lunes, 18 de junio de 2018

Reseña: Iskari

Iskari.

Kristen Ciccarelli.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nocturna ediciones. Col. Literatura mágica # 55. Madrid, 2018. Título original: The Last Namsara. Traducción: Carmen Torres y Laura Naranjo. 463 páginas.

Iskari es la primera de tres novelas independientes, autoconclusivas, que comparten una misma ambientación y algunos personajes, y que se desarrollan en un mundo poblado de dragones donde los cuentos tienen una singular importancia. Hay un corazón oscuro latiendo debajo de estas páginas cargadas de fantasía juvenil para todos los públicos y edades. Dentro de una trama que parte a medias del camino del héroe —heroína en este caso— Ciccarelli no elude introducir en la narración temas potencialmente escabrosos, sobre todo en el entorno de las relaciones amorosas en que las partes no se encuentran en una posición de igualdad, algo que invita como lector a un público con cierta madurez. La autora construye una intensa historia con variadas facetas. Intriga palaciega, penitencia —y el afán de perdón lleva tanto a cumplir las más grandes gestas como a traicionar aquello que se quiere—, esclavitud, rebelión, romance prohibido, aventura, más aventura, dragones, relaciones familiares conflictivas, lealtades inesperadas y cuentos con un poder a tener en cuenta. Y es que las palabras. dependiendo de lo que relaten, son magia.

Cuando era pequeña Asha cometió el crimen de contar las antiguas historias a los dragones y pagó un alto precio. Kozu, el Primer Dragón, la quemó, incendiando posteriormente buena parte de la ciudad de Firgaard. Tras recuperarse de sus terribles heridas, marcada de por vida con una cicatriz que le desfigura rostro y cuerpo y  dispuesta a redimir su error, la niña creció para convertirse en una cazadragones implacable, la Iskari, tomando el nombre de una deidad letal. Pero, por mucho que se esfuerce, en su interior siente que sigue siendo la misma muchacha rebelde y perversa que no puede evitar contar una historia prohibida para atraer y matar a un nuevo dragón. De alguna manera cree que no merece el perdón de su pueblo, pero sigue intentándolo. Y como parte de su penitencia acepta resignada su inminente boda con el inflexible Jarek, comandante de la guardia real. El cielo parece abrirse para ella cuando el avistamiento, después de muchos años, de un retornado Kozu lleva a su idolatrado padre, el rey de Firgaard, a ofrecerle la posibilidad de romper el enlace. Si consigue dar muerte al viejo dragón la maldición quedará rota, las viejas historias perderán su funesto poder y ella se verá liberada de su compromiso. Tiene poco tiempo para conseguirlo, apenas una semana, y muchos obstáculos en su contra.

 © Elsa Kroese
Las historias tienen poder, encienden el fuego de los dragones, por eso está prohibido contarlas en voz alta, incluso escribirlas es peligroso. Antaño llevaron a la muerte a la madre de Asha, cuando le contaba cuentos para alejar sus terrores nocturnos y la consumieron hasta arrastrarla a la tumba. Con gran acierto, la narración incorpora alguno de estos cuentos prohibidos y de las leyendas y creencias del reino resaltados en hojas grisáceas e intercalados entre algunos de los capítulos —como siempre, las ediciones de Nocturna son una preciosidad—. Cuentos que ayudan a interpretar ciertos detalles significativos de la trama o de los eventos del pasado. Leyendas que encierran una verdad que puede no concordar con la historia oficial, que pueden encerrar enseñanzas y advertencias que llevan mucho tiempo silenciadas. No hay en este mundo otra magia más allá de la de las propias palabras. Los cuentos prohibidos, descubre el lector, atraen a los dragones, a quienes gusta corresponder con historias propias, pero además encierran lecciones vitales. Son cuentos que todos piensan han sido corrompidos por el odio de un dios vengativo, convirtiéndolos en veneno para quien los recite, pero de los que todavía se puede extraer esperanza a poco que uno sepa escuchar —hay que estar atento, eso sí—. Viejas historias que muestran una ruptura entre el pasado y el presente, un cambio de paradigma en que los dragones pasaron a ser el enemigo, con una lección muy en la línea de Cómo entrenar a tu dragón.

Ciccarelli presenta una sociedad estrictamente jerarquizada, con todo un pueblo derrotado esclavizado y al servicio de otro. Los derrotados skral no pueden tocar, mirar a los ojos o dirigirse en primer lugar a sus dueños draksors. Una dominación cargada de tensión, de injusticia y deseos de libertad que son duramente castigados. En ese contexto que un esclavo interpele directamente a la princesa, que se atreva a tomarse ciertas confianzas con ellas, va a transgredir todo lo establecido. Y eso es precisamente lo que va a hacer Torwin, uno de los esclavos de su prometido, consiguiendo inesperadamente abrir una grieta en la coraza de la altiva Asha.

© Judit Mallol
© Judit Mallol
Asha es una mujer decidida que busca superarse, centrada en su misión, víctima de una carga que le lastra desde su enfrentamiento primigenio con Kozu. Se siente en la obligación de ofrecer una reparación al pueblo que tanto sufrió y perdió en el incendio de la ciudad. Y lucha denodadamente por enmendar su error aún a pesar del desprecio que sigue suscitando entre su propia gente. Una situación que ha moldeado a la baja su autoestima, considerándose más allá del perdón. Poco remilgada y sin miedo a mancharse las manos y a arriesgar su propia vida en el enfrentamiento con los dragones, aún así, es una princesa muy consciente de su estatus, muy por encima de los esclavos que la sirven y a los que apenas percibe. Es una combatiente valerosa y habilidosa, pero con las necesarias debilidades para poder entrever su humanidad bajo la coraza de cazadora. Su historia comporta un mensaje implícito de que una mujer decidida puede ser motivo de profundos cambios en la sociedad, reparando injusticias y prejuicios, si tan sólo tiene quien la escuche y la apoye.

© Judit Mallol
© Judit Mallol
La trama romántica presenta algunas vertientes que se podrían considerar conflictivas, aunque también presenta lecciones a asimilar. Es un triángulo en toda regla, aunque  el amor no esté implícito en todos sus vértices. Es obvio que Asha no ama a Jarek y que este sólo la desea como un camino para ascender a lo más alto del poder, imponiendo sobre ella su voluntad. Entre Torwin y la joven sí que existe una atracción, aunque también desigual dado que ella está muy por encima del esclavo, al que durante muchas páginas mira desde arriba y con suficiencia de dueña. Hay aquí dos «relaciones» totalmente desequilibradas, con uno de los participantes imponiendo su poder sobre otro. Situaciones de dependencia forzada que se traducen en acoso, y abusos físicos y emocionales, sobre todo por parte de Jarek. Es cierto que Asha cambia su forma de ver la problemática de la esclavitud conforme avanza el libro, pero hay que saber interpretarlo para no dar por buenos ciertos comportamientos tóxicos, sino extraer la verdadera lectura implícita en el crecimiento personal de la Iskari, su paso de una joven arrogante y condescendiente a una mujer decidida, consciente de su valía y que aprende, por fin, de sus errores.

Iskari es una fantasía juvenil con una agradable ambientación y una historia que esconde más de lo que aparenta, a poco que se sepa extraer las lecciones en ella encerradas sin quedarse en el barniz que las protege. Invita a conocerse a uno mismo sin verse reflejado en las ideas preconcebidas de otros o eclipsado por las sombras que proyectan sobre su auténtica valía. A mirar más allá de las apariencias y a saber aceptar el apoyo sincero. A valorar la empatía, la igualdad y la libertad de elección. Y a amar la familia, siendo esta la que uno elige y no obligatoriamente en la que nace.

De ritmo rápido y una abundante acción que la hace agradablemente fluida, la autora concede más predominancia a la trama que al escenario, dibujado con cuatro esbozos que los sitúan en un país de contrastes, a medio camino entre el mundo clásico —incluidos combates y sacrificios en la arena como en las mejores peleas de gladiadores—, lo oriental y lo occidental tanto en costumbres como en geografía: al borde del desierto, el Rift, pero rodeada de fértiles montañas boscosas donde anidan los dragones. Se antoja en algunos momentos que Ciccarelli pudiera haber sido algo más sutil en la caracterización de los personajes, sin insistir tanto en las cualidades malvadas y traicioneras de alguno de ellos, en las dudas de otro, en la entrega de un tercero, pudiendo haberlas mostrado mejor con acciones que con palabras directas al lector, pero es lo que hay y no entorpece la rapidez de la historia. Es esta una historia de mentiras y traiciones, de una conspiración que quizá no sea la esperada, de descubrimiento y apertura al mundo, de culpa y búsqueda de una redención que al final encuentra un camino muy diferente para expresarse, de coraje, capacidad de adaptación, de sobreponerse a la adversidad y de lealtad entregada, de giros sorpresa propiciados por los propios engaños con los que conviven los protagonistas. Y de dragones, por supuesto, con un importante papel a desempeñar. Para adultos-jóvenes, dicen. No es mal público.
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