lunes, 19 de febrero de 2007

Reseña: El extranjero

El extranjero.

C.J. Cherryh.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Ventana abierta # 18. Madrid, 2006. Título original: The Foreigner. Traducción: Cristina Rufilanchas Solares. 376 páginas.

El volumen se abre con un principio cuando menos chocante que hace que la novela parezca comenzar tres veces y hace desear que la autora se hubiera demorado un poco más en los dos primeros “libros” que sirven de introducción para la verdadera historia que compone el “Libro 3”. En el primero de ellos vemos como una nave que había partido desde la Tierra para colonizar un nuevo planeta pierde su destino y queda varada en medio del espacio desconocido; en el segundo libro asistimos al descenso de un primer contingente de los humanos de la nave a un planeta (que no era al que iban en principio) y al primer contacto con la especia inteligente que lo habita; y es en el tercer libro, a partir de la página 57 del volumen, donde quedan atrás los prolegómenos que ponen en antecedentes al lector y comienza propiamente la historia. Descubrimos que han pasado unos 500 años desde que los humanos pisaran por primera vez el planeta y contactaran con los “atevi”, los habitantes del mismo, y unos 200 años desde que terminara la terrible guerra que enfrentara a ambas razas y en la que sólo el enorme adelanto tecnológico humano impidió el total exterminio de los nuevos “colonos”. Finalmente se firmó un inestable pacto por el cual se permitía a los humanos habitar una región concreta del planeta, sin poder salir de ella, a cambio de ir compartiendo la tecnología con los atevi. Para ello se permitió a un único humano vivir entre sus “anfitriones”, al “paidhi”, que vendría a ser una especie de embajador – intérprete – consejero – mediador – dosificador de tecnología – investigador – historiador y, en definitiva, hombre para todo entre los atevi.

En esta situación se encuentra Bren Cameron, el actual paidhi, cuando alguien por motivos desconocidos intenta asesinarlo, en una sociedad en la que el asesinato es algo totalmente lícito y a veces se convierte en la única ley a respetar. Para su supuesta protección el dirigente atevi, Tabini-aiji, lo enviará lejos de la ciudad donde reside, a las montañas, donde deberá enfrentarse a nuevos e incómodos retos. Comienza así para Cameron una insólita aventura donde la incomprensión será todo lo que tenga, sin respuestas a las que agarrarse para mantener la cordura o saber siquiera el porqué alguien desea su muerte.

Desarrolla la autora perfectamente la incomunicación entre dos especies entre las cuales, a pesar de poder compartir una fisiología similar y un lenguaje con el que “entenderse”, la diferente evolución social y natural en ambientes distintos ha marcado unos abismos de pensamiento y conducta aparentemente irreconciliables. Así, Cameron no podrá sentirse en todo momento sino como un pelele al que fuerzas ajenas a su entendimiento y voluntad no cesan de empujar de un lado para otro, hasta el punto de que cuando intente realizar alguna acción por su propia iniciativa la misma termine abocada al desastre, a la reprobación o al desprecio sin que sepa en ningún momento a qué se deben las reacciones de aquellos que lo rodean.

Vivirá así en un constante desasosiego, sin saber quiénes son sus enemigos ni quiénes sus amigos (palabra que al parecer no existe en el lenguaje de los atevi, por lo cuál el mismo reconoce que ninguno de ellos puede ser amigo suyo). Asiste el lector entonces al descubrimiento de un mundo extraño y fascinante, poblado por extrañas criaturas, por peligros insospechados y por muchas aventuras en las que el protagonista se verá envuelto muy a su pesar. Consigue la autora salir victoriosa en su tarea de reflejar y describir una sociedad alienígena que, a pesar de las similitudes que a priori se podrían apreciar con la humana, resulta totalmente ajena en sus modos de pensar y actuar; una descripción que, envuelta en ese ropaje aventurero, a veces se convierte en una dura crítica a la poca voluntad de comprender al “otro”, al que es distinto, al “extranjero”, que muchas veces se da en nuestro propio mundo.

Y tristemente no puedo terminar la reseña sin hacer referencia a la defectuosa edición de la novela. Por un lado la traducción está plagado de forzadas construcciones sintácticas que evitan la debida fluidez de la narración y que, habiendo leído prácticamente todo lo que de Cherryh se ha publicado en castellano, dudo mucho que estuvieran así en el original. Por otro, el texto se encuentra plagadito de errores tipográficos: artículos que cambian de singular a plural sin que cambie el sujeto al que están unidos, faltas de letras (en un momento dado al protagonista no lo “golean” demasiado, cuando en verdad debería haber sido “golpean”; y ejemplos así a patadas), personajes que cambian de sexo con sorprendente facilidad, signos de puntuación que no están en su sitio (muchos puntos donde deberían ir comas)… Alguien dirá que soy demasiado puntilloso o es que odio a La Factoría porque ya antes había lanzado comentarios similares sobre otro de sus libros, pero no sería cierto, no tengo nada contra esta editorial, antes bien, me suele gustar mucho su selección de autores y quizá sea precisamente eso lo que me lleva a ser más crítico con estas pifias. Y es que hacía mucho, mucho tiempo que no había leído un libro tan mal editado (en su forma, no en su contenido), tanto quizá como llevaba esperando un nuevo libro de Cherryh, y es que a mí todos estos errores y fallos, fácilmente subsanables con algo menos de prisa y una buena corrección, me interrumpen, me sacan de la lectura (debe ser que tengo poca capacidad de concentración) y me impiden disfrutar en su totalidad de la lectura de esta más que aceptable novela de aventuras de ciencia ficción.