viernes, 30 de mayo de 2008

Reseña: El sindicato de policía yiddish

El sindicato de policía yiddish.

Michael Chabon.

Reseña: Santiago Gª Soláns.

Mondadori. Col. Literatura Mondadori # 359. Barcelona, 2008. Título original: The Yiddish Policemen’s Union. Traducción: Javier Calvo Perales. 428 páginas.

El sindicato de policía yiddish podría haber sido una típica novela negra, con la investigación del peculiar asesinato de un yonki, jugador de ajedrez, en su habitación del mismo hotel en que reside el policía protagonista del libro, si no fuera por su autor, Michael Chabon (galardonado con el premio Pulitzer por Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay), y por el trasfondo en que ha decidido que transcurra la acción.

En el particular mundo creado por Chabon, tras la II Guerra Mundial los judíos europeos (y de otras partes del mundo) no vieron como se les abrían con grandes esfuerzos las puertas del estado de Israel, sino que fueron instalados, provisionalmente según se aseguraba, en el distrito federal de Sitka, Alaska, dependiente de los EE.UU. Pero en la actualidad su estatus se encuentra a punto de ser revocado, apenas en dos meses, y los judíos volverán a quedarse sin una tierra en la que habitar.

Durante 70 años, el sueño del retorno a una mítica Jerusalén, el establecimiento de un Hogar para los judíos en Palestina, ha permanecido siempre vivo, aunque siempre lejano. Y en estas agitadas circunstancias muchos son los que se preguntan qué vendrá a continuación, qué les deparará el incierto futuro. Como no se cansan de repetir algunos personajes: “corren tiempos extraños para ser judío”.

Y en estos tiempos de incertidumbre, con la espada de la revocación pendiendo sobre sus cabezas, Meyer Landsman, detective de la policía de Sitka, se encontrará con el asesinato de su vecino de hotel y decidirá que es él quien debe resolver el caso, incluso contra las órdenes de sus superiores. Landsman es el prototipo de detective de policía de la mejor tradición de novela negra poseyendo todos los tópicos habituales: dado a la bebida, viviendo en un hotelucho, separado de su mujer, amargado, con las adecuadas dosis de indisciplina y rebeldía, arrastrando un secreto de su pasado que lastra su alma y con un compañero de trabajo que es su perfecta antítesis y réplica. Sin embargo, el uso que hace de él su autor consigue dotarle de una personalidad propia que le aparta rápidamente del tópico. Landsman, como un antihéroe, luchará contra viento y marea, contra todas las adversidades que surjan en su camino, e incluso contra las órdenes recibidas, para resolver un caso que le ha tocado especialmente la fibra sensible. Cuando descubra que tras el crimen hay mucho más oculto que un simple asesinato, ya será tarde para poder echarse atrás, y se verá envuelto en los turbios secretos y conspiraciones de la comunidad judía oculta más ultraortodoxa; tendrá que enfrentarse a los garantes de la tradición y a los grandes señores mafiosos judíos, que irónicamente son los mismos, y demostrándose más allá de toda duda que quien hace la Ley, tiene mucho más fácil hacer la trampa.

Al igual que la víctima, y unos cuantos más de los personajes hacen durante la novela, Chabon juega al ajedrez con el lector, moviendo sus piezas con la precisión de un maestro, buscando un jaque mate que no termina de llegar. Presenta un retrato singular de los judíos y del judaísmo, lejos de la idea un tanto lacrimógena y victimista que se suele presentar de ellos. El autor los muestra como un grupo enormemente heterogéneo, lleno de diferentes corrientes y sectas y de gente que no pertenece a ninguna de ellas, tan egoístas o desinteresados como cualquier hijo de vecino, llenos de contradicciones, descreídos o fanáticos, con los mismos defectos y pasiones, vicios y virtudes que cualquier otro “pueblo” o grupo de personas. Bajo todo ello late, no obstante, el sentimiento de que el “ser” judío es mucho más que tan sólo el hecho religioso, es un “club” al que te apuntan al nacer, quieras o no, y del que no te puedes dar de baja. Hay en todo judío el anhelo melancólico de una patria no conocida, de la Tierra Prometida a la que nunca renunciaron, que les separa del común de la humanidad.

Michael Chabon despliega sus amplias dotes literarias, plagando el texto de poderosas imágenes, llenas de evocación y de una extraña, desgarradora, poesía. Las metáforas se suceden a ritmo vertiginoso, creando auténticas secuencias visuales en la mente del espectador, mientras la madeja se va desovillando. Es, sin embargo, esta sucesión de hermosas descripciones la que de algún modo puede provocar que el lector se atasque un tanto en el devenir de la acción, perdido en la contemplación degustativa de la imagen y demorando por tanto el avance de lo narrado.

Es El sindicato de policía yiddish la historia de una redención, de conceder a otros, y a uno mismo, el perdón, de autosuperación. Pero es ante todo una interesante trama policíaca que, como era de esperar, resulta muy diferente en su resolución final de lo que al principio parecía apuntar. Se guarda Chabon, a plena vista, sin trampas, muchas sorpresas y giros insospechados, hasta la resolución del crimen; una resolución que no puede dejar indiferente y que cambiará las ideas preconcebidas con las que se iniciaba el libro, tanto en los personajes como en el propio lector. Literatura con mayúsculas, sin duda.


lunes, 26 de mayo de 2008

Reseña: Eifelheim

Eifelheim.

Michael Flynn.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 208. Barcelona, 2008. Título original: Eifelheim. Traducción: Rafael Marín Trechera. 506 páginas.

Nos encontramos en Eifelheim con dos historias relacionadas, pero separadas en el tiempo. Por un lado, en nuestros días, Tom Schwoerin, cliólogo, investiga la razón del porqué la desaparecida aldea de Eifelheim no volvió a poblarse y reconstruirse a pesar de que todos sus modelos le indican que así debería haber sido. A su vez, su compañera, Sharon Nagy, física, empieza a postular unas nuevas teorías que podrían dar la vuelta a ciertos teoremas científicos hasta ahora aceptados, cambiando la comprensión del mundo que nos rodea.

Por otra parte, en 1348, el lector asiste a como un tranquilo pueblo de la Selva Negra, Oberhochwald, se enfrenta de repente a un extraño fenómeno electroestático, tras el cual unos aún más extraños visitantes, que parecen venir de tierras muy lejanas, se asentarán en el bosque cercano. El padre Dietrich será el encargado de tratar con ellos, ayudándoles en tiempos convulsos y enfrentándose a las supersticiones y al rechazo que todo lo diferente produce. A su alrededor, la Peste Negra se extiende imparable por toda Europa, pendiendo sobre el pueblo como una inevitable amenaza. En estas circunstancias, el rechazo y el enfrentamiento son inevitables, y los poderes del pueblo deberán luchar duramente tan sólo para poder seguir adelante con las hasta entonces tranquilas vidas de los lugareños.

Es esta segunda historia, la medieval, la que se lleva el mayor número de páginas del libro, a pesar de que como el propio Flynn explica, fuera la línea de nuestros días, como novela corta, la que diera origen a todo el volumen. El autor desarrolla un magnífico y verosímil retrato de la Edad Media, con una serie de personajes bien desarrollados, plenos de humanidad (en lo bueno y en lo malo), llenos de matices y totalmente coherentes en sus actuaciones con lo que vamos descubriendo de sus personalidades. El que más “choca” es precisamente, el propio padre Dietrich, un sacerdote enormemente instruido, con grandes conocimientos filosóficos y científicos, de alguna manera perdido en el atrasado pueblo de la Selva Negra. Es indudable que este personaje era imprescindible para el desarrollo de la historia, ya que con un párroco rural tan ignorante como sus feligreses el enfrentamiento contra la superstición y la defensa de los desconocidos difícilmente se hubiera producido. Consciente, tal vez, del detalle, el propio Flynn irá mostrando imágenes del intenso pasado de Dietrich, que parece ocultar oscuros secretos de los que no parece encontrarse demasiado orgulloso, y cuyas acciones le habrían llevado a esa especie de retiro de Oberhochwald. Así, lo que podría haberse convertido en un inconveniente, en algo que produjese cierta incredulidad al lector, se convierte sin embargo en piedra angular de un nuevo interés, integrándose de manera perfecta en el resto de la narración.

Junto al instruido sacerdote, la narración irá acompañando a toda una serie de fascinantes personajes, algunos históricos y otros, lugareños y visitantes, inventados para la ocasión, que crecen y cambian, cada uno con su propia personalidad y desarrollo, con su historia a cuestas, lejos de estereotipos y que irán componiendo un fresco que realmente atrapa el interés.

Eifelheim es, sobre todo, una novela que trata sobre el miedo a lo desconocido, ya sea en forma de unas personas diferentes a uno mismo y que se presentan de repente, o como una enfermedad de terribles consecuencias y de la que se desconoce su procedencia; y de cómo las personas reaccionan ante ese miedo. En ese mundo de temor creado por la amenaza de la Peste Negra, cualquiera puede ser visto como un enemigo, como un portador destinado a infectar a todos los habitantes de la aldea y, por tanto, como alguien a quien se debe rehuir y apartar. Flynn, demostrando un alto grado de documentación a lo largo de todo el relato, nos presenta como telón de fondo una Europa atemorizada, con la desesperación de aquellos que no ven ninguna salida, buscando culpables para una plaga a la que no encuentran explicación, y mostrando como la Iglesia, curiosamente, se convirtió en aquella época en un auténtico refugio contra la ignorancia y la barbarie que llevó, por ejemplo, a demonizar y perseguir a todos los judíos. Muestra el autor cómo la ciencia y la religión no tienen porqué estar peleados y cómo en aquellas lejanas épocas muchos de los grandes estudiosos pertenecían precisamente a la Iglesia. Indudablemente, nos dice, sobre todo debido a ciertos fanatismos, se produjeron terribles errores, pero los mismos deben ser juzgados desde la óptica y las costumbres del propio siglo XIV y no desde la perspectiva de la existencia actual, cuando tantas cosas y formas de pensar han cambiado.

Es desde ese contexto medieval desde donde el lector va a asistir a la difícil interpretación que en nuestros días hace el cliólogo Schwoerin de los datos incompletos o erróneos a los que puede acceder, que chocan incluso a veces con el relato auténtico de lo sucedido en la Edad Media, llevándole a conclusiones falsas o equivocadas. Cuando lo que ha llegado hasta nuestros días es una simple frase dentro de un códice, tal vez lo que signifique sea muy diferente de lo que de ello se pueda interpretar, sobre todo cuando las fuentes no son de primera mano sino de escribanos posteriores a los sucesos acaecidos. Junto a esta investigación histórica, el postulado de nuevas teorías físicas queda en un segundo plano, pero tendrá, sin duda, una enorme importancia en el desarrollo de los acontecimientos.

Eifelheim, a pesar de un final un tanto frustrante (en el que no se llega a desvelar el destino final de alguno de los protagonistas principales, que aunque intuido de alguna forma no llega a plasmarse con certeza, dejando así una enorme curiosidad), es una lectura muy agradable e interesante, con un adecuado ritmo, a la par dosificado y ameno, con acción y reflexión en su justa medida, con las necesarias, pero no excesivas pistas y revelaciones para sostener el interés a lo largo de toda la narración, y con una historia que mantiene la atención del lector en todo momento. Sin duda, para mí, una recomendable lectura.


jueves, 22 de mayo de 2008

Reseña: Campo de deshonor

Campo de deshonor.
Honor Harrington – 4.

David Weber.

Reseña de: Jamie M.

La Factoría de Ideas. Col. Ventana abierta # 23. Madrid, 2007. Título original: Field of Dishonor. Traducción: María Otero González. 344 páginas.

Honor Harrington ha florecido, ha crecido como persona, se ha convertido en el cisne del cuento. A pesar de todos sus problemas y enfrentamientos, se encuentra en un momento dulce de su vida, feliz, enamorada, contenta consigo misma. Por supuesto, algo tan bonito no puede durar.

En Campo de deshonor, Weber abandona en cierta medida las grandes batallas espaciales para bajar a una “arena” mucho más farragosa y sucia: la política. En un mundo que no es el suyo, pero al que se ha visto catapultada, Honor tendrá que lidiar con temas que le desagradan profundamente, y pronto se verá envuelta en conspiraciones y puñaladas traperas, donde los intereses personales se ponen siempre por encima del bien común. La guerra ha entrado en un periodo de calma; Haven se está recomponiendo, soltando lastre, deshaciéndose de elementos innecesarios en su cúpula dirigente, concentrando las fuerzas de un nuevo poder emergente al que muchos manticorianos no parecen dar importancia. Pero la amenaza continúa, la guerra pende sobre sus cabezas en todo momento, y la relativa paz puede acabarse en cualquier momento. En este escenario, el enfrentamiento enquistado entre Honor y Pavel Young será llevado hasta sus últimas consecuencias.

Hay en el libro una tensión creciente. Weber gusta de hacer sufrir a su personaje, que saldrá de la novela con una personalidad renovada, diferente; hay un cierto retorno a los orígenes, pero mucho más oscuro. La vida se ceba con Honor, especialista involuntaria en crearse enemigos poderosos y peligrosos. Es curioso el retrato que se nos ofrece de Mantícora, una sociedad muy avanzada, científica y socialmente, pero en la que los duelos a muerte son totalmente legales, y tendrán una importancia vital en la trama.

Con una prosa directa, efectiva, supeditada en todo momento a la narración, sin florituras ni embellecimientos literarios y donde lo importante es la aventura, Weber aboga por valorar a las personas por sus actos y no por sus orígenes. Nos presenta a una Nobleza estancada, que no se merece sus privilegios, con unos herederos o sucesores que sólo buscan mantener su estatus a costa de su propio pueblo. Así, la muy adelantada sociedad de Mantícora, donde la protagonista se verá sin embargo despreciada, choca con lo que Honor se encuentra en Grayson, un planeta con una sociedad terrible y fanáticamente machista, donde sin embargo se verá “exaltada” como gran heroína y promovida a convertirse en guía de los cambios aperturistas que su dirigente desea.

Tras moverse en estas lides políticas que hasta el momento le habían sido ajenas a la protagonista, Weber parece dejar todo preparado para el retorno a la batalla entre Mantícora y Haven que intuimos ha de producirse en próximas entregas. Aventura en estado puro, aunque esta vez no sea tanto bélica como política.

Sólo como dato curioso y en cuanto a la edición española en sí de Campo de deshonor, cabe destacar que se trata de la cuarta novela de la serie y la cuarta traductora que se encarga de la misma. Debe de ser toda una especie de record. Desde luego, la que nos ocupa no hace una mala tarea, siendo correcta sin que haya nada que “chirríe” en la traducción y manteniendo una concordancia con los anteriores libros en los términos empleados hasta donde yo he podido darme cuenta; aunque sí se nota un cierto cambio estilístico. Considero, desde luego, que aunque no influya demasiado en la novela en cuestión que nos ocupa, sí que sería mejor o más conveniente, que un mismo traductor o traductora se encargase de un personaje o serie de forma continuada (incluso de un mismo autor, para mantener la uniformidad estilística antes mencionada), pues así ya está al tanto de los antecedentes y de cómo se han traducido ciertos términos y nombres, y no da lugar a cambios o confusiones.


miércoles, 21 de mayo de 2008

Reseña:El Encapuchado.El Origen.

El Encapuchado:El Origen.

Brian K.Vaughan, Kyle Hotz y Eric Powell


Reseña de: Matt Davies

Panini Cómics. 156 páginas. Linea Max. Formato 100% Marvel

La linea Max de Marvel es el equivalente a Vértigo en DC: autores solventes que dan a personajes más o menos clásicos de las editoriales un toque más oscuro y adulto. La calidad es, en general, bastante elevada, sea porque los autores tienen mayor libertad para desarrollar sus historias o porque el formato de serie limitada evita el inevitable baile de equipo creativo que sufren la inmensa mayoría de series regulares. Es, desde luego, una linea minoritaria, y Marvel no publica –sin contar con el sempiterno Punisher de Garth Ennis- mas que dos o tres series al año bajo el sello Max, pero lo poco que aparece bien merece un vistazo, como en este caso.

El Encapuchado es una nueva vuelta de tuerca al concepto del supervillano comiquero y sus orígenes. Durante uno de sus trabajos habituales, Parker Robbins, ladrón de medio pelo, acaba casi por accidente con un extraño ser. Parker, para no marcharse con las manos vacías, le roba la capa y las botas, descubriendo que la capa le otorga invisibilidad mientras aguante la respiración y que las botas le permiten caminar por el aire. Con esta premisa, Brian K. Vaughan realizó uno de sus primeros trabajos para Marvel, y el resultado es un cómic divertido, emocionante y, sobre todo, con unos personajes magníficamente definidos. Parker Robbins es un personaje que se gana la simpatía del lector al instante; no por sus elevados valores morales o por sus acciones sin tacha sino por el aire de normalidad con el que se convierte en un supercriminal, obligado por la necesidad y, basicamente, tampoco se le ocurre nada mejor. Lo más acertado de El Encapuchado es precisamente esa nueva reescritura de lo que supone ser el villano en un cómic; alejándose de los tópicos del género sobre la venganza, el ansia de poder o las infancias traumáticas, Vaughan le da a su protagonista una vulgaridad cotidiana que lo hace brillar. En el momento en el que Parker obtiene sus poderes, queda claro que aquí no habrá una “gran responsabilidad” que le ponga control, solo la necesidad de sobrevivir un día más en las calles, de sacar a su primo de las drogas o de que su novia embarazada no conozca sus tropelías. Su mismo atuendo y sus poderes son tanto una parodia como un homenaje a multitud de personajes, con una capa roja y enorme que parece dotada de vida y un par de pistolas automáticas que le dan un toque nostálgico, casi pulp.

Acerca de los autores poco se puede decir que no esté ya dicho. Brian K. Vaughan se ha convertido en uno de los guionistas mas prestigiosos y solicitados, con obras de calidad sobresaliente como Runaways, Y El Ultimo Hombre o Ex Machina, y Kile Hotz y Eric Powell, el primero al lápiz y el segundo encargado de las tintas, son dos profesionales conocidos de sobra por los lectores, y ambos aportan un dibujo expresivo, oscuro y dinámico, lleno de sombras pero rico en detalles.

El Encapuchado. El Origen es sobre todo una obra entretenida, llena de acción y de humor negro, con un guionista y un dibujante cuyos estilos se combinan a la perfección. Recomendada a todos los que quieran un tebeo de superhéroes que se salga de lo habitual y que enseñe el "otro lado", donde los villanos tienen que ganarse el pan de cada día. Porque, al final, los malos siempre molan más.

sábado, 17 de mayo de 2008

Reseñas: Carpe jugulum

Carpe jugulum.
Una novela de Mundodisco.

Terry Pratchett.

Reseña de: Lyrenna.

Plaza & Janés. Barcelona, 2008. Título original: Carpe Jugulum. Traducción: Javier Calvo Perales. 363 páginas.

Con la publicación de esta novela, circunscrita al ciclo de las brujas de Lancre, se alcanza ya en su edición española la 23ª entrega del Mundodisco, que no es poco, sin duda. En esta ocasión toca parodiar a todas las novelas, o películas, de vampiros, con todos los tópicos que arrastran tras de sí; además de aprovechar Pratchett para sacar nuevamente su flagelo contra la religión organizada.

Los Urrácula no son unos vampiros al uso, sino unos “vampyros” modernos, heraldos del Nuevo Orden, que mediante el uso del “pensamiento positivo” han conseguido vencer a las tradiciones y a sus debilidades. Invitados por el Rey Verence a la ceremonia de imposición de nombre de su hija recién nacida, pronto se desvelará que sus intenciones van mucho más allá que la de una simple visita: han venido para quedarse. Y las brujas de Lancre, desde luego, no pueden permitírselo; así que el enfrentamiento entre enemigos ancestrales está servido.

Los mimbres, desde luego, invitaban a la lectura de una nueva y apasionante entrega del Mundodisco, pero lo cierto es que Carpe jugulum no está a la altura de otras novelas de la serie. Después de haber ofrecido algunos de sus mejores títulos (Mascarada, Pies de barro, Papá Puerco o ¡Voto a bríos!) encadena con ésta dos de las más flojos (la presente, junto con la anterior El País del Fin del Mundo, publicada hace ya tiempo por Plaza & Janés con una traducción que, ciertamente, no ayudaba en absoluto y que podría haber desmerecido la calificación final).

Carpe jugulum no consigue levantar el vuelo a pesar de ciertos momentos sin duda memorables, que no consiguen, sin embargo, elevar o mantener el tono general del libro. Con una narración demasiado supeditada a los tópicos vampíricos, tantas veces ya parodiados, la lectura se ve lastrada por una cierta falta de originalidad muy poco común en este autor; con un excesivo seguidismo de las situaciones propiciadas por las diferentes personalidades de cada una de las brujas, ya bien conocidas de antemano por el fiel seguidor de la serie, con el resultado de que demasiadas cosas suenan a ya leídas. Hay demasiadas circunstancias que el lector sabe de antemano cómo se van a resolver y “chistes” que suenan excesivamente a ya contados.

No desaprovecha también en esta ocasión Pratchett la posibilidad que él mismo se brinda de disparar una vez más sus dardos envenenados sobre la religión organizada, personalizada esta vez en el dubitativo reverendo Poderosamente Avena, que parece convertirse en la diana perfecta para las propias convicciones del autor británico. Se muestra así esta novela como una de las más dogmáticas entregas del Mundodisco. Si siempre había habido un cierto mensaje, oculto por el ropaje de la comedia, aquí la misma está demasiado supeditada a él, como queriendo llevar al lector hacia su tesis. Al destino final de Poderosamente Avena, tanto en lo personal como en el estado de sus convicciones, me remito.

Aunque más floja que otras, Carpe jugulum sigue siendo una novela muy entretenida; sin embargo, no invita a esbozar tantas sonrisas o puras carcajadas como en anteriores ocasiones, y sale perdiendo en la comparación de las que tenemos en el recuerdo; se le nota un cierto cansancio, quizá. Le falta chispa, originalidad, y es que no se puede vivir siempre del mismo chiste. Esperemos que próximas entregas remonten el vuelo y que volvamos a disfrutar de Mundodisco tanto como lo hicimos antaño.

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Otras reseñas de obras de Terry Pratchett:


Pies de barro. Una novela de Mundodisco.

Papá Puerco. Una novela de Mundodisco.

¡Voto a bríos! Una novela de Mundodisco.

El último héroe. Una fábula del Mundodisco.

Nación.

Sólo tú puedes salvar a la Humanidad. Una aventura de Johnny Maxwell..

Johnny y los muertos. Una aventura de Johnny Maxwell.

Johnny y la bomba. Una aventura de Johnny Maxwell.



martes, 13 de mayo de 2008

Reseña: Agente de Bizancio

Agente de Bizancio.

Harry Turtledove.

Reseña de: Santiago Gª Soláns

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2008. Título original: Agent of Byzantium. Traducción: Ana Alonso Esteve. 364 páginas.

El Imperio Bizantino ha resistido los embates externos, e internos, que amenazaban con destruirlo y, años después de su caída en nuestra propia Historia, sigue manteniéndose en su máximo esplendor, dominando gran parte del mundo. Pero para lograrlo, para evitar las grandes amenazas a las que se enfrenta, la maquinaria imperial necesita apoyarse en un cuerpo de hombres especiales, unos agentes segretos: los “magistrianoi”, al que pertenece Basilios Argyros, quien se encontrará, por su trabajo, en medio o alrededor de algunos de los descubrimientos más importantes del saber humano, en esta ocasión a mayor gloria de Bizancio.

No es Agente de Bizancio una novela al uso, sino una sucesión de relatos o aventuras encadenadas en las que se verá envuelto el protagonista, sobre todo en torno a esos citados descubrimientos, vitales en la historia y el progreso de la humanidad. Es curioso observar que el autor postula que casi todos ellos provengan de fuera del Imperio, pero que sea éste el que sepa aprovecharse de ellos y refinarlos hasta sus máximas posibilidades, mejorándolos y sirviéndose de ellos para mantener su superioridad sobre los auténticos “descubridores”.

Nos presenta Turtledove un mundo en el que el Islam no existe y por tanto nunca se convirtió en la fuerza que llegó a amenazar el Occidente europeo con su expansión; un mundo en que Mahoma es un santo cristiano de gran predicamento; en el que los persas son la otra gran potencia mundial, siempre en difícil equilibrio con Bizancio; y en el que, sin embargo, el lector asistirá al reflejo de algunos de los más importantes momentos de nuestra propia historia, con diferentes actores y protagonistas, pero con resultados semejantes (¿o tal vez no?). En esta particular distorsión de nuestro mundo, la amenaza para el Imperio no vendrá tanto de fuera (sin un Islam que se plante a sus puertas), sino de las propias corrientes del cristianismo, con herejías como los monofisitas, los nestorianos o los iconoclastas, que se convierten en continua fuente de tensiones para la Ciudad de la que todas las demás son reflejo.

A través de un marcado tono aventurero, con acción a raudales, Turtledove va postulando la tesis de que los principales avances tecnológicos, y su dominio, son en realidad los que permiten la posesión y el mantenimiento del Poder contra otras culturas, igual de pujantes tal vez, pero más atrasadas y por tanto más fácilmente subyugables.

Argyros cumpliendo sus diferentes misiones, viajará por todos los territorios del Imperio, desde la propia Constantinopla, a la lejana Hispania, a Alejandría o a las fronteras desérticas con el Imperio Persa. De todas sus aventuras sacará algo provechoso para Bizancio, incluso en las más amargas para él mismo encontrará un legado que mantenga a su gente por delante de los demás pueblos, como pueda ser el descubrimiento de las vacunas. En otras aventuras más felices, aunque siempre complicadas, el protagonista se enfrentará al nacimiento de fenómenos como la huelga, la pólvora o una rudimentaria imprenta, entre otros muchos; depositándolos siempre ante el altar del progreso del Imperio Bizantino.

Es esta estructura de relatos cronológicamente encadenados, que por una parte permite el avance de la narración al saltar de una aventura a otra sin prácticamente enlace o la debida elipsis, la que, sin embargo, impide que el protagonista adquiera una personalidad plena, un crecimiento que le permita desarrollarse ante el lector en su plenitud, ya que Argyros se antoja como un personaje que no evoluciona demasiado a pesar de las muchas cosas que le suceden. Parece que Turtledove ha preferido centrarse en los descubrimientos que cambian el mundo donde sitúa la acción, antes que en desarrollar psicológicamente a su protagonista. Es cierto que esto lo convierte en un tanto “plano” (y no digamos ya del resto de secundarios, recurrentes o no, que van apareciendo), pero tampoco afecta negativamente a la narración, salvo en el hecho de que se pierde mucha posible empatía que implicase al lector dentro de lo narrado.

Es Agente de Bizancio un libro curioso e interesante, una ucronía perfectamente planteada, coherente con las reglas internas del mundo descrito y que se sirve de los cambios para reflexionar en cierto modo (sin olvidar en ningún momento que lo que domina es la aventura, la acción, en sí misma) sobre nuestro propio pasado y nuestra historia, confrontando a dónde nos han llevado los avances tecnológicos o los enfrentamientos religiosos con el lugar dónde podrían habernos llevado si las cosas hubiesen sido, tan sólo, un poco diferentes.

Y como reflexión propia, uno se pregunta si es lícito, por mucho más famoso que sea, el incluir en la portada (tanto en la edición original como en la española) a tamaño mucho más grande el nombre de Isaac Asimov como "presentador" (apenas tres páginas hablando en general sobre las ucronías, más que del propio libro) que el del propio autor. En fin, marketing lo llaman, y si sirve para que alguien pique con un libro que merece la pena ser leído por si mismo, pues bienvenido sea.


viernes, 9 de mayo de 2008

Reseña: El bosque de los zorros

El bosque de los zorros.

Arto Paasilinna.

Reseña de: Aníbal Klondike.

Ed. Anagrama. Col. Compactos, 422. Barcelona, 2007. Título original: Hirtettyjen kettujen metsä. Traducción: Dulce Fernández Anguita. 262 páginas.

Esta novela, obra de uno de los escritores más populares de Finlandia, narra las extrañas vivencias y convivencias de tres personajes que no pueden ser más diferentes entre sí. Oiva Juntunen es un ladrón y estafador que durante años se ha pegado la vida padre en su lujoso apartamento de Estocolmo, gracias a los lingotes de oro que robó, dando un gran golpe, al Banco Nacional de Noruega, junto a sus dos cómplices, que fueron detenidos y encarcelados por el delito. Precisamente la puesta en libertad de sus antiguos colegas es lo que le obliga a desaparecer, pues, como buen gángster, no le gusta la idea de compartir su botín. Así pues, vuelve a su país natal, Finlandia, donde desentierra el oro escondido en la granja de su familia y se interna con él en los páramos y pantanos de la Laponia profunda.

Allí, hambriento y medio devorado por los mosquitos, le encontrará Sulo Remes, Comandante del Ejército finlandés, quien se halla de excedencia por su fracaso matrimonial y su afición al alcohol.

En aquel remoto y solitario lugar del mundo, estos dos hombres tan distintos encuentran el modo de convivir de forma más o menos pacífica, haciendo de una cabaña de madera abandonada su refugio frente al mundo que les amenaza. Y todo esto, sencillamente, gracias al oro, y a la ambición y el egoísmo que ambos comparten.

Pero todavía alguien más se habrá de unir a ellos. Naska Moniskoff, una entrañable anciana de noventa años, aparece un día por allí, medio congelada, con su gato Jermakki, tras haber caminado muchos kilómetros a través de la ventisca después de escapar de los servicios sociales que pretendían llevarla a un asilo.

Lejos de cualquier lugar habitado, perdidos en medio de la taiga, ese Bosque de los Zorros que da título al libro (título mutilado, por cierto, ya que su verdadero nombre es “el Bosque de los Zorros Ahorcados”), bajo la luz iridiscente de la aurora boreal, estos tres singulares personajes afrontan la existencia en la inmensidad del páramo, al margen de la sociedad y de sus reglas, cada uno de acuerdo a su manera de ser.

No es, sin embargo, la novela de Paasilinna, una reflexión metafísica sobre la naturaleza humana, las relaciones interpersonales o la rigidez de las normas sociales, aunque todo ello subyace a lo largo de toda la obra, expuesto a la libre interpretación del lector que lo desee. Este libro es, nada más, y nada menos, la historia, amena y muy entretenida, de los personajes descritos, protagonistas de toda una serie de situaciones de lo más absurdas y desconcertantes, todo ello con abundantes dosis de humor —humor nórdico—, que engancha al lector desde el principio.

Es cierto, todo hay que decirlo, que la trama de la novela es, en cierto modo, simple o poco elaborada, al igual que algunos personajes o situaciones, que no tienen una razón de ser muy clara, pero eso es algo que no se tiene en cuenta, porque, en mi opinión, no es eso lo que pretende el autor, ni lo que busca el lector, que se ve más que compensado por el placer de su lectura y el humor que, sin llegar a la hilaridad, desprende el conjunto de la obra, incluso en situaciones que a priori nada tendrían de divertidas.

Un pequeño reparto de personajes secundarios, como el policía rural Hurskainen, las “señoritas” Agneta y Cristine, o el simpático Quinientos contribuyen a hacer de éste un libro francamente recomendable si lo que se quiere es pasar un rato entretenido y conocer de una manera diferente muchos aspectos de una cultura y una literatura —la escandinava—, que, pese a su escasa difusión, tiene muchas cosas interesantes que ofrecer.


martes, 29 de abril de 2008

Reseña: Crónicas del Señor de la Guerra

Crónicas del Señor de la Guerra.

Bernard Cornwell.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Volumen 1. El rey del invierno. Muchnik Editores. Col. Quinteto 17. Barcelona, 2002. Título original: The Winter King. Traducción: Concepción Cardeñoso Sáenz. 621 páginas.

Volumen 2. El enemigo de Dios. Muchnik Editores. Col. Quinteto 26. Barcelona, 2002. Título original: Enemy of God. Traducción: Concepción Cardeñoso Sáenz. 575 páginas.

Volumen 3. Excalibur. El Aleph Editores. Col. Quinteto 34. Barcelona, 2002. Título original: Excalibur. Traducción: Concepción Cardeñoso Sáenz. 589 páginas.

En la Britania del siglo V, el rey supremo Uther Pendragón se erige como la última defensa de los reinos unidos de los britanos contra la amenaza sajona proveniente del continente y cuya presión es cada vez mayor. Pero Uther está a punto de morir y su herededo, su hijo Mordred, es apenas un recién nacido, así que dejará la regencia y el destino de la unidad britana en manos de su hijo ilegítimo: Arturo, caudillo guerrero, que se verá atado a los juramentos prestados, a los que su honor le impedirá faltar o renunciar, a pesar de sus propios sueños y capacidades, mayores de los de muchos otros que se considerarán sus superiores. Y así comienza una épica narración en la que la pervivencia de los enfrentados reinos britanos está en juego, frente al aparentemente imparable avance de los sajones y a las luchas internas que desgarran la unidad alcanzada por Uther Pendragón. La tarea no es en absoluto sencilla y Arturo se enfrenta a una vida de continuas batallas y derramamientos de sangre, en la que los momentos de solaz y esparcimiento serán como rayos de sol entre nubes de tormenta.

Hay que decir que, aunque dividido en estos tres voluminosos tomos, en verdad se trata de una única novela, ya que cada entrega continúa sin pausa con lo narrado en la inmediatamente anterior. Sin embargo, también se debe indicar que podría ser recomendable el dejar un reposo entre libro y libro, un descanso que permite un mejor disfrute sin sobresaturarse.

El relato se nos presenta escrito por un monje en el final de sus días; de origen sajón, pero criado por los britanos, llegaría a convertirse en uno de los mayores valedores y amigos de Arturo. En varios momentos se recalca que lo que se está contando es la historia real, los sucesos como él mismo los viviera y fuera testigo, en contraposición a las visiones de poetas y juglares que pervirtieran la historia para hacerla más hermosa, más acorde a los gustos de sus oyentes, enalteciendo a algunos personajes que en realidad poco o nada tenían que ver con esa visión “caballeresca” extendida con posterioridad.

Cornwell intenta un acercamiento “histórico” a la figura del caudillo britano, Arturo, que nunca quiso ser rey, pero sin renunciar por ello a la visión más “mítica” que nos han trasmitido los bardos, poetas y escritores de siglos posteriores. Así el autor se embarca en una fiel reconstrucción, ampliamente documentada, de lo que podría ser la vida en la Edad Media, en una tierra como Britania; de los usos y costumbres; los tipos de construcciones; los ropajes de nobles, soldados y plebeyos; de los utensilios, bélicos y cotidianos, que los mismos utilizaban; en una búsqueda de realismo que da una gran profundidad al relato sin restarle un ápice de emoción. Se nota en todo momento, licencias aparte, una búsqueda de veracidad que acerca mucho más lo narrado al lector. Mención aparte merecen las cruentas descripciones de las numerosas batallas en las que se ven envueltos los protagonistas, lejos de la poética de los juglares, pero no exentas de un cierto lirismo salvaje y épico. Un realismo que se muestra en los ejércitos de leva, con pocos soldados “profesionales”, con cada guerrero portando todo lo que necesita para el enfrentamiento, tanto armas, como aperos y provisiones; en las descripciones de las luchas, en el sufrimiento, en las tripas que se derraman, en los olores que casi se intuyen, en los diálogos entrecortados, auténticos, en el miedo que se palpa y en el sobreponerse al mismo que hace de los guerreros auténticos locos o héroes…

Realismo, sin embargo, que choca a veces con el uso de personajes, circunstancias o nombres claramente anacrónicos con la época en que está situada la acción; hecho que el mismo autor se ocupa de remarcar y justificar en unos pequeños apéndices al final de cada volumen, como un guiño o concesión al lector moderno que espera ciertas cosas de la leyenda artúrica que no podrían faltar.

Es curioso en ese sentido tener en la mente las diferentes versiones del ciclo como La Muerte de Arturo de Mallory, ya que resulta muy interesante ver los paralelismos y los lugares en que difieren (muchas veces radicalmente) unas y otra. Es interesante ver cómo son tratados los diferentes hechos “históricos”, las batallas, la vida diaria o algunas de las leyendas periféricas del ciclo, incluidas aquí como interesantes añadidos al trasfondo de la historia principal en curiosas versiones del origen del mito.

Ofrece Cornwell el retrato de un mundo en proceso de cambio, con referencias a la ya lejana ocupación romana, que dejó un barniz de civilización y cultura en los dirigentes y reyes britanos, pero que se va perdiendo en la ignorancia de guerreros y campesinos (estremecedora la imagen en la que unos soldados aclaman al rey entrechocando las astas de sus lanzas contra un mosaico mientras las piezas cerámicas van saltando con cada golpe al suelo), y con la llegada del cristianismo que va extendiéndose en una difícil convivencia con las creencias ancestrales de los pueblos allí instalados y que muchas veces llevará a la confrontación.

Es llamativo, dentro de esa búsqueda del realismo por encima de todo y con la que podría entrar en contradicción, el uso que hace Cornwell del recurso mágico. Como personaje omnipresente (aunque muchas veces ausente) no podía faltar el mago Merlín, consejero con agenda propia de Arturo, y con el que el autor juega a no tomar partido sobre la existencia real o no de la magia, decantándose a un lado u otro según el momento en que se encuentra la narración, ofreciendo muchas veces la explicación mundana (trucos, sugestión, engaño…) del acto milagroso, pero dejando en el aire la duda sobre la causa de alguno de ellos, quizá para que sea el propio lector el que elija lo que más le satisfaga.

En la épica historia de este Señor de la Guerra, y ahora que está tan de moda la saga de Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin, se podría decir que ésta es un claro antecedente de la misma. A lo largo de sus muchas páginas aparecen multitud de personajes de los que no se debe encariñar uno demasiado, batallas por doquier, política, traiciones, muertes a granel, interesantes dosis de romance, adulterio e insinuación de incesto, enfrentamientos entre reinos “hermanos”, un continuo cambio de alianzas en el juego de los tronos, amenazas exteriores, y hombres, y mujeres, con una gran profundidad psicológica, ambiguos, llenos de matices… humanos al fin y al cabo.

Se mueven estos personajes en un mundo que termina, el de los dioses paganos, y uno que avanza imparablemente, el del cristianismo, que provoca muchas tensiones y que no es sino reflejo de la agonía de los reinos britanos ante los sajones, a los que tratan de detener. Merlín, paladín de los antiguos dioses, buscará por todos los medios restaurar su poder y ascendencia sobre la antigua Britania para recuperar el antiguo esplendor perdido.

Todo ello, sobre todo esa búsqueda de realismo, conduce al autor a un final algo anticlimático, pero no por ello menos emocionante. En el tercer tomo, tras la gran batalla de mediado el mismo, se produce una larga “despedida” (casi medio libro) mucho más tranquila con un repunte de épica en el último tramo, con una batalla que no llega a alcanzar las cotas de la anterior y que deja paso a un final más poético y triste. Es el fin de una era, de una forma de entender el mundo, y de una magnífica novela (o trilogía) destinada a pervivir en la memoria.

jueves, 24 de abril de 2008

Reseña: Sauce ciego, mujer dormida

Sauce ciego, mujer dormida.

Haruki Murakami.

Reseña: Santiago Gª Soláns.

Tusquets editores. Col. Andanzas # 649. Barcelona, 2008. Título original: Mekurayanagi to, nemuru onna. Traducción: Lourdes Porta (del prólogo: Jordi Beltrán). 386 páginas.

Siempre me ha parecido complicado hacer una reseña sobre una antología de relatos, sobre todo porque es muy difícil que todos ellos mantengan un mismo nivel. En este caso, sin embargo, con sus altibajos inevitables, los 24 cuentos incluidos en Sauce ciego, mujer dormida, se defienden juntos y por separado como una lectura plena y atractiva. Abarcan los mismos un amplio periodo de la producción de Haruki Murakami, desde 1983 hasta 2005, lo que permite hacerse una buena idea del devenir de la carrera literaria del autor.

Todos los relatos, a pesar de su enorme variedad (muchas veces fruto de la fusión temática entre oriente y occidente que tan brillantemente cultiva este autor), parecen partir de un hecho cotidiano, cercano, para de una forma absolutamente natural desgajarse en cierto modo de la realidad y mostrar al lector una esquina de su mundo que no se esperaba. Un suceso enigmático, una decisión inesperada, algo que se sale fuera de lo común, cualquier pequeña cosa puede dar lugar a lo narrado. Los toques fantásticos que contienen muchos de ellos están asumidos como si no fueran nada en absoluto extraordinario; como si no debieran llamar la atención, sino aceptarse como una faceta más del diario discurrir de sus protagonistas. Muchos relatos, como gajos de la existencia, ni siquiera tienen un final definido, sino que continúan su historia más allá de las páginas del libro.

El lector se encuentra ante auténticos retratos, fotografías en movimiento, tanto de personajes, como de motivaciones o sensaciones. De alguna manera se produce el encuentro con lo extraño, rompiendo la cotidianidad, pero en vez de tratar de aventurar una explicación al suceso, simplemente el autor se hace eco del mismo (hay un recurrente uso de la primera persona, como si se quisiera acercar mucho más a lo narrado) con naturalidad, sin ofrecer respuestas, sino tal vez buscando que el lector se involucre y elucubre sus propias deducciones. Muchas veces, ni siquiera existe ese intento, sino que busca tan sólo provocar un sentimiento, una emoción evocada por las palabras.

Quizá como hilo conductor entre todos ellos, es inevitable darse cuenta de la existencia de una profunda reflexión, a veces irónica, a veces casi filosófica, sobre el propio acto creativo, sobre la escritura principalmente, ya que es indudablemente lo que más de cerca toca al autor, pero también sobre otros ámbitos como pueden ser el mismo acto de la lectura, la pintura o la música (ese jazz que parece impregnar todas las páginas del libro, aunque tan sólo se mencione en unos pocos relatos). Existe un deseo subyacente de querer transmutar la realidad por la creación, de alcanzar un lugar “ideal”, que quizá no lo sea tanto.

Si hay un elemento que se puede decir que es prácticamente inherente a todos los cuentos es el surrealismo, rozando desde lo humorístico (“Somorgujo”) hasta lo grotesco y visceral (“Cangrejo”), ofreciendo siempre una peculiar poesía con las imágenes que se van abriendo ante la mente del lector. Así se puede rastrear en “La tía pobre” (que une ambas cosas, creación y surrealismo, al hablar de un hombre que tiene que acarrear sobre su espalda a la tía pobre del título, creada por su mente sin saber muy bien cómo y al que todos le dan consejos sobre cómo debería librarse de la misma), o en “El mono de Shinagawa” (quizá uno de los más bellos relatos de la antología) o en “La piedra de riñón que se desplaza día tras día” (y creo que el título ya es bastante explicito) o en “Conito” (donde los cuervos hablan, convertidos en descerabrados críticos)…

Pero encontramos muchos temas o reflexiones más aparte de los ya mencionados. En “Hanalei Bay” el autor da muestras de una profunda humanidad y empatía, a la vez que nos muestra la manera tan simple en que se forman los mitos. En “El espejo” ofrece un toque de terror (más de ambiente que de susto) al enseñar cómo lo sobrenatural puede entrar sin aviso en la vida de uno de la manera más simple. Hay historias que se cuentan dentro de las historias, como la que da título al volumen, “Sauce ciego, mujer dormida”, donde el desasosiego generado por las circunstancias extrañas domina el intelecto hasta que se recupera lo cotidiano; y en el lado opuesto “La chica del cumpleaños” muestra cómo ese mismo encuentro con lo extraño, lo que te aparta del habitual discurrir de tu vida, te cambia y te transforma en cierto grado, de forma que a pesar de seguir siendo la misma persona, ya eres alguien distinto.(genial el detalle de ni siquiera desvelar el deseo solicitado). Todos los relatos tienen un toque poético, mayor o menor, pero siempre presente, un sentimiento evocador, una belleza intrínseca, una fuerte carga emotiva que tanto puede ser de esperanza (impresionante en su brevedad, “Un día perfecto para los canguros”) o de indefensión y repulsa (“Nausea, 1979”)

Dentro de la enorme variedad temática, imposible de acotar al igual que es imposible circunscribir los relatos a un género concreto, el autor mantiene varias constantes, como pudiera ser el recurrente y ya mencionado uso de la música, o la presencia del mar, concurrente en tantos de sus relatos que se convierte en un protagonista más, con personalidad propia, desencadenante o testigo de los hechos; como en “El séptimo hombre”, donde la pena y la culpa impiden el acceso a la redención, a la concesión del perdón para uno mismo. La mezcla es continua, el surrealismo siempre presente se hace ciencia ficción en “El hombre de hielo” (donde el protagonista es literalmente lo que sugiere el título) o el relato de viajes y búsqueda interior se transmuta en misterio en “Los gatos antropófagos” (donde lo extraño puede estar tanto fuera como dentro de uno, y las dimensiones pueden confundirse)…

Sauce ciego, mujer dormida es, en definitiva, una colección de relatos para paladear con calma, para disfrutar de las sensaciones que crean en la mente, y a los que volver pasado un tiempo a seguir descubriendo todo aquello que una primera lectura no ha dejado al descubierto, que seguro que es mucho. Se obtienen más preguntas que respuestas, pero merece la pena, al fin y al cabo son relatos como la vida misma.

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Reseñas de otras obras del autor:

Kafka en la orilla.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas.


lunes, 21 de abril de 2008

Avance: Un número de miedo para Historias Asombrosas

Recibimos el siguiente comunicado de prensa:

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En mayo estará disponible en librerías especializadas y en Scifiworld.es la segunda entrega de Historias Asombrosas.

Un segundo número dedicado al terror que, a lo largo de sus cien páginas, conseguirá perturbar vuestros sueños con autores de auténtico lujo como Pilar Pedraza, Domingo Santos, Laura Gallego, Elia Barceló o el mismísimo Ramsey Campbell entre otros.

Recuerda, en mayo, Historias Asombrosas ¡No faltes a la cita!
Reservalo en Scifiworld.es o en tu librería especializada.

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Para más información:

SCIFIWORLD

www.scifiworld.es

prensa@scifiworldmagazine.com

viernes, 18 de abril de 2008

Reseña: El niño del pijama de rayas

El niño con el pijama de rayas.

John Boyne.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Salamandra. Barcelona, 2008 (15ª edición). Título original: The Boy in the Striped Pyjamas. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 219 páginas.

De la contraportada del libro:

“Estimado lector, estimada lectora:

Aunque el uso habitual de un texto como éste es describir las características de la obra, por una vez nos tomaremos la libertad de hacer una excepción a la norma establecida. No sólo porque el libro que tienes en tus manos es muy difícil de definir, sino porque estamos convencidos de que explicar su contenido estropearía la experiencia de la lectura. Creemos que es importante empezar esta novela sin saber de qué se trata.

No obstante, si decides embarcarte en la aventura, debes saber que acompañarás a Bruno, un niño de nueve años, cuando se muda con su familia a una casa junto a una cerca. Cercas como ésa existen en muchos sitios del mundo, sólo deseamos que no te encuentres nunca con una.

Por último, cabe aclarar que este libro no es sólo para adultos; también lo pueden leer, y sería recomendable que lo hicieran, niños a partir de los trece años de edad.

El editor”.

Lo cierto es que resulta muy difícil llegar “virgen” a este libro, pues es uno de esos cuya “fama” corre como la pólvora de boca en boca y de recomendación en recomendación, sobre todo en la prensa (hace nada vi en un periódico una de esas listas de “lo más vendido en…” donde lo destripaban vilmente en tres líneas), pero la verdad es que es lo más aconsejable. Lo interesante de El niño con el pijama de rayas es ir descubriendo por uno mismo y desde el primer capítulo todas las referencias que va ofreciendo la mirada inocente del pequeño protagonista y sus infantiles, e ingenuas, interpretaciones de lo que va viendo. Cuánto menos se sepa de la trama, mejor; no es imprescindible, desde luego, pero se disfruta más.

Utilizando muchos de los recursos de la Literatura Infantil (llamadas de atención, repetición machacona de frases clave, nombre mal transcritos como los entendería un niño…) Boyne ofrece un relato para adultos lleno de poesía y horror. Sinceramente, creo que, a pesar de lo que diga la sinopsis, los adolescentes de hoy en día carecen del acervo cultural necesario para captar en toda su intensidad el significado pleno de esta novela.

El niño con el pijama de rayas muestra al lector las diferentes caras del “monstruo”, invitando a una reflexión sobre los horrores a los que puede descender el ser humano, mostrando sin embargo rasgos de “humanidad” y de amor. Hay aquí una radiografía del alma humana, de sus abismos y de sus cimas, de cómo se puede continuar con la vida cotidiana o llegar a acostumbrarse a hechos terribles mientras no le toquen a uno como su protagonista. Se plantea el dilema moral de la sumisión a la obligación o al deber; a la ceguera voluntaria que permite que los actos horribles cometidos contra otros se conviertan en justificables. Habla el autor del odio oculto bajo el barniz de la razón. Y todo ello bajo el prisma que otorga la mirada inocente de un niño de nueve años que no puede entender que exista el mal en su mundo, que sólo desea jugar con sus amigos, vivir en su barrio y crecer feliz; un niño que tendrá que juzgar lo que le va sucediendo según los parámetros que su protegida vida le ha ofrecido, y que le llevarán a ejercer la amistad a pesar de todas las barreras que se interpongan en su camino.

Ya desde el primer capítulo se puede intuir por dónde va a discurrir la narración, ya se plantean los parámetros de tiempo y lugar a los que circunscribir la acción, pero hay que ir escarbando entre las pistas que deja caer la visión distorsionada de un niño que no quiere que su mundo cambie. Las referencias se van sucediendo, conformando un ameno relato, donde poco a poco se va desvelando el horror oculto tras el traslado de la familia a través de una narración casi siempre amable hasta el mazazo final.

El niño con el pijama de rayas es un libro que se lee de un tirón, gracias a su brevedad y a la agilidad de la escritura de la que hace gala Boyne. No es, tal vez, para tanto la fama que está alcanzando merced a la recomendación popular que ha propiciado que haya alcanzado ya su 15ª edición, pero sí que es, desde luego, una lectura muy recomendable, destinada a agitar conciencias y a provocar la reflexión. Creo que merece la pena sumergirse en sus páginas.

Y no deje que se lo cuenten.

martes, 15 de abril de 2008

Reseña: El misterio de Stonehenge

El misterio de Stonehenge.

Jack Williamson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 103. Madrid, 2008. Título original: The Stonehenge Gate. Traducción: Isabel Notario Matey. 314 páginas.

Jack Williamson publicó su primera historia en 1928, atesorando desde ese momento hasta su muerte en 2006 una enorme y exitosa producción tanto en relatos como en novelas. Se le podría considerar casi como uno de los últimos “dinosaurios” de la ciencia ficción clásica, en la que parece haberse quedado anclado, con una forma de entender el género ajena al paso de los años. Y eso se nota tal vez en demasía. A pesar de estar publicado originalmente en el año 2005, El misterio de Stonehenge tiene el sabor de la SF escrita durante los años 50 ó 60 del siglo pasado, rezumando a lo largo de sus páginas una ingenuidad a veces enternecedora y a veces realmente sonrojante.

Cuando el profesor Dereck Ironcraft descubre en unas fotos de radar satélite unos restos similares al círculo de Stonehenge enterrados bajo las arenas del Sahara profundo, decide junto a tres amigos docentes (de muy diversas disciplinas académicas) utilizar sus vacaciones para montar una excursión privada e investigar las antiguas estructuras. A través de la narración en primera persona de Will Stone, profesor de literatura inglesa, asistiremos a las peripecias que tal decisión desencadenará en el grupo. El protagonista se convierte en un testigo pasivo de la narración, dejando que las cosas sucedan a su alrededor sin llegar en momento alguno a implicarse en la acción, simplemente observando y dando testimonio de los hechos.

La forma de narrar, como ya he dicho, es excesivamente “clásica”, excesivamente pegada a un “sentido de la maravilla” que busca sorprender por la simple acumulación de descripciones y situaciones extrañas cuando hoy en día la sorpresa es muy difícil de conseguir. La fascinación no pasa ya tan sólo por describir sociedades, planetas o civilizaciones ajenas a la experiencia humana (que aquí las hay, y unas cuantas), sino en hacerlas verídicas a los ojos del lector, en explicarlas, justificarlas y hacerlas de alguna manera posibles, aunque sean inexplicables. No basta con exponer una sucesión de “maravillas” evocadoras que no se sostienen más que por su propia existencia o de hechos que suceden porque sí; hay que bajar a la arena y hacerlas verídicas.

El misterio de Stonenhenge es, en ese sentido, terriblemente ingenua. Los personajes no tienen unas reacciones demasiado coherentes ante las cosas que les suceden, no se cuestionan lo que les ocurre. Simplemente lo aceptan, con excesiva rapidez y naturalidad, y continúan la aventura en una especie de huida hacia delante, saltando de planeta en planeta sin explicación alguna. Que pasando por en medio de dos columnas de piedra aparecen en otro planeta, pues estupendo; que encuentran una carretera que se mueve sola y avanza desde hace siglos sin agotarse su energía o a pesar de estar cortada en algunos trozos ¡qué más da!, la cogen y a ver dónde les lleva. Las cosas funcionan porque sí, no hay un proceso por el que el lector comprenda las decisiones o las conclusiones a las que llegan los protagonistas; todo avanza porque lo necesita la trama y ninguno de los implicados lo cuestiona, sino que se aprovechan de ello y a otra cosa mariposa. Juega Williamson con la tecnología aventurada hoy por otros escritores (caso del ascensor espacial o de los robots de material dúctil, que pueden asumir diferentes formas), pero al contrario de éstos no intenta en ningún momento justificar su existencia o intentar explicar su funcionamiento. Todo está supeditado a la aventura en sí, incluso el tiempo de la narración, confuso en algunos momentos en que sin indicación o elipsis alguna pasan días sin que el lector sepa dónde se han metido.

Sin embargo es una novela tan sumamente “naif” que consigue, una vez asumido el propio absurdo implícito en ello y forzando un tanto (mucho) la suspensión de la incredulidad, que se lea hasta con simpatía, con nostalgia, como un residuo de una forma de narrar que hoy ha quedado de alguna forma obsoleta, pero que tantos buenos ratos nos hizo pasar cuando nos iniciábamos con los clásicos de la Edad Dorada. Unos libros de una época más inocente quizá, cuando las cosas parecían más fáciles, los extraterrestres mucho más posibles y la aventura era en sí la única justificación para la propia aventura, sin introspección ni, muchas veces, cierta lógica (y es que el libro está plagado de detalles que tan sólo pueden ser calificados de incoherentes).

Hay poco lugar para la reflexión, y cuando la hay, la misma es tan sutil como un martillazo en la cabeza, como ese planeta donde transcurre el grueso de la narración y en el cual el enfrentamiento racial entre blancos y negros es tan marcado que casi cae en la parodia más que en el reflejo de lo vivido en nuestro mundo, o como ese supuestamente sorprendente origen de la humanidad que se desvelará sacado de la manga de uno de los protagonistas.

La Factoría sigue empeñada, por otro lado, en lastrar el agradable disfrute de sus libros, traducido aquí en la sustitución de nombres de personajes en medio de la narración (poner el nombre de uno de los protagonistas en vez del que de verdad está participando en la acción o diálogo; cosa que sucede unas cuantas veces) o la inclusión de guiones donde no corresponde. No es, desde luego, tan grave como otras veces, pero ya es demasiada reincidencia a lo largo de los años. Deberían mejorar el tema, en su propio interés.

En definitiva, El misterio de Stonehenge (por cierto, me pregunto a qué viene el cambio en el título de ese proclive a la confusión “El misterio de…” en vez del mucho más descriptivo y acertado “La puerta de…” original) es un libro actual que debe ser leído como si hubiese sido escrito un buen porrón de años atrás y dejando a un lado toda la incredulidad posible. Sólo así se conseguirá entrar en la narración y seguir el galáctico periplo de los protagonistas con cierto interés y fascinación, que supongo que es lo que el autor buscaba.