lunes, 16 de diciembre de 2013

Reseña: Detective. [El adepto de la reina]

Detective. [El adepto de la reina].

Rodolfo Martínez.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Sportula. Gijón, 2013. Edición digital (epub). 92 páginas.

Cuando Rodolfo Martínez publicó El adepto de la Reina, primera novela de las aventuras de Yáxtor Brandan, lo hizo presentando un personaje que se encontraba ya en la madurez de su vida y que cargaba con muchas experiencias, no todas precisamente gratas, a sus espaldas. Desde entonces, además de ofrecer una historia posterior en El jardín de la memoria, el autor ha emprendido la labor de ir rellenando huecos del pasado de su personaje mediante relatos más breves glosando algunos de los episodios de su «juventud» que forjarían la personalidad con la que los lectores llegarían a conocerle: el perfecto espía sin demasiados escrúpulos, el letal asesino, duro e implacable, al servicio del trono de Alboné. En esta ocasión, inmerso todavía en un proceso de aprendizaje, Martínez sumerge a su personaje en una trama que auna la trama detectivesca con el thriller político, con la muerte siempre rondándole, añadiendo un toque romántico con la presencia de cierta adepta de la curación que habría de cobrar gran relevancia en la vida posterior de Yáxtor.

Situada temporalmente entre los anteriores relatos Embrión y Amistad, en esta ocasión, se presenta un joven Yáxtor, de 16 años, que acaba de ser recientemente nombrado adepto, pero a quien todavía le queda mucho por aprender, con lo que se encuentra realizando prácticas en los archivos bajo la supervisión del anciano adepto retirado Shércroft, un hombre acostumbrado a hacer las cosas de una manera un tanto diferente a la de aquellos que le rodean y que intentará imbuir al joven de muy concretos conocimientos, aunque de una forma un tanto indirecta. Así, entre paseos y consejos crípticos, el joven adepto empezará a aprender el valor de la observación y la deducción en ciertos momentos por encima de la confianza ciega en sus mensajeros, sin renunciar a sus habilidades innatas.

Es éste un Yáxtor ya no tan ingénuo como el que se podía encontrar en Embrión. Ha crecido y empieza a recorrer un camino que no va a estar sembrado de rosas, pero que aquí se viste con un toque de romanticismo en su torpe y casi involuntario «cortejo» de Ámber, la adepta de la curación que habría de adquirir un importante papel en su futura vida. Acostumbrado a usar sus mensajeros para que cualquier mujer caiga rendida a sus pies sin voluntad, el joven deberá luchar contra sus más primarios instintos para no sucumbir a la tentación y presentarse ante ella tal y como es.

A su vez, en compañía de Shércroft, deberá hacer frente a un intrigante, y peligroso, caso, al encontrar un cadáver y ser atacado por varios desconocidos en un suceso que pondrá a su mentor y a Yáxtor en la pista de una compleja conspiración hacia el poder establecido de un país aliado. Martínez plantea a la perfección el juego de los intereses de la alta política, debiendo hacer frente al dilema de elegir entre la acción o la inacción según resulte más beneficioso para la propia Alboné. El tomar partido, simplemente desenmascarando a los implicados en el complot, debe sopesarse según muy diferentes baremos. Y no es una cuestión baladí.

Yáxtor tendrá que poner en práctica sus dotes deductivas, «aprendidas» de un maestro literariamente influenciado por los hermanos Holmes, y convertirse de alguna manera en un «detective» para resolver el caso cuyo desenlace bien podría costarles la vida a ambos. Acostumbrado a depender y confiar en todo momento en su innato y enorme dominio de los mensajeros, deberá comprender que hay ciertos momentos en que se debe utilizar otro tipo de habilidades, pero sin desdeñar lo que ya se tiene. Y es que hay un momento para usar la cabeza y otro para la fuerza, aunque lo importante es saber dilucidar cuál es cada uno.

Pincelada a pincelada, aunque tan sólo sea a través de breves comentarios o referencias, el mundo en que se desarrollan las aventuras de Yáxtor Brandan va adquiriendo una mayor profundidad geográfica y política, dando cuenta de la existencia de otros reinos y naciones que perfilan el difícil equilibrio de la zona. Las alianzas, las costumbres, las razas… poco a poco van conformando un gran tapiz que dota de vida y complejidad el rico mundo imaginado por Martínez.

Detective es otro buen añadido a ese puzzle que, poco a poco, va desvelando a los lectores el pasado y las razones de quien habría de convertirse en una perfecta máquina de matar tal y como lo conocimos en El adepto de la Reina. Este relato, atractivo, intrigante, revelador y bien escrito y agradablemente narrado, es un capítulo más, un episodio más en la construcción del «héroe» y por ello, como los anteriores, resultará más interesante y satisfactorio para los degustadores de la serie, ya que ciertas claves del relato ―como pudiera ser el funcionamiento de un elemento tan vital como los propios mensajeros― se dan por conocidas. Sin duda, un buen «entretenimiento» a la espera de la publicación de Adepta, de Felicidad Martínez, con el protagonismo de Ámber, secundaria precisamente en esta que nos ocupa, o la prometida tercera entrega del personaje a cargo del propio autor asturiano.

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Reseña de otras obras del autor: