Arkadi y Borís Strugatski.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Gigamesh. Col. Gigamesh Breve # 2. Barcelona, 2019. Título original: Tрудно быть богом. Traducción: Justo Vasco y Raquel Marqués. Ilustración de portada: Alejandro Terán. 340 páginas.
Un clásico dilema de la ciencia ficción envuelto en una gratificante aventura medieval: ¿Puede o debe el observador de una civilización menos avanzada que la propia inmiscuirse e intervenir en el desarrollo y destino de la observada? Una novela escrita en 1963 tras el telón de acero en la que, sin perder de vista el debido objetivo de sano entretenimiento, la carga política, irónica y reivindicativa frente al capitalismo y toda suerte de totalitarismos, incluido —o sobre todo— el régimen comunista opresivo bajo el que vivían los autores, se hace evidente y tan actual hoy como entonces. El progreso humano ha sido demasiadas veces acompañado de violencia y sangre, pero ¿es algo inevitable? El conocimiento ha sido algo a temer por parte de las élites dirigentes, algo a reprimir entre el pueblo, pero ¿podría haber sido de otra manera? ¿Puede la Historia evolucionar por otros caminos menos tortuosos o es unidireccional y está condenada a escalar siempre unos mismos escalones hasta alcanzar el ideal? Volviendo a la pregunta inicial, básica en la novela, ¿debe quién más sabe instruir a los que están por debajo de él? En una obra que se anticipa a la Directiva principal de Star Trek, los hermanos Strugatsky no van a ofrecer respuestas sencillas, sino que construyen una gratificante y en ocasiones estremecedora reflexión sobre el poder y las repercusiones de su uso indiscriminado.
En su intento de rescatar de su aciago destino a cuantos intelectuales condenados pueda, hábil espadachín y duelista de renombre, el brillo de las espadas saldrá a relucir en su camino. No lo va a tener nada fácil, y una inesperada implicación romántica que no debiera permitirse no se lo va a simplificar precisamente. Al menos su procedencia y un anónimo uso de tecnologías avanzadas van a permitirle algunos trucos de lo más efectivos para hacer frente a su misión y al mismo tiempo mantenerle con vida. Y eso que, más allá de las menciones de pasada al trasfondo galáctico y a las directrices procedentes de la Tierra, el tono de ciencia ficción se encuentra muy dosificado, y la aventura discurre mayormente en una escenario medieval muy cercano a nuestra propia Edad Media, tanto en lo cultural y social, como en lo religioso.

Los observadores no pueden, no deben, interferir en el desarrollo del cruel feudalismo que, supuestamente, habrá de dar posteriormente lugar a una sociedad mejor que de paso con el tiempo, tras monarquía y capitalismo, a la soñada utopía que para ellos existe en la Tierra, inmersa en teoría en una Era Dorada donde los grandes de la humanidad han sido abolidos. Pero, por el momento, y en un paralelismo histórico con la represión stalinista en la URSS, en Arkanar la barbarie se ceba sobre la intelectualidad, condenando Don Reba a muerte a eruditos, escritores, historiadores o artistas. El saber se considera anatema, el conocimiento algo a erradicar. En el papel de Don Rumata el observador no debe dejarse llevar por sus sentimientos, por muy benévolos y desinteresados que sean, sino que debe mantenerse al margen, por muy difícil que le resulte. No resulta tan sencillo disponer del poder de un dios y no utilizarlo para remediar las injusticias y la brutalidad de las que es testigo.

La superstición, la falta de difusión de la cultura o la simple ignorancia se convierten en armas para la subyugación del pueblo, ya sea en el orden político o en el religioso. Utilizando de forma despiadada el recurso de la alegoría Qué difícil es ser dios presenta las preguntas comprometidas y, como toda buena literatura, deja al lector rumiando sus propias respuestas, sin darle la satisfacción de respuestas fáciles. La deriva del poder totalitario, la interferencia del estado en cada aspecto de la vida de los ciudadanos, es criticada, aludiendo a temas como la culpabilidad y la responsabilidad del observador ante su inactividad. A veces, muchas veces, hay que implicarse, porque con la aquiescencia silenciosa no se está sino justificando la opresión.
Todo un acierto por parte de Gigamesh la recuperación de este título con una fluida traducción y en un formato tan manejable y legible como el elegido para esta renovada colección Gigamesh Breve.
2 comentarios:
¡Vendido! Este se va directamente a la lista, y el formato que ya lo he visto, me ha gustado bastante :)
El formato es muy agradable y se deja leer muy bien. La edición es preciosa, la que la novela se merecía ;-)
¡Que lo disfrutes!
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