no amaban a las mujeres, no es que sea gran cosa; su prosa es directa como un disparo entre ceja y ceja, sin apenas recursos literarias, con un lenguaje básico e incluso plano, sin bellas metáforas, sin grandes imágenes, con una narración totalmente pegada a la historia, casi desnuda, sin distracciones. Pero es ese un estilo que se adapta perfectamente a lo que se está narrando, dando importancia a la trama muy por encima de la prosa. Y la trama (las tramas, más bien) es realmente interesante, atrapa la atención y no la suelta hasta la última página. Es verdad que la cosa empieza un tanto titubeante, indecisa; le cuesta entrar en materia, llegando incluso a asustar al lector con algunas lecciones de economía a la sueca que pueden llevar a engaño sobre cuál va a ser el contenido del libro. Pero pronto, antes de que surjan demasiadas dudas, la trama se impone, se presentan los personajes y la investigación que debe llevarse a cabo. Y a partir de entonces la historia se embarca en un crescendo de interés, incluidos un par de buenos sobresaltos, que no cesará hasta su final.

Larsson presenta varias historias paralelas, entre las cuales la principal será la de la investigación de la misteriosa desaparición de la joven Harriet Vanger en una isla propiedad de su familia y que 36 años después sigue sin respuesta. Alrededor de esta investigación se irán entretejiendo las historias de los dos protagonistas principales: Mikael Blomkvist, un maduro periodista de temas económicos y copropietario de la revista Millennium que da título a la trilogía, firme defensor de la legalidad y poseedor de firmes convicciones morales (y que se aleja radicalmente de la imagen del investigador-detective típico y tópico de la novela negra); y Lisbeth Salander, una especie de poco común investigadora privada de 24 años, tatuada y con piercings, inadaptada socialmente, terriblemente individualista, bastante amoral y que gusta hacer “justicia” por su cuenta y según sus propios valores. La intersección de ambas historias con la principal hace de Los hombres que no amaban a las mujeres una novela muy completa y satisfactoria.

Y es que una de las más importantes virtudes del volumen es la de sorprender al lector sin hacerle trampas por el camino. Larsson va entregando las piezas del puzzle conforme los propios protagonistas las van conociendo, sin guardarse cartas en la manga, sin hurtar datos necesarios para la resolución del misterio, pero plasmándolo de tal manera que hace que se cambie continuamente de posible sospechoso conforme los distintos personajes van entrando en escena. No se puede descartar a nadie, ni se ve venir desde cientos de páginas antes la posible solución. Y hay muchos personajes, eso es cierto, pero el autor demuestra la suficiente pericia como para no hacer a nadie perderse entre todos ellos (y eso que muchos de los nombres, al ser suecos, resultan cuanto menos algo difíciles).

Dentro de la acaudalada familia Vanger, que Blomkvist tendrá que investigar como tapadera para su verdadera búsqueda, hay muchos miembros, acarreando cada cual sus secretos y sus miserias. Personajes secundarios que son apenas esbozados en dos pinceladas, justo lo necesario para sustentar sus papeles. Entran y salen, interpretan sus líneas y abandonan la historia. Algo parecido sucede con los lugares por donde se mueven todos ellos, simples esbozos, apenas decorados pintados al aire tras ellos, esquemáticos y poco descritos, tan solo sitios donde situar la acción pero que no llegan a influir en la misma No hay concesiones a “embellecer” el texto, salvo que sea auténticamente necesario para la propia trama.

Una trama por momentos muy cruda, de gran dureza sobre todo en ciertos pasajes dedicados al entorno de la disfuncional investigadora Lisbeth Salander. Una trama que mezcla hábil e inteligentemente muchos elementos para lograr un producto bastante satisfactorio, con buenas dosis de misterio, de secretos ocultos y de gentes que no quieren que los mismos salgan a la luz, de riqueza, política y corrupción, economía de altas finanzas, traiciones, enfrentamientos familiares, envidias, asesinatos sin resolver, ambiciones desmedidas, las justas dosis (parece obligado) de sexo y perversiones sexuales y de algo que parece amor. Es de destacar, por cuanto resulta un tanto aterradora, la imagen que da el autor de la situación de la mujer en Suecia en vista de las estadísticas que va ofreciendo en la entradilla de cada parte del libro, y de los descubrimientos que irá desenterrando laboriosamente Mikael Blomkvist, llegando a poner en peligro incluso su vida.

Como bien descubrirán por las duras, patear un hormiguero puede traer consecuencias inesperadas e indeseadas. Pero dejar en el olvido la memoria tampoco es precisamente la solución. ¿Es mejor el conocimiento, por muy duro que sea, o el velo y el silencio de la ignorancia? La apuesta del autor es clara, pero el lector deberá leer el libro para descubrirla. Desde luego no será tiempo perdido.

Como nota final, decir que resulta también muy interesante, aunque en principio sorprenda y pueda llamar a equívoco antes de la lectura de la novela, la elección del título, que se entiende perfectamente al término de la misma. Sí se puede afirmar que Larsson ama a sus personajes femeninos, tratándolos en la mayoría de las ocasiones mucho mejor que a los masculinos, con una dulzura y una dedicación especial. A la espera de la publicación del tercer volumen, habrá que comprobar si La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina mantiene el nivel; con que sea similar, el disfrute está garantizado.



miércoles, 31 de diciembre de 2008

Convocatoria: Certamen de cortos de Scifiworld

Nos hacemos eco de la siguiente nota:

==

El Certámen Internacional Scifiworld de Cortometrajes de Género Fantástico, que cuenta con la colaboración de Eset Nod32 ya tiene nombre y póster.

SHOTS es el nombre elegido para encabezar el cartel, ilustrado por Javier Trujillo, que muestra a Johnny Putrido preparado para realizar su cortometraje.


Los premios de SHOTS son:
- Premio al Mejor cortometraje que será otorgado por el jurado seleccionado para tal efecto y recibirá un trofeo y la cantidad de 1.000 euros.
- Premio al Mejor guión que será otorgado por el jurado seleccionado para tal efecto y recibirá un trofeo y la cantidad de 600 euros.
- Premio Scifiworld.es que será otorgado por los usuarios del portal Scifiworld.es y recibirá un trofeo y la cantidad de 400 euros.


En enero se darán a conocer los miembros que compondrán el jurado del Certámen.

Recuerda que puedes enviarnos tu cortometraje hasta el 15 de Febrero de 2009. Puedes consultar las bases en http://scifiworld.es/noticias.php?id_noticia=3141

SHOTS ya está en marcha. ¿A que esperas para participar?
----------------------------
Para más información:

SCIFIWORLD
www.scifiworld.es
cortos@scifiworld.es

sábado, 27 de diciembre de 2008

Reseña: El tejido de la espada

El tejido de la espada.

J. M. Pallarés.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Barcelona, 2008. 701 páginas.

Leer una fantasía inteligente, bien escrita y con una trama coherente e interesante siempre es una gozada. Leer El tejido de la espada es un placer de ese tipo, acrecentado por el hecho de que el autor es un paisano y se le nota su apego a la tierra de sus ancestros. Es esta una obra que rezuma amor por las palabras y por las historias bien contadas. Y es un amor que se contagia.

Dividida en tres partes, la novela se mueve en muy diferentes registros según la situación lo requiera, aunque el dilatado proceso de escritura (comenzada en 1980, acabada en 2007) hace que se note quizá en exceso el cambio producido en las ideas y el desarrollo de la trama desde sus inicios a los derroteros que sigue una vez retomada años después. Así, en la primera parte, con un comienzo frenético, que sumerge al lector directamente en la acción, en una cazaría de monstruos, aparecen algunos personajes que aparentemente van a gozar de un gran protagonismo, pero que posteriormente, como si no calzasen en la nueva dirección que ha tomada la acción, desaparecen sin más. Llama la atención de igual manera, como la enorme importancia que el destino parece guardar a las espadas Acíbar y Nictálope, queda después diluido en otros derroteros que se ajustan más al título del libro. Al igual que resalta como la narración quizá más típica del género del grupo de aventureros de esta primera parte se convierte a partir de la segunda en algo mucho más elaborado y ambicioso.

De todas maneras, la narración es tan fluida, todos los detalles y revelaciones de encuentran tan bien encajados, tan bien introducidos, que en ningún momento la historia se resiente, sino que se experimenta como un crecimiento, como una ampliación de horizontes para poder ofrecer algo más grande que lo que en principio parecía tener en mente Pallarés, y eso que sale ganando el lector, con una obra profundamente enriquecida e interesante. Quizá se eche en falta la vuelta de algún personaje que se antojaba muy atractivo en principio, pero los que se van sumando al elenco no desmerecen a los iniciales y pronto el lector se deja llevar por la acción, plenamente inmerso en la lectura hasta el punto de que es difícil soltar el libro. Es, de alguna forma, adictiva.

Uno de los principales aciertos de la novela, al menos para mí, es el escenario en que se desarrolla. Pallarés ha creado (o recreado) en la Baylía de Brumalia un trasunto de la Baylía de Cantavieja, tierra de los recuerdos de su infancia y juventud teñidos sin duda por el amor y la felicidad añorados. Pero el autor va mucho más allá y puebla de gentes y personajes fascinantes unos lugares que por momentos parecen míticos, entretejiendo hábilmente realidad y fantasía, introduciendo al lector en un mundo aparentemente paralelo o superpuesto a nuestro medievo, con reminiscencias a tiempos anteriores como la aparición de la legendaria Legión Perdida, donde existen hombres y mujeres lobo, los árboles caminan (aunque los roblones de Pallarés nada tienen que ver con los ents tolkienianos) y en el arte de la forja de las espadas se pueden introducir en estas armas poderosos hechizos protectores o terribles maldiciones.

El autor, buen conocedor del folklore y los cuentos tradicionales, así como experto en la Edad Media, escribe una historia que bebe, o se embebe, de las historias orales, de los juglares, de los relatos contados a la luz de una hoguera, de la épica poética… Y ofrece al lector una historia que mezcla tragedia y triunfo, enfrentamientos fraticidas, intrigas, conspiraciones y traiciones, seres fantásticos nada “tópicos” (roblones, licaones, lobisones, márgolas…), amores que se antojan imposibles, ambiciones desmesuradas, la búsqueda de la libertad, emocionantes luchas individuales y colectivas, y grandes personajes, haciendo especial énfasis en alguno de los femeninos, pues La Baylía es un mundo dominado por las dos matrías de brujas, poseedoras de poderes mágicos que exigen de ellas grandes sacrificios, aunque siempre existan modos de burlar el precio…

El tejido de la espada es la historia de Germán Heredia, del destino aciago que su madre, la bruja Liduvina, ha puesto sobre él como forma de alcanzar sus egoístas objetivos, de cómo luchará por librarse de las invisibles ataduras que le abocan a convertirse en algo que no desea; y es la historia de sus hermanos, a cual más dispar y peligroso a su manera; del ascenso de las Hermanas del Dolor, las brujas que han de sustituir en el orden natural de las cosas a la matría de Liduvina, las Señoras de la Niebla, para mantener el equilibrio del poder en un mundo cambiante, y de cómo la madre de Germán se resisitirá a dicho cambio; de la supervivencia del País del Olivo, donde viven los descendientes de aquel ejército romano perdido en una sociedad que trata de recrear de alguna forma los recordados usos de Roma; de cómo todos ellos se encuentran amenazados por los devas, los seres mágicos que gobiernan disciplentemente desde La Quinta

Es esta una historia enorme, pero que se hace corta y de cuyas 700 páginas no sobra ni una, que se lee con auténtica fruición, casi con avidez. Destaca por su excelente escritura, por el dominio del lenguaje, de las palabras (se agradece el glosario final) del que hace gala Pallarés; por el amor que se palpa en la creación de cada personaje y en el cuidado con el que está retratado el paisaje, que adquiere casi la importancia de un protagonista más. Y sin embargo, todo ello carecería de importancia si no hubiese una buena historia detrás, y aquí no es que sea buena, es que es excelente. Con unos diálogos estupendos donde se masca la tensión del relato, los enfrentamientos y encuentros, con el tono justo, preciso, que se deslizan con armonía en el conjunto de la narración; con los debidos momentos de relajación entre la acción; con las debidas dosis de romance (pero un romance diferente, tenso, pleno de enfrentamiento, de lucha); con aventura por doquier y con una estupenda batalla final para decidir el destino que, después de todo, tal vez no se encuentre escrito en piedra.

Leer El tejido de la espada es, en definitiva, una gozada de esas que se dan muy pocas veces a lo largo del año (o de varios años). Muy recomendable. Lástima que el autor haya comentado en alguna entrevista que no tiene previsto escribir una continuación, al menos en un futuro cercano o medio, a pesar de que el final no solo lo permitiría sino que casi lo promete. Es este uno de esos libros que no quieres que termine, que estás deseando que no llegue el momento de pasar la última página a la vez que deseas alcanzar ya el desenlace, conocer el final… Después de todo, tal vez sea mejor que Pallarés no escriba una continuación, dejar al lector con el buen sabor de boca y con el recuerdo de los buenos ratos de lectura que sin duda El tejido de la espada produce. Me atreveré a decirlo una vez más: muy recomendable.


sábado, 20 de diciembre de 2008

Reseña: Nudo de sangre

Nudo de sangre

Agustín Sánchez Vidal

Reseña de: Amandil

Espasa Calpe-Círculo de lectores, Barcelona, 2008. 555 páginas.

Aunque han pasado ya varios días desde que terminé la lectura de Nudo de Sangre aún no tengo del todo claro si, en general, considero la novela una buena o una mala lectura. Mi duda surge del hecho de que hay dos niveles distintos dentro de la misma que causan en un mi efectos completamente contrarios. Por un lado la trama es francamente mala, lineal, predecible y llena de personajes planos y llenos de tópicos. En cambio, por otra parte, es una buena obra de divulgación histórica y se nota que el autor se ha documentado profusamente y con buena gana.

Así que ese es mi dilema. A ver si desarrollando un poquito más esta reseña llego a un veredicto sobre la marcha. Vamos a ello.

Nudo de sangre cuenta la historia de un ingeniero militar español, Sebastián de Fonseca, a mediados del siglo XVIII. Por una serie de circunstancias pasadas, su familia, pese a ser de rancio abolengo ha caído en desgracia y ahora apenas son una sombra de lo que llegaron a ser en el pasado. Además su relación con la Orden Jesuita, recién expulsada del reino por orden de Carlos III, les ha puesto de nuevo en la picota y Sebastián se las ve y se las desea para prosperar en su carrera militar. Como no podía ser de otro modo su familia tiene un enemigo acérrimo, el marqués de Montilla, que se las tiene jurada y que ejercerá por toda la novela de malo típico cuyo único papel en la trama es molestar, incordiar y amagar con matar al protagonista.

La cuestión es que por un azar del destino Sebastián se ve involucrado en una serie de asesinatos relacionados con un misterio que ha de permanecer oculto y que, ¡oh sorpresa!, acaba pillándole de lleno a él y a su familia. El misterio parece estar relacionado con la conquista española del Perú y con la llegada de un misterioso barco de color negro a las costas de Cadiz a mediados del siglo XVI. Lo que trajo esa nave, una mujer, es el centro de la trama, ya que ella portaba consigo un "quipu" que resulta ser un mapa que lleva directo hasta el tesoro de los Incas, oculto en la ciudad perdida de Vilcabamba. La familia de los Fonseca estuvo relacionada con esa mujer y ha ido heredando desde entonces un crónica escrita por Diego de Acuña, un caballero que ejerció de traductor rn tiempos de la Conquista y que vivió de cerca la epopeya de los hermanos Pizarro y la desaparición del imperio Inca. En ese relato, que llega a convertirse en una novela dentro de la novela, se dan las pistas que han de seguirse para encontrar la ciudad misteriosa.

Tras percatarse Sebastian del peligro que corre y comenzar a descubrir, con ayuda de su tío, que su familia está relacionada con todo el asunto de los incas, opta por viajar hasta Perú para detener los asesinatos, desvelar el misterio y llegar hasta el tesoro. Para ello se embarca rumbo a las Américas como polizón y sufre una serie de infortunios y aventurillas que terminan poniéndole en contacto con Umina, una mestiza inco-española que resulta ser la última descendiente de la familia real Inca y que ha viajado hasta España para hacer prevalecer sus derechos al trono y denunciar los abusos que los criollos (blancos nacidos en América) cometen contra la población nativa.

Umina, exoticamente hermosa, se alia con Sebastián para desvelar el misterio del quipo y de la crónica de Diego de Acuña al tiempo que se enfrentan al malvado marques de Montilla y a un nuevo enemigo, socio de aquél, el todavía más pérfido Alonso Carvajal y Acuña, quien pretende destruir a Umina y a su familia al tiempo que se hace con el tesoro, explota a los indígenas y quema y destruye todo a su paso. Y, encima, en el pasado, se intentó casar con la mestiza para hacerse con sus tierras y reclamar para sí cualquier derecho sucesorio que pudiese aportarle más beneficios si cabe.

Ya en tierras americanas Sebastián, Umina y el guardaespaldas de esta, Qaytu (convenientemente torturado en el pasado por Alonso Carvajal) comienzan el penoso viaje de Lima a Cuzco y de allí a Vilcabamba, descubriendo por el camino nuevas pistas y aliados que les permitirán llegar hasta el último bastión de los incas dónde deberán hacer frente al terrible destino que les aguarda.

Como he dicho anteriormente esta novela de aventurillas es forzosamente lineal por el estilo que el autor, Agustín Sánchez Vidal, ha utilizado. Los pretendidos destellos del pasado, condensados en las lecturas a ratos de la citada crónica, no generan nuevos misterios ni dan más trasfondo a los sucesos que les van pasando a los protagonistas. Son paréntesis explicativos que aportan historia pero nada más, revelan datos necesarios y ya. En cambio, dónde deberían surgir buebos giros en la trama o trasfondos evocadores y emocionantes, en la aventura de Sebastián y Umina, acudimos a una sucesión completamenente predecible y sencilla (la narración, por momentos, parece de tebeo, con descripciones tan sencillas que más parecen esbozos que otra cosa) de acontecimientos encadenados sin mucho arte y estilo. De A a B y de ahí a C, sin emoción más allá de cruzar un puente de cuerdas, una inspección y lo mal que se pasa cruzando la cordillera de los Andes.

A este estilo más bien "humilde" hay que sumar (o restar) unos personajes planos, vacíos y llenos de tópicos que no consiguen ser creíbles y se convierten en vehículos de diálogos de serie de televisión española actual con frases y giros sacados de algún diccionario de autoridades para aportar un cierto aire del siglo de Oro. Sebastian, Umina y Qaytu son, cada uno a su modo, una representación arquetípica del "héroe sencillo que descubre que, en realidad, es un gran señor de antaño", la "princesa guapa, lista, valiente, sensual y mujer de hoy" y el musculoso "con gran corazón, victima de abusos terribles y leal con sus amigos hasta más allá de lo creíble". De los malos mejor ni hablar, son malos de manual infantil: malvados, sanguinarios y crueles. Al lector no le queda ninguna duda de que se merecen cualquier sufrimiento y adversidad que les suceda. No hay sitio en ellos para la ambigüedad ni la duda.

Así que tenemos una trama lineal, con unos personajes simples y llenos de tópicos en una historieta que no aporta nada nuevo al género de la novela histórica con misterio ancestral. En este aspecto el libro es muy flojo.

En cambio no podemos decir lo mismo de la ingente labor de documentación que Sánchez Vidal ha desplegado durante varios años para dotar de un trasfondo lo más exacto posible a su relato. Desde el primer capítulo se percibe claramente que el autor ha pretendido mostrar la época, sus usos, costumbres y modos de hablar del modo más exacto posible. Del mismo modo en todo lo referente a la cultura Inca se agradece el esfuerzo explicativo y, hasta cierto punto, divulgador que el narrador vuelca con gran claridad en el libro. Teniendo en cuenta que el misterio de los quipus (sistema de nudos utilizado por los incas como sistema de escritura) es del todo desconocido para el lector medio (y me atrevo a decir que también para el avanzado), hay que reconocer que al terminar el libro se ha adquirido una más que satisfactoria explicación sobre el modo en que aquella cultura precolombina solucionó el problema de la comunicación escrita. Sorprende, asimismo, el cariño que se nota en todo el relato a la hora de abordar lo relacionado con el mundo pre-hispánico y de la zona del Perú sin emitir juicios contra unos u otros más allá de los que son un eco del discurso del padre dominico Bartolomé de las Casas.

Nudo de Sangre, por lo tanto, es una obra divulgativa sobre los incas que utiliza una historia sencilla y, a ratos, mediocre para justificar una serie de lecciones magistrales sobre navegación, historia pre-colombina y cultura del siglo XVIII hispánico, muy en la línea de otro autor español como es José Luis Corral (por cierto ambos autores son profesores en la misma Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza ¿coincidencia?).

martes, 16 de diciembre de 2008

Reseña: La ciudad de las llamas

La ciudad de las llamas.

Larry Niven y Jerry Pournelle.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 110. Madrid, 2008. Título original: The Burning City. Traducción: Inmaculada Pérez Burgos. 478 páginas.

Lo menos malo que puedo decir de La ciudad de las llamas es que me ha producido una decepción total. Y como aviso para aquellos seguidores de la ciencia ficción que no gustan de la fantasía, decir que esta novela pertenece efectivamente a este último género a pesar de la colección en que ha sido publicada, quizá para aprovechar el tirón del “nombre” de sus autores y su habitual cultivo de la SF. De la pareja Niven / Pournelle el lector espera ideas atractivas, cierta especulación científica, algo de conservadurismo político y mucha aventura. ¿Pero qué se encuentra aquí?: una aventurilla con una forma de narrar deslavazada, inconexa y atropellada, absurda por momentos y muy poco consistente. Una forma de narrar, por otra parte, que deja muchas dudas sobre la calidad de la traducción, toda vez que otros libros de este tándem no caen en semejantes despropósitos (aunque también puede ser cosa de la edad, quién sabe).

La cosa no empieza mal, situando la acción en un tiempo indeterminado en una ciudad aislada del resto del mundo por tierra, con cierto comercio marítimo lastrado por las especiales peculiaridades del lugar y donde la magia existe, pero se encuentra en franco retroceso al borde de la desaparición. Cual intento de ucronía o de dotar no se sabe muy bien por qué de un trasfondo histórico – geográfico a la historia se llega a citar el hundimiento de la Atlántida o el contacto con civilizaciones precolombinas; detalle que más que crear credibilidad en la mente del lector tan solo consigue, como explicaré más tarde, aumentar la sensación de absurdo de todo lo que se está narrando.

La ciudad de las llamas es, básicamente, la historia del crecimiento de niño a hombre de Whandall Placehold y su rebelión contra el destino inmutable que la vida le ha deparado. En Tep, un lugar donde no se puede hacer fuego en el interior de las casas salvo cuando Yangin-Atep deja caer sobre la ciudad su maldición destructiva, todo está escrito y nada cambia. Todo es cíclico. Todo el mundo conoce su lugar en la sociedad y sabe que nada puede hacerse para modificarlo. Y los periodos en que las llamas se apoderan de algunos de los habitantes del lugar, dejando un reguero de frenética destrucción a su paso, no sirven como un proceso de “limpieza” y resurgimiento, sino de paulatina caída en la decadencia a la que nadie parece dispuesto a poner remedio.

En esa sociedad rígidamente estructurada (casi fracturada) entre los Señores (que viven apartados), los kinlesanos (los trabajadores) y los lordkianos (los zánganos que se aprovechan de los anteriores) no hay espacio para cambios de estatus. Y cada vez que alguien intenta salirse de su papel, evadirse de la ciudad, los avatares de la vida terminan por devolverlo derrotado a Tep para ocupar una vez más su lugar. Whandall, creciendo indolentemente en su condición de lordkiano, viviendo de la caridad de los Señores (aunque para los mantenidos tan solo se trate de sus derechos), abusando de los kinlesanos y enfrentándose en absurdos combates territoriales con otros lordkianos, se sentirá profundamente insatisfecho e intentará por todos los medios ser más de lo que el destino le depara (más que nada porque no le queda otro remedio).

El problema es que todo en el libro es algo absurdo. La sociedad que Niven y Pournelle nos presentan es inviable en la forma en que se describe. Los personajes están mal dibujados (desdibujados sería lo correcto), cuando no son directamente incoherentes, con unas acciones y reacciones incomprensibles (o mal explicadas) y unos diálogos entrecortados, confusos y poco desarrollados.

El libro estructura esta lucha contra el destino cual de si un viaje iniciático, tanto exterior como interior, del protagonista se tratara, teniendo que cambiar sus ideas preconcebidas al tiempo que cambia la localización de lo narrado, primero en la propia ciudad, después fuera de ella en las rutas de las caravanas que muestran un mundo mucho más grande, y finalmente de vuelta a Tep para ofrecer un poco de moralina. Y por el camino una trama excesivamente engordada, con situaciones que producen cierto sonrojo por lo mal resueltas y otras que hay que releer para intentar interpretar lo sucedido por lo mal narradas que están (volvemos al tema de la traducción). El crecimiento y llegada a la madurez de Whandall, como metáfora quizá de la liberación de los prejuicios que atan a la humanidad y le impiden trascender unos límites autoimpuestos, se ve lastrada continuamente por una narración torpe y atropellada, con demasiados saltos, aceleraciones y ralentizaciones de la acción, con excesivos trucos sacados de la manga y con personajes secundarios mal resueltos que en ningún momento dan sensación de profundidad alguna, con unos comportamientos acartonados y poco naturales que lastran demasiado las escenas.

Y como decía más arriba, el intento de los autores de imprimir una impronta de realidad histórica a la trama choca frontalmente con la utilización anacrónica de demasiados elementos que difícilmente casarían con el periodo de hace muchos milenios en que se quiere hacer creer al lector se sitúa la acción, como la existencia de esos barcos mercantes de vela, las herramientas fruto de una metalurgia altamente desarrollada, los historiadores itinerantes, esas tribus amerindias que parecen sacadas de una peli del oeste o las rutas comerciales con tierras muy lejanas con las que sin embargo se mantiene un estrecho contacto. Quizá el intento de situar geográficamente la localización de Tep en lugares conocidos por el lector estadounidense (California, La Brea, el Parque Nacional de los Pináculos) profusamente descritos aunque no por sus nombre actuales, sea de interés para éstos, pero no hace sino volver a instalar la incredulidad en el lector ajeno a su conocimiento, antojándose tan solo una excesiva y colorista ambientación sobre lo que era un buen punto de inicio.

No, lo reconozco, no me ha gustado La ciudad de las llamas. Y lo peor no es que no me haya gustado, no; lo peor es que en muchos momentos me ha parecido una novela absurda, aburrida y mal escrita (o traducida). Los autores, capaces de lo mejor y de lo peor, se decantan esta vez por esto último, y el libro defrauda sobre todo porque es inevitable compararlo con obras anteriores de Niven y Pournelle al alimón y sale perdiendo por goleada. Eso sí, decir que ya existe una continuación, The Burning Tower, pero conmigo que no cuenten para leerla.



martes, 9 de diciembre de 2008

Reseña: Odisea

Odisea.

Jack McDevitt.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 111. Madrid, 2008. Título original: Odyssey. Traducción: María Arozamena Quijano. 379 páginas.

Una vez más McDevitt factura una ciencia ficción moderna con pleno sabor clásico. Una Space Opera que aúna sin rubor una trama interesante, aventura en estado puro y especulación tanto científica como sociológica. Después de unas cuantas novelas expandiendo el universo creado en Las máquinas de Dios, asistiendo al descubrimiento de antiguas civilizaciones galácticas de las que ya solo quedan restos o de incipientes sociedades apenas desarrolladas, en esta ocasión el autor plantea la posibilidad del contacto con unos extraterrestres con un nivel tecnológico superior al humano.

Los avistamientos de unas luces o artefactos de origen desconocido que recibirán el nombre de Jinetes Lunares disparan los rumores sobre la existencia de estos seres, y la muy cuestionada Academia, en un momento en que se plantean fuertes recortes a su presupuesto de exploración espacial, se propone organizar una expedición para confirmar o negar su realidad y dar respuesta al significado de los extraños avistamientos.

De esta manera, McDevitt recupera a viejos conocidos, como Priscilla Hutchins, atada a un despacho, agobiada por la burocracia y las luchas políticas, y anhelando volver a pilotar naves y visitar mundos lejanos; o el famoso y un tanto huraño periodista Gregory MacAllister, que, en su papel de escéptico contrario al gasto en programas espaciales, se unirá a la expedición —aparentemente una simple estrategia de relaciones públicas para mejorar la imagen de la Academia y garantizar sus fondos— más que nada para desacreditar sus objetivos. A su lado, nuevos personajes que permitirán al autor profundizar en el significado que para la humanidad en general puede tener el posible contacto con inteligencias alienígenas y las reacciones dispares que el mismo provoca.

Como es habitual en este autor, fiel a su personal esquema narrativo y por tanto sin demasiada sorpresa para el lector, todo se complica y lo que se antojaba casi como un viaje turístico visitando diversos sistemas solares donde se han registrado avistamientos, se convertirá sobre la marcha en una nueva y desesperada misión. Cierto es que Odisea es una novela algo más “tranquila”, más reflexiva, que la mayoría de sus antecedentes, menos frenética quizá, pero con la emoción garantizada.

Y, como también es habitual en McDevitt, esta aventura galáctica, se ve magníficamente complementada con un cierto toque “hard” en forma de hábiles e interesantes especulaciones sobre el futuro, la investigación tecnológica y la exploración espacial, fácilmente extrapolables, sin embargo, a nuestro presente. La introducción en la trama del Proyecto Orígenes, un hipercolisionador construido en un sistema lejano y cuya puesta en marcha es más que cuestionada por su posible peligro, permite al autor reflexionar sobre la propia realidad del lector, sobre la arrogancia con la que el ser humano trata a lo que le rodea con miras de corto plazo, con ínfulas de propietario y con una ambición, con un “todo vale” que puede poner en riesgo el futuro de la propia humanidad al buscar tan solo un beneficio inmediato, el bienestar de unos pocos, el conocimiento a cualquier precio, sin tener en cuenta al resto de “acompañantes” en ese viaje.

En otro plano, los extractos literarios, los titulares periodísticos y las citas de diversos medios de algunos de los personajes que abren y cierran cada capítulo, le permiten al autor, además de enriquecer el trasfondo mostrando que hay un mundo mucho más amplio más allá de la aventura principal que se está narrando, rellenar huecos para entender ciertos comportamientos de los protagonistas o reflexionar sobre otros temas de importancia social como el factor religioso o lo lícito del gasto en tareas como la exploración espacial —sin un beneficio directo aparente para el público general— mientras tantos pasan apuros en la propia Tierra.

Al plantear, precisamente, la posibilidad de la existencia de otras civilizaciones tecnológicamente desarrolladas con las que la humanidad podría o no establecer contacto, McDevitt introduce el tema de la difícil comunicación entre los que buscan objetivos divergentes. Si ya nos cuesta comunicarnos entre nosotros, cómo hacerlo con unas inteligencias y mentalidades radicalmente diferentes, ¿es posible siquiera? ¿Qué descubriríamos si lo consiguiéramos? Si no estamos solos en el universo, ¿es lícito pensar que todo nos pertenece para hacer con ello lo que nos de la gana? Preguntas que son perfectamente trasladables a nuestra pequeña “parcela” y a los vecinos con los que la compartimos muchas veces sin tenerlos en cuenta.

Es así Odisea una simbiosis perfecta entre aventura y reflexión, tan amena que solo cuando se cierra el libro se da el lector plena cuenta de la profunda carga introspectiva que ofrece. Para mí siempre es un gustazo leer a este autor y esta serie. Y por el momento, por suerte, todavía me queda Cauldron.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Reseña: El Principito

El Principito.

Antoine De Saint-Exupéry.

Reseña de: Aníbal Klondike.

Ed. Salamandra. Barcelona, 2008. Título original: Le Petit Prince. Traducción: Bonifacio del Carril. 95 páginas.

Hace poco, pululando por una librería, me topé con esta nueva edición de El Principito. Prácticamente igual a la que había en casa, pero con las ilustraciones –obra del propio autor- en color, y las páginas todavía blancas, vírgenes, aún no leídas. La compré, por supuesto, ya que el viejo libro amarillento que siempre estuvo en casa, y que tantas veces he leído, allí se quedó, mientras que yo tuve que abandonar el nido. Y éste es un libro absolutamente imprescindible en cualquier biblioteca. Así pues, éste será mío. Sólo mío. Mi tesoro.

Porque es un tesoro. ¡Y me costó cuatro perras! Cuántos libros que no valen nada te cuestan un dineral, y esta maravilla ahí estaba, en un rincón… si los libreros supieran… habría pagado millones.

Así pues, tras leerlo una vez más, me quedó esa agridulce sensación maravillosa que te queda cuando lees libros como este. Y decidí compartir mis impresiones con ustedes. Porque una reseña realmente esto no es. Qué se puede decir a estas alturas, después de tantos años, de El Principito. ¿Quién no lo conoce? ¿Cómo decir de la manera apropiada que es uno de los mejores cuentos jamás escritos? Yo, desde luego, no lo sé. Pero para mí, sin duda alguna, lo es.

Y es que El Principito lo tiene todo: personajes inimitables, aventuras y situaciones fascinantes, un protagonista profundamente entrañable. Es alegre y melancólico a la vez, es absurdo y sin embargo admirablemente cuerdo, es tantas cosas, que mil palabras no bastarían para describirlo, porque no existen palabras. Porque hay muchos libros que comparten esos adjetivos, pero ninguno es como El Principito.

Creo que su autor, el tan desconocido Exupéry, sabía lo que decía. Él en verdad fue piloto, y estuvo en el desierto, y creo que también tuvo una rosa… Desapareció con su avión, dejando atrás el misterio de su muerte y el fabuloso cuento de la vida.

No sé si es un cuento para niños. Al leerlo te preguntas: ¿Lo escribió un adulto para los niños, o un niño para los adultos? ¿O un adulto para adultos? ¿O todo eso a la vez? Tal vez esté escrito para aquellos adultos que han olvidado que fueron niños. En cualquier caso, no creo que importe, porque todo el mundo debería leerlo. Y no una vez sino cientos, miles de veces. Tal vez piensen que exagero; hubo un tiempo en el que yo también creí que no se debía leer dos veces un mismo libro, con la cantidad de libros que quedan por leer… era como perder el tiempo, malgastar la vida. Sin embargo hay libros que lo merecen. Y éste es uno de ellos.

Cuando no encuentren su lugar en el mundo, lean El Principito. Cuando crean haberlo encontrado, lean El Principito. Cuando les abrume la soledad, lean El Principito. Si no saben dibujar un cordero, lean El Principito. Si tienen un jardín lleno de rosas, lean El Principito. Es un libro especialmente indicado para aquellos reyes, vanidosos, bebedores, hombres de negocios, faroleros, y geógrafos, o, por qué no, guardabosques que no conocen, o han olvidado, la belleza de una –una sola- puesta de sol, o el brillo estremecedor de una estrella solitaria sobre el desierto que les rodea.

En fin, a todos ellos, que son todos ustedes: cuando el mundo moderno de los adultos, cuando todos sus importantísimos asuntos, cuando todas sus preocupaciones les impidan reconocer una serpiente boa que digiere a un elefante, lean El Principito. Tal vez aprendan entonces a distinguir las cosas que realmente importan.


martes, 2 de diciembre de 2008

Presentación: Día de perros, de David Jasso

Nos hacemos eco de la siguiente convocatoria:

==

El próximo jueves 4 de diciembre, a las 20:00 horas, Hegemon Ediciones presentará en la Fnac de Pza. España de Zaragoza su nuevo lanzamiento: Día de Perros .


Además de los editores contaremos con la presencia del autor, David Jasso . Por supuesto, estáis todos invitados a una presentación que será, sin duda, especial ya que contaremos con dos "presentadores" de lujo; Antón Castro (crítico literario del Heraldo de Aragón) y Roberto Malo (escritor y animador sociocultural).

Podéis ver un trailer del libro aquí.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Reseña: El ladrón mago

El ladrón mago.

Sarah Prineas.

Reseña de: Lyrenna.

Montena. Serie Infinita. Barcelona, 2008. Título original: Magic Thief. Stolen. Traducción: Matuca Fernández de Villavicencio. Ilustraciones: Antonio Javier Caparo. 303 páginas.

Connwaer es un ladronzuelo que sobrevive en Crepúsculo, la parte “mala” de la ciudad de Wellmet; una noche mete la mano en el bolsillo de un viejo que pasa a su lado, pero lo que obtiene no son monedas o joyas, sino una piedra. Pero, por supuesto, no se trata de una piedra normal y corriente, sino de una locus magicalicus, el equivalente en el mundo de la novela a la tradicional varita mágica. Así comienza todo; el mago Nevery, sorprendido de que su locus magicalicus no haya fulminado al instante al muchacho decide, sin muchas ganas, tomarlo bajo su manto para ver si es que también él es mago. Y la aventura está servida.

A través de una trama sencilla (que no simple) veremos como el descenso del nivel de la magia en Wellmet ha propiciado el regreso del exilio de Nevery y, por ende, ha favorecido la circunstancia del aprendizaje de Connwaer en los entresijos mágicos. Pero primero el joven deberá sortear dos importantes obstáculos. Primero debe aprender a leer y escribir, para lo que acudirá a estudiar a la Academia; y aquí es donde una empieza a temerse que la historia empiece a derivar hacia los muy trillados caminos del joven estudiante de mago, con sus problemas, las clases, los enfrentamientos con compañeros y/o profesores y demás (y a todos nos viene a la mente otro joven mago con gafas y cicatriz en la frente, ¿no?), pero, por suerte, hay que agradecer a la autora que no se demore en este tema y pase enseguida al segundo obstáculo, que se convierte así en la parte vital del relato.

Y este no es otro que la búsqueda por parte de Conn de su propia locus magicalicus, la piedra que debe focalizar sus hechizos y sin la cual ninguna persona puede ser considerada como mago. La búsqueda contrarreloj de su piedra se convierte en el centro de la vida del joven, mientras a su alrededor la magia va cesando poco a poco, sin que nadie se explique la razón, sea la misma natural o provocada por oscuros intereses humanos.

La locus magicalicus de Conn se trasforma así en la piedra angular (nunca mejor dicho) de la narración. Estas piedras son, como ya he dicho, los equivalentes de las más tradicionales varitas mágicas. De esta manera el mago necesita la presencia física de su piedra para canalizar los efectos de un hechizo recitado. Como se ve, el sistema de la magia en Wellmet es muy típico, cambiando simplemente el “vehículo” a través de la que la misma se manifiesta. Otra cosa es la naturaleza de la magia en sí, una discusión de importancia a lo largo de la novela, ya que para descubrir por qué está desapareciendo habrá que saber primero de dónde procede.

La historia de esta doble búsqueda: la de la locus magicalicus de Conn y la de los motivos de la paulatina desaparición de la magia, se sigue a través del relato en primera persona de joven aprendiz, matizado y complementado con fragmentos del diario del mago Nevery, confrontando así la autora las visiones muchas veces casi antagónicas de ambos protagonistas, desvelando una cierta incomprensión del preceptor hacia su pupilo. Además, sin que aporten realmente nada extraordinario, pero sí como un pequeño guiño de complicidad con el lector, una especie de juego, la autora ha incluido en algunas de las páginas del diario pequeños mensajes escritos con runas por Conn, y que se pueden descifrar fácilmente gracias al “alfabeto” rúnico incluido al final del volumen.

A lo largo de la narración irán apareciendo otros personajes que darán color a la historia, como Benet, el guardaespaldas y hombre para todo contratado por Nevery, y que se mostrará poseedor de la personalidad más contradictoria del libro (y por tanto, quizá también la más interesante y poco aprovechada); o como el Underlord, señor de la zona conocida como Crepúsculo, quien desea la captura de Conn por motivos indeterminados que parecen venirse arrastrando desde el pasado de ambos; o Rowan, la joven enigmática que acoge bajo sus alas a nuestro protagonista a su llegada a la Academia; o, por supuesto, el resto de magos de la ciudad; o la Duquesa que rige los destinos de la misma… Es cierto que ninguno de ellos se encuentra especialmente bien caracterizado ni posee una gran profundidad sicológica; pero a través de pequeños retazos se puede intuir que todos tienen una historia personal a sus espaldas; especialmente en el caso de Nevery y las causas que motivaron el exilio del que ahora regresa, o de Conn y su antigua vida en las calles ejerciendo de ladrón.

Tiene esta edición el acierto de incluir una serie de dibujos al inicio de cada capítulo que permiten situar la acción entorno a un lugar o personaje determinado, según a quién o a qué corresponda cada ilustración.

El ladrón mago es una lectura amable, con una trama sencilla, lineal, pero interesante, y que queda perfectamente cerrada a pesar de que ya exista una nueva entrega de lo que se antoja una larga serie. Destinada a un público adolescente, libre de cualquier lectura escabrosa o de mensajes morales que vayan más allá del siempre aleccionador consejo de que con el debido esfuerzo se puede vencer al destino y, en este caso, salir de las calles para convertirse en algo mejor. Hay matices de gris, los buenos no son unos santos (al fin y al cabo el protagonista es un ratero de poca monta cuando se inicia la acción), pero al final todos encuentran sus sitio. Puede ser recomendable para jóvenes y para adultos que no hayan dejado de serlo.