El emperador goblin.
Katherine Addison.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Alethé. Madrid, 2018. Título original: The Goblin Emperor. Traducción: Juan Pascual Martínez Fernández.598 páginas.
Es esta una novela sobre política y cambio social, juegos cortesanos e intrigas palaciegas, sobre el abuso y el poder, y sobre el abuso del poder, con el escenario y los personajes como principales concesiones al «fantástico», y una puesta en escena que retrotrae a las grandes cortes imperiales del Oriente de antaño, de la China imperial de la Ciudad Prohibida o de la del Rey de Siam, incluso a la de los tiempos finales de la Rusia zarista. En una atmósfera exótica, con una casi sutil, pero vital, pincelada de steampunk, donde la magia se supone, pero apenas hace acto de presencia —se pueden contabilizar apenas el uso de un par o tres, según si hablar con los muertos se considere como tal, de hechizos en todo el relato—, la acción se desenvuelve entre audiencias públicas y audiencias privadas, entre diplomacia e intrigas, entre entrevistas, bailes y juegos cortesanos... Con una cadencia suave y armónica, se trata de una novela tranquila e introspectiva, sin demasiadas estridencias y apenas un poco de sangre, que versa sobre la inesperada llegada al poder de un joven heredero, de su zozobra e intento de consolidación, de los peligros y de las trampas políticas y diplomáticas a las que se enfrenta, que no van a ser precisamente pocas. Una novela pausada, reflexiva, sobre el ejercicio del poder y sus responsabilidades, y sobre todo lo que lo rodea, desde las injusticias sociales al buen gobierno. Al final, hay en sus páginas mucha más luz que oscuridad, aunque la presencia de la segunda sea imprescindible y palpable para que la primera brille más. Una novela, ¿por qué no decirlo?, optimista y esperanzadora. Quizá incluso demasiado, aunque sea algo que no hace mal a nadie. De vez en cuando también se agradece una historia refrescante sin un excesivo componente sombrío.