Japón especulativo.
Relatos asombrosos de fantasía y ciencia ficción.
VV.AA. Sel. y Ed. Gene Van Troyer / Grania Davis.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Satori ediciones. Col. Satori ficción # 14. Gijón, 2017. Título original: Speculative Japan: Outstanding Tales of Science Fiction and Fantasy. Traducción: Alexander Páez. 352 páginas.
Nos encontramos ante una antología publicada originalmente en inglés hace unos diez años y que reúne quince heterogéneas obras, catorce relatos y un poema, que de alguna manera vienen a dar cuenta de la pujanza de los periodos de nacimiento y asentamiento de la literatura fantástica —ciencia ficción, fantasía y terror— en Japón. La mayoría de los textos elegidos por los seleccionadores corresponden a las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, con unos pocos más modernos, dando buena cuenta de la labor de la labor de Judith Merril como aglutinadora de un grupo de trabajo de traducción al inglés de los autores nipones claves en el desarrollo del género en el País del Sol Naciente. Precisamente el volumen se abre con un prólogo titulado Judy-san: Judith Merril, 1923-1997, donde se deja constancia de su gran trabajo y esfuerzos, seguido después de un Prefacio a cargo de David Brin, en el que tampoco es que diga mucho, la verdad, y la interesante, esta sí, Introducción: Cambiar de fase, de Gene van Troyer, uno de los antologistas, con un somero acercamiento a la historia de la ciencia ficción y la fantasía japoneses, y al ejercicio de su traducción. Una Literatura fantástica que, con evidentes influencias de la anglosajona que llegaba en aquellos primeros tiempos post II Guerra Mundial, muestra una también evidente idiosincrasia propia, con temas y desarrollos plenamente marcados por la cultura oriental, por una filosofía de la vida que contrasta frontalmente con los estándares occidentales de la época. Como aviso cabe decir que la maravillosa y espectacular imagen de portada tiene poco que ver con ninguno de los relatos que contiene el volumen, relatos que se podría afirmar se encuentran muy alejados de los robots gigantes y monstruos descomunales —Mazinger Z o Godzilla— que el imaginario occidental asocia con la ciencia ficción japonesa, pero ni falta que hace ante su esplendorosa belleza, ¿no?