lunes, 30 de noviembre de 2020

Reseña: Ojalá tú nunca

Ojalá tú nunca.

Javier Miró.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Insólita editorial. Barcelona, 2020. Edición digital (ePub). 140 páginas.

Ucronía, dícese de la reconstrucción histórica construida lógicamente que se basa en hechos posibles pero que no ha sucedido realmente. Un ¿qué hubiera pasado si…? que viene a plantear una rama de la historia que nunca sucedió pero que podría haber sucedido si tan solo algunos detalles hubieran cambiado. ¿Y si la alemania nazi hubiera ganado la II Guerra Mundial? ¿Y si en España hubiera habido no una sino un par de guerras civiles y el territorio se encontrase dividido entre alemanes y rusos? ¿Y si todo tan solo fuese un elaborado escenario para situar el magnífico constructo literario que Miró ha forjado para sus lectores? Una historia que sucede en una línea temporal distinta de la nuestra, pero que tan solo es la perfecta, y muy bien construida, excusa del autor para, mediante un apasionante thriller, elucubrar de forma muy sugerente sobre la naturaleza de la memoria y de cómo los recuerdos, o su ausencia, moldean la identidad de las personas, de cómo el conocimiento del pasado cuestiona la percepción del presente y de cómo el desordenar la natural desenvoltura lineal del tiempo hacia adelante permite modificar la visión del observador hasta llevarlo a auto engañarse. Las vivencias, y su conocimiento, construyen la realidad.

César agoniza en el suelo sobre un charco de su propia sangre. No recuerda mucho de su pasado, pero sí de lo que ha sucedido en las horas previas. Algo arde cerca de él mientras la confusión se extiende en su entorno y en su mente. Sabe que sus compañeros y él habían ido hasta allí con un objetivo determinado. ¿Han cumplido la misión?

Miró
construye una estructura en la que el primer capítulo que el lector lee es en realidad el último, el fin de la historia, y donde cada uno de ellos es una retrospectiva del anterior, salvo unos pocos incrustados entre ellos a modo de analepsis del pasado en primera persona del protagonista. La narración se desenvuelve así hacia atrás, hacia su origen, retrocediendo por la línea del tiempo y buceando en unos hechos cuyo final el lector cree conocer, pero que en realidad no son tal y como su mente ha anticipado. La intriga, o el desconcierto, está así garantizada.

Si apenas tienes recuerdos de tu pasado y no conoces a las gentes que te rodean, ¿de quién te fías y de quién no? ¿Puedes dar por bueno lo que te dicen, aceptar la ayuda ofrecida, o sospechar que en verdad lo que quieren es llevarte a engaño? ¿Puedes siquiera confiar en tus propias motivaciones y anhelos? Las respuestas para César no van a ser en absoluto sencillas.

Y es que esta es una de esas historias en las que hay que estar muy atento a los detalles, porque el autor está jugando a la prestidigitación con el lector, mostrando abiertamente sus cartas mientras el truco está sucediendo a sus espaldas. El autor no da mucha información, pero sí la suficiente. En un género como el que está inmersa la acción, la ucronía, ni siquiera presenta un punto Jonbar definido, el momento detonante del cambio de realidad, aunque sí da abundantes pistas para que el lector saque sus propias conclusiones. No es necesario más. No es lo más importante, sino tan solo el trasfondo —magnífico— que le permite construir la historia que estaba deseando. Resulta llamativo el modo en que Miró consigue lanzar su mirada crítica hacia fenómenos de nuestro presente sin tener siquiera que nombrarlos. No se puede desvelar demasiado, pues la gracias reside en la sorpresa, pero a las cámaras de vigilancia aparentemente omnipresentes en las calles de la ciudad, entre otras muchas cosas, cabe remitirse. Atentos a ello.

Es la segunda vez que el autor «destruye» Madrid, o la reconstruye de manera muy diferente a la que conocemos en nuestra línea temporal. Aquí presenta una ciudad dividida por un muro, un trasunto del Berlín post II Guerra Mundial trasladado a una geografía hispana donde el Tercer Reich permanece triunfante y está inmerso en una suerte de Guerra Fría con la URSS. A un lado, en el que se va a desarrollar la historia de César, los alemanes, al otro los soviéticos. Cada lado tan distópico, totalitario, con tan poca libertad y poco amigable como el otro. Un Madrid difícilmente reconocible, en que incluso los nombres de las calles ha sido modificado por los nuevos dirigentes, y cuya fisonomía ha sido adaptada a una nueva realidad. A pesar de que la acción se sitúa en esos ucrónicos años ‘70, o precisamente por eso, es este un Madrid apagado, que de alguna manera se visualiza en tonos grises o en sepia como mucho, en el que el confuso protagonista, mientras intenta rellenar los agujeros de su memoria, tendrá que decidir su destino, rodeado de gentes que tanto podrían ser amigos como enemigos, desde los llamados Jägers o cazadores, hasta disidentes y miembros de una peculiar resistencia. Al fin y al cabo, ¿no son sino los recuerdos lo que definen a una persona?
Ojalá tú nunca es, en definitiva, la historia de una persecución y una huida hacia adelante narrada hacia atrás. La recomendación obvia es afrontar la lectura con el tiempo suficiente para disfrutar del libro de un tirón, de un par como máximo si son seguidos —es una novela corta, tampoco se necesita mucho tiempo y el enganche garantiza que no se va a querer soltarla hasta terminarla—, para tener fresco lo leído e ir confrontando la información que se recibe en cada nuevo capítulo con lo que se ha creído descifrar en los anteriores. Una lectura continuada que permite, además, apreciar en toda su dimensión la labor de delicada artesanía invertida en el entramado que sustenta la obra. El gratificante e impactante final, modifica lo prejuzgado e invita a re-examinarlo todo, bucear en los equívocos, y ver cómo Miró, sin ocultar en ningún momento la información necesaria, ha guiado las expectativas por un camino muy diferente del que resulta ser el auténtico. Para quitarse el metafórico sombrero y aplaudir.

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