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lunes, 11 de agosto de 2008

Reseña: Spin

Spin.

Robert Charles Wilson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2008. Título original: Spin. Traducción: Xavier Riesco. 491 páginas.

Gran parte de la producción literaria de Robert Charles Wilson (por no decir la práctica totalidad) se basa en mostrar un extraño suceso que rompe de alguna manera las leyes de la física de un modo más bien catastrófico para la humanidad (o la parte de ella cercana al lugar donde sucedan los hechos) y, a partir de ahí, dedicarse por un lado a relatar el intento de esclarecimiento de las causas y efectos de dicho suceso y, por otro, a seguir las peripecias vitales de una serie de personajes que se ven en alguna medida “tocados” por el fenómeno y a ver cómo el mismo afecta, trastoca y cambia sus vidas.

Spin, premio Hugo 2006, no es una excepción. El suceso desencadenante en esta ocasión es la aparición repentina de una misteriosa barrera que envuelve toda la Tierra. Una barrera que, en efecto, desafía las leyes de la física conocida, dejando pasar la luz del Sol pero no la de las estrellas o, mucho más importante, haciendo que el tiempo en la Tierra discurra mucho, mucho más despacio que en el exterior de la misma.

Las vidas “tocadas” por el fenómeno en esta ocasión son las de los gemelos Diane y Jason Lawton, quienes reaccionarán de forma totalmente opuesta ante el Spin: Jason se volcará en la investigación científica intentando descubrir el origen y las causas, el quién ha provocado el fenómeno y su porqué, llevándolo hasta sus últimas consecuencias; Diane, sin embargo, elige el camino contrario, volviéndose hacia la religión, pasando por diferentes filosofías y estados de fanatismo. Entre ambos se encontrará Tyler Dupree, su mejor amigo, enamorado sin esperanza de Diane y admirador de la mente prodigiosa de Jason. Su presencia como narrador de la historia al haberse inyectado una misteriosa droga que, entre otros efectos mientras actúa, produce en el paciente grafomanía, la inevitable compulsión de escribir de forma casi maniaca lo que uno tenga en su mente, permite a Wilson presentar la narración desde la perspectiva de un testigo excepcional, conocedor y en muchas ocasiones participante de los hechos en primera persona.

La historia comienza con Diane administrando la droga a Tyler en un mundo que, esbozado con dos simples pinceladas (una misteriosa tecnología, una referencia a la perdida visión de las estrellas), el lector pronto comprende que ya no es el mismo que él conoce. Y a partir de ahí, como en un inmenso flash-back, empieza la narración de la llegada del Spin y cómo cambió al planeta al que cubría y a las gentes que en él habitaban.

Wilson, buen conocedor del alma humana (por lo menos de la occidental) se dedica con mayor o menor acierto a retratar cómo un hecho tan extraordinario afecta a los diferentes tipos de individuos, personificados por Tyler y los gemelos, pero abundando en otros muchos personajes que dejan claro que nunca existe una única respuesta correcta a un mismo problema cuando se trata de la psique o de los sentimientos de las personas. Y, sobre todo, muestra como el ser humano puede llegar a acostumbrarse a cualquier cosa, incluso a lo más extraño y amenazante, una vez que lo extraordinario se convierte en cotidiano. Una vez pasada la conmoción inicial es curioso ver cómo la mayoría de la gente retoma sus vidas sin cuestionarse la amenaza que pende sobre sus cabezas.

Pero hay mucho más. Spin es un libro enorme en cuanto a lo que consigue abarcar. El autor muestra a lo largo del libro como la humanidad difícilmente es capaz de trabajar en una misma línea o ponerse de acuerdo en seguir un mismo camino ni aunque vaya en ello la existencia de la misma especie. Como el secretismo y los intereses privados siempre terminan intentando imponerse al bien común. Como siempre habrá quienes intentan usar el miedo y el fanatismo de los ignorantes para conseguir su propio provecho. Como a veces el amor no lo es todo y, desde luego, no derriba montañas. O como la investigación científica, en ocasiones, no tiene todas las respuestas y se convierte en sí misma en una especie de religión liderada por los peores de los fanáticos dispuestos a todo para imponer su visión del mundo sobre la de los demás… Pero es que además es un libro de aventuras, de especulación (el dilatado paso del tiempo fuera de la burbuja que envuelve a la Tierra le permite jugar con ciertas ideas que la relatividad impediría de otra manera), de contacto (pues igual llamarlo “primer contacto” sería erróneo) con otras inteligencias no tan alienígenas, de exploración interior, de la más alta política…

Mezclando hábilmente las explicaciones o teorías científicas, en lo que se puede apreciar incluso un leve toque “hard”, con un buen hacer literario en una trama compleja bien construida y llevada, la novela se hace no obstante pesada o falta de ritmo en algunos momentos puntuales, sobre todo en la parte que se dedica a profundizar en la conflictiva relación entre Tyler y Diane cuando ella se encuentra sumida en lo peor de su fase religiosa (hay ciertos detalles que están un tanto traidos por los pelos). Sin embargo es tal vez precisamente el desarrollo del “presente” de ellos dos, la persecución a la que se encuentran sometidos, el mundo lleno de cambios que se va desvelando poco a poco y la impactante revelación final lo más interesante del libro, aunque sólo se trate de algunos interludios intercalados en la acción general. Y es precisamente ese sorprendente final el que ha permitido a Wilson, a pesar de que Spin sea una novela perfecta y satisfactoriamente cerrada en sí misma, escribir una continuación titulada Axis. Como pone el autor en boca de uno de los personajes: —Es como si hubiera terminado una historia y hubiera empezado otra. Ojala la editorial tenga a bien publicarla a no mucho tardar en nuestro país. Yo al menos quedo impaciente a la espera.


martes, 13 de mayo de 2008

Reseña: Agente de Bizancio

Agente de Bizancio.

Harry Turtledove.

Reseña de: Santiago Gª Soláns

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2008. Título original: Agent of Byzantium. Traducción: Ana Alonso Esteve. 364 páginas.

El Imperio Bizantino ha resistido los embates externos, e internos, que amenazaban con destruirlo y, años después de su caída en nuestra propia Historia, sigue manteniéndose en su máximo esplendor, dominando gran parte del mundo. Pero para lograrlo, para evitar las grandes amenazas a las que se enfrenta, la maquinaria imperial necesita apoyarse en un cuerpo de hombres especiales, unos agentes segretos: los “magistrianoi”, al que pertenece Basilios Argyros, quien se encontrará, por su trabajo, en medio o alrededor de algunos de los descubrimientos más importantes del saber humano, en esta ocasión a mayor gloria de Bizancio.

No es Agente de Bizancio una novela al uso, sino una sucesión de relatos o aventuras encadenadas en las que se verá envuelto el protagonista, sobre todo en torno a esos citados descubrimientos, vitales en la historia y el progreso de la humanidad. Es curioso observar que el autor postula que casi todos ellos provengan de fuera del Imperio, pero que sea éste el que sepa aprovecharse de ellos y refinarlos hasta sus máximas posibilidades, mejorándolos y sirviéndose de ellos para mantener su superioridad sobre los auténticos “descubridores”.

Nos presenta Turtledove un mundo en el que el Islam no existe y por tanto nunca se convirtió en la fuerza que llegó a amenazar el Occidente europeo con su expansión; un mundo en que Mahoma es un santo cristiano de gran predicamento; en el que los persas son la otra gran potencia mundial, siempre en difícil equilibrio con Bizancio; y en el que, sin embargo, el lector asistirá al reflejo de algunos de los más importantes momentos de nuestra propia historia, con diferentes actores y protagonistas, pero con resultados semejantes (¿o tal vez no?). En esta particular distorsión de nuestro mundo, la amenaza para el Imperio no vendrá tanto de fuera (sin un Islam que se plante a sus puertas), sino de las propias corrientes del cristianismo, con herejías como los monofisitas, los nestorianos o los iconoclastas, que se convierten en continua fuente de tensiones para la Ciudad de la que todas las demás son reflejo.

A través de un marcado tono aventurero, con acción a raudales, Turtledove va postulando la tesis de que los principales avances tecnológicos, y su dominio, son en realidad los que permiten la posesión y el mantenimiento del Poder contra otras culturas, igual de pujantes tal vez, pero más atrasadas y por tanto más fácilmente subyugables.

Argyros cumpliendo sus diferentes misiones, viajará por todos los territorios del Imperio, desde la propia Constantinopla, a la lejana Hispania, a Alejandría o a las fronteras desérticas con el Imperio Persa. De todas sus aventuras sacará algo provechoso para Bizancio, incluso en las más amargas para él mismo encontrará un legado que mantenga a su gente por delante de los demás pueblos, como pueda ser el descubrimiento de las vacunas. En otras aventuras más felices, aunque siempre complicadas, el protagonista se enfrentará al nacimiento de fenómenos como la huelga, la pólvora o una rudimentaria imprenta, entre otros muchos; depositándolos siempre ante el altar del progreso del Imperio Bizantino.

Es esta estructura de relatos cronológicamente encadenados, que por una parte permite el avance de la narración al saltar de una aventura a otra sin prácticamente enlace o la debida elipsis, la que, sin embargo, impide que el protagonista adquiera una personalidad plena, un crecimiento que le permita desarrollarse ante el lector en su plenitud, ya que Argyros se antoja como un personaje que no evoluciona demasiado a pesar de las muchas cosas que le suceden. Parece que Turtledove ha preferido centrarse en los descubrimientos que cambian el mundo donde sitúa la acción, antes que en desarrollar psicológicamente a su protagonista. Es cierto que esto lo convierte en un tanto “plano” (y no digamos ya del resto de secundarios, recurrentes o no, que van apareciendo), pero tampoco afecta negativamente a la narración, salvo en el hecho de que se pierde mucha posible empatía que implicase al lector dentro de lo narrado.

Es Agente de Bizancio un libro curioso e interesante, una ucronía perfectamente planteada, coherente con las reglas internas del mundo descrito y que se sirve de los cambios para reflexionar en cierto modo (sin olvidar en ningún momento que lo que domina es la aventura, la acción, en sí misma) sobre nuestro propio pasado y nuestra historia, confrontando a dónde nos han llevado los avances tecnológicos o los enfrentamientos religiosos con el lugar dónde podrían habernos llevado si las cosas hubiesen sido, tan sólo, un poco diferentes.

Y como reflexión propia, uno se pregunta si es lícito, por mucho más famoso que sea, el incluir en la portada (tanto en la edición original como en la española) a tamaño mucho más grande el nombre de Isaac Asimov como "presentador" (apenas tres páginas hablando en general sobre las ucronías, más que del propio libro) que el del propio autor. En fin, marketing lo llaman, y si sirve para que alguien pique con un libro que merece la pena ser leído por si mismo, pues bienvenido sea.


miércoles, 27 de febrero de 2008

Reseña: El jardín de infancia

El jardín de infancia.

Geoff Ryman.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2007. Título original: The Child Garden. Traducción: Ana Alonso Esteve. 569 páginas.

¿Quién lo diría? Sigo peleado con los premios. El jardín de infancia recibió en su momento el Premio Arthur C. Clarke y el John W Campbell Memorial. ¿Qué me ha parecido la novela? No es difícil calificarla, en absoluto: aburrida. Y ya es triste tener que decirlo de un libro de semejante longitud; si fuese algo cortito hasta se podría perdonar, pero con quinientas y muchas páginas la cosa tiene delito. Mientras estaba leyendo casi daban ganas de ponerse a hacer la fotosíntesis, como los protagonistas; seguro que sin hacer absolutamente nada hubiera perdido menos el tiempo.

Milena, una marginada en una sociedad casi perfecta, busca la existencia y la compañía de otros marginados e inadaptados como ella, los bichos raros, los diferentes. Ryman propugnada una sociedad en la que todo viene dado, en la que a los niños se les inoculan en el jardín de infancia diferentes cepas de virus, en principio residuo de una experimentación buscando una cura contra el cáncer, pero que resultaron mucho más de lo esperado y que dan al que los recibe la capacidad de metabolizar los rayos del sol mediante una especie de fotosíntesis y les imbuye de todos los conocimientos almacenados por la humanidad en su largo discurrir; aunque como efecto no deseado han reducido la esperanza de vida a los treinta años. Milena, sin embargo, es inmune a esos virus y por tanto el acceso a la fácil vida de sus conciudadanos le está prácticamente vetado, teniendo que ganarse el saber a la forma antigua, con esfuerzo y sudor.

Milena, pese al cruel sufrimiento de sentirse separada del resto de los mortales, es conservada por las altas instancias como una especie de legado de la humanidad pretérita, como un ancla con el pasado, con lo que fue y no puede volver, con lo perdido: las emociones, el cambio, la evolución. El autor expone así su tesis de que el acceso al “saber absoluto” tan sólo produce inmovilismo y, de hecho, decadencia. Los individuos de esa sociedad se limitan a repetir lo que han heredado, sin producir nada nuevo. Cuando a uno se lo dan todo hecho se acaban las ganas de superarse, de ir más allá. Para poder avanzar, parece decir Ryman, hace falta aprendizaje, prueba y error, interés, curiosidad; sin todo ello el alma humana se enquista, se pudre y cae en un conformismo letárgico. Hay también, sin embargo, una nada velada crítica a la aplicación indiscriminada de los avances científicos (crítica que comparte con alguna otra de sus obras), del progreso desatado que, en este caso concreto trae una cura contra el cáncer a cambio de limitar la vida de los seres humanos a unos treinta años. ¿Merece la pena pagar el precio?

Es en la búsqueda de alguien como ella que emprende Milena cuando se encontrará con otros parias de esa socialista sociedad “perfecta”: los osos polares, creaciones genéticas dedicadas a los trabajos duros y que viven bastante al margen de los humanos; y en especial con Rolfa, una osa que se ha convertido en una marginada entre aquellos marginados, diferente incluso para los suyos al tener unas veleidades artísticas vetadas a los de su especie y rechazadas por ellos mismos, y que congeniará extrañamente con la protagonista.

El autor hará uso de La Divina Comedia, a la que Milena desea convertir en un musical, como una metáfora de su descenso a los infiernos (de toda la humanidad, de hecho), y de su posterior ascenso a la fama, como Artista del Pueblo, aunque haya sido apropiándose del trabajo ajeno, pues en verdad será Rolfa la autora de una música de la que renegará al ser cuestionada que no se limite al papel que la vida le ha reservado y cuyo destino trágico será el contrapunto necesario al “triunfal” ascenso de Milena. Rolfa personifica así la renuncia del que busca sentirse integrado ante las penurias del que destaca, por cualquier motivo, de entre sus congéneres.

Desde luego, El jardín de infancia, con estos mimbres, podría haber sido una novela cuando menos curiosa, pero lo cierto es que, al menos para mí, no consigue alzar el vuelo en ningún momento. No es lo qué el autor cuenta, sino cómo lo cuenta. Y este es un libro, desde mi personal óptica, obviable y olvidable; ni siquiera es que sea malo, es que no consigue interesar. La acción está demasiado supeditada a la tesis para convertirse en realmente atractiva, resultando cansina. Quizá el mensaje hubiera ganado mucho si el autor no hubiese alargado tanto la anécdota, recubriéndola de situaciones redundantes, planas y carentes de interés, y se hubiese limitado a la parte en la que hace hincapié en esa sociedad al estilo de Un Mundo Feliz, donde todas las necesidades se encuentran cubiertas, pero donde sin embargo todo el entramado se resquebraja cuando aquella que es diferente al común de los individuos demuestra que la perfección tal vez no sea el mejor ideal a alcanzar.

jueves, 31 de enero de 2008

Reseña: La oscuridad más allá de las estrellas

La oscuridad más allá de las estrellas.

Frank M. Robinson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2007. Título original: The Dark Beyond the Stars. Traducción: Xavier Riesco.443 páginas.

Cabe advertir antes que nada que La oscuridad más allá de las estrellas no es una novela sobre una nave generacional aunque la acción transcurra a bordo de una de ellas, una sutil pero muy importante distinción que cambia, con mucho, el enfoque de la narración. Problema, como siempre, de la sinopsis de contraportada que da a entender una cosa (“un viaje de cien generaciones a través del espacio vacío”) cuando lo que la novela nos ofrece es otro tipo de historia. La narración no se extiende a lo largo del viaje, con generaciones de exploradores pasando ante nuestros ojos, sino que se sitúa en un momento muy concreto del mismo, con unos personajes determinados y un periodo de tiempo definido. La nave, que casi ni nos es descrita, parece ser tan sólo una excusa para que el autor se explaye en otros temas más de su interés, como la evolución humana, los conflictos que surgen en una sociedad cerrada, los problemas de la inmortalidad o la existencia de vida inteligente fuera de nuestro planeta.

Gorrión, el protagonista principal, despierta a bordo de la nave Astron con el único recuerdo del accidente que le ha borrado la memoria. Sin pasado, tendrá que adaptarse a la vida en la nave, volviendo a conocer a sus compañeros, estableciendo nuevas relaciones y enfrentándose a retos para los que no se siente preparado al no conocer todas las variables implicadas en los mismos. Durante 2000 años la nave ha navegado por el espacio buscando vida inteligente, siempre al mando del mismo capitán, que es inmortal gracias a ciertos tratamientos de longevidad mientras su tripulación va cambiando con muertes y nacimientos; capitán que ahora desea llevar a la Astron a la oscuridad entre las estrellas en busca de nuevas galaxias, decisión a la que sus subordinados se oponen, aunque de forma algo tibia (cuestión cuya razón nos será explicada más adelante), creando una situación de enfrentamiento en la que Gorrión parece ser el arma que ambos bandos han elegido para dirimir sus diferencias.

A través de su, demasiadas veces, ingenua mirada el lector irá descubriendo los entresijos de la extraña sociedad desarrollada a lo largo de los siglos y que reposa en un difícil y frágil equilibrio entre los designios del capitán, un inmortal que sigue fiel a como era en el momento de la partida, y los deseos de la tripulación, unos hombres y mujeres evolucionados desde la semilla terráquea original, pero que ahora han subido a una nueva dimensión. Robinson parece abogar por la teoría de que sin muerte no puede haber cambio, ni para mejor ni para peor; sin muerte se produce un estancamiento en todos los procesos y la mente humana se resiente deteniendo su curiosidad, su afán de conseguir nuevas metas más allá de las marcadas desde un principio.

En la figura trágica del capitán, amenazador, pero también inspirador, señor de vida y muerte a bordo de la Astron, se magnifican todas las características de aquel que ve como todo su mundo cambia mientras tan sólo él permanece inalterable por muchos esfuerzos que invierta en detener el propio devenir del tiempo y lo que éste ha de traer. Concentrado en su misión, todo lo demás le dará igual; nada importa salvo su objetivo y todo es subordinable a la tarea de conseguirlo. Y en la figura de Gorrión asistimos al ejemplo de quien se siente juguete del destino, manipulado por todos y árbitro de una contienda que no termina de entender y de la que se siente desligado. Al final todo se centrará en el enfrentamiento entre dos voluntades, dos formas de ver el futuro, entre el estancamiento y el desarrollo.

Es esta, sin duda, una novela de aventuras, pero que tiene mucha más lectura detrás. Tal vez el estilo algo árido de Robinson trabaje en contra de lo narrado, lastrando más que acompañando a la acción hacia sus revelaciones y descubrimientos. Cuesta entrar en la narración; al principio parece que se pierde en vericuetos que no aportan nada, avanza despacio, ofreciendo pocos datos y revelando quizá sin embargo demasiado (hay explicaciones que se notan algo forzadas al integrarlas en la acción, algo bruscas) y jugando al gato y al ratón con las expectativas del lector, que no sabe demasiado bien a dónde le lleva lo que está leyendo. Pero llega un momento en que si uno consigue hacerse con el estilo y con lo narrado se empieza a disfrutar de todas las disquisiciones que Robinson ha incluido en su texto, de todos los parámetros, algunos incluso filosóficos, en todas las tesis sobre el devenir de la raza humana… Es inevitable al final tomar partido, aunque el autor ponga fácil la decisión de por cuál bando inclinarse. No es, desde luego, una obra maestra, ni siquiera un libro “redondo”, pero se disfruta a gusto cuando se le coge el tranquillo, sin grandes alardes, pero tampoco sin excesivo artificio. Coherente y bien estructurado.

Cierra el libro un final no por esperado menos sorprendente, triste y esperanzador a un tiempo, con la soledad del que es diferente, único, y la esperanza del cambio, de la evolución, de la mejora... Con la supervivencia de la humanidad en la balanza, a veces es mejor mirar en nuestro interior que buscar inteligencias alienígenas más allá de la oscuridad tras las estrellas.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Reseña: El vínculo del cuchillo I. Encantamiento.

El vínculo del cuchillo I. Encantamiento.

Lois McMaster Bujold.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2007. Título original: The Sharing Knife: Beguilement. Traducción: Adela Torres Calatayud. 335 páginas.

Nunca pensé que diría algo así de una novela de McMaster Bujold, pero esta primera entrega de El vínculo del cuchillo me ha llegado a aburrir por momentos. Fan y defensor acérrimo de las novelas de Miles Vorkosigan (a pesar de que las últimas entregas estaban iniciando un giro un tanto “moñas”), disfruté a su vez bastante con la lectura de las novelas de Chalion, pero ésta que nos ocupa me ha, quizá precisamente por lo anterior, defraudado profundamente. Y eso que comienza más o menos bien, con una “jovencísima” campesina (tan joven que todos la toman por una niña; vamos, que “sólo” tiene 20 años) huye de su casa y de sus gentes ocultando un misterioso secreto (secreto que el lector avispado ha descubierto a la segunda mención de pasada o leyéndose la, como suele ser habitual, estupenda sinopsis de contraportada donde desvelan todo misterio, pero ese es otro tema) y cae en manos de una “malicia”, un ser malvado y terrorífico, al que tendrá que enfrentarse con la ayuda de un “andalagos”, Dag, patrullero de una sociedad un tanto desprestigiada de caza monstruos, temidos y repudiados por los campesinos a los que defienden de aquellos seres malignos.

Y hasta allí, salvando unas cuantas tonterías, la cosa no va mal. Hay acción, hay buenas ideas y Bujold sigue escribiendo con su habitual estilo ligero y desenfadado que hace que la lectura sea ágil y hasta cierto punto amena. Pero a partir de ahí la cosa deriva más, mucho más, hacia el “romance imposible entre humanos pertenecientes a grupos que no pueden mezclarse” que avisaba en la contraportada (es lo que tiene leérsela al acabar el libro, que descubres cosas que no esperabas) y la cosa se convierte en literatura romántica disfrazada de fantasía (y con un disfraz un tanto pobre, todo hay que decirlo). De todas maneras, lo de que “no pueden mezclarse” queda pronto desmentido, pues vaya si se mezclan, sí, por lo menos dos de ellos.

Nos encontramos, pues, ante una trama que lo que hace es abundar en el tema de los “amores imposibles” tan sobreexplotado ya, donde chocan dos sociedades y dos formas de entender la vida. En esta primera novela de la serie (iban a ser dos libros, pero ya han anunciado el tercero para el mercado anglosajón) nos encontramos con el rechazo de la familia de ella hacia el trotamundos con mala fama que “pretende” a su hija. Los andalagos son muy mal vistos por los campesinos, quienes les acusan de prácticas brujeriles, actos inhumanos y costumbres disolutas; por lo que el que uno de ellos, por muy bueno, atento y delicado que demuestre ser, se acerque a su hija o hermana no puede sino ser contemplado con malos ojos y cierto temor. Ante ello la pareja deberá luchar contra los prejuicios de los que les rodean, y contra el odio y el rencor de algunos allegados, contando para ello con escasos aliados. Y por esos derroteros discurrirá prácticamente el resto de la novela.

Entre medias se nos irán ofreciendo detalles del mundo por el que se mueven los protagonistas (y dónde se intuye que antaño existió una civilización muy avanzada, pero que ahora apenas es un recuerdo y los conocimientos, confundidos, o no, con magia, se van perdiendo poco a poco de forma irreparable y, aparentemente, irreversible) y de su vida, incidiendo sobre todo en los usos y costumbres de los andalagos y en lo que significa el vínculo del cuchillo con su poseedor, sembrando de pasada por el camino unas gotitas de misterio cuando uno de esos cuchillos se vincule con quien no debe. De todas maneras, la resolución de tal misterio, al igual que el encuentro de la pareja con la familia de él, queda para el segundo volumen de la serie (o para el tercero, que todavía no se sabe de cuántos estamos hablando), con lo que se nos hurta algo de lo poco interesante de la novela, que seguramente seguirá siendo un misterio para mí, pues no sé si tendré fuerzas para leerme la siguiente entrega tan sólo para enterarme de eso.

Lo dicho, para mí una decepción, no porque sea una novela romántica en sí (las últimas de Vorkosigan ya aventuraban esta tendencia en la producción más reciente de McMaster Bujold, aunque seguían manteniendo su interés), sino porque ni siquiera es una buena novela romántica, porque la sociedad que nos retrata tiene múltiples agujeros (¿cuándo dejarán de reflejar la moral y la forma de vida actual en un mundo de características medievales? Ya que sabemos que no es real, al menos que sea verosímil, por favor) y porque prácticamente carece de toda emoción pasados los primeros capítulos. Novela fallida sería decir demasiado de ella; sin embargo, y dados mis antecedentes con la novela fantástico-rosa, seguro que ahora empieza a ganar reconocimiento (según se nos dice en portada, ya ha sido finalista del Premio Mundial de Fantasía 2006; pero, claro, yo estoy “peleado” con los que otorgan estas distinciones) y a hacerse famosa. Desde luego, será que me esperaba otra cosa, pero este Encantamiento no es lo mío.

martes, 24 de julio de 2007

Reseña: Una princesa de Roumania.

Una princesa de Roumania.

Paul Park.

Reseña de: Santiago Gª Soláns

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2007. Título original: A Princess of Roumania. Traducción: Adela Torres Calatayud. 395 páginas.

Antes de empezar con la crítica propiamente dicha, permitidme un desahogo (o una pataleta) que además sirve de advertencia para los despistados como yo. Mientras avanzaba hacia el final de Una princesa de Roumania me estaba dando la impresión de que dicho final del libro no iba a ser abrupto, sino que se encontraba abocado a despeñarse por un abismo. Conforme me embarcaba en la lectura del último capítulo ya estaba viendo que aquello no había manera de que terminara de forma digna (ni de ninguna otra, las líneas abiertas no había forma de cerrarlas en las pocas páginas que me quedaban por leer), así que vistas mis sospechas me releí la contraportada y las solapas, busqué en la portada o en los créditos, pero nada, ninguna indicación sobre que lo que tenía entre manos no fuese una “novela” independiente. Y en efecto, el libro directamente no termina, pero eso sí, por fin, en la página 395, después del “fin”, se tiene la deferencia de indicar al lector que Una princesa de Roumania es parte de una serie con dos entregas más. Y vale, ya sé que soy muy pejiguero, que es una tontería, pero me siento de alguna forma estafado. Quien me conoce sabe que prefiero (salvo muy específicas excepciones tipo Canción de Hielo y Fuego) leerme las trilogías (entendiendo “trilogía” en la acepción que se le da ahora: un libraco dividido en tres tomos; y no tres libros diferentes que comparten una unidad temática o de personajes) de una sola “sentada”; y aquí no sólo se me ha hurtado la posibilidad de hacerlo, sino que, seguramente, de haberlo sabido de antemano no me habría comprado (todavía) este libro dando preferencia a otro de los muchos que tengo en lista de espera.

Sí, ya lo sé, como he dicho más arriba, parece una tontería y casi seguro que lo es, pero me sabe muy mal quedarme colgado durante el tiempo que tarde la editorial en sacar los demás tomos o, tal y como está el estado del mundo de la edición en nuestro país, definitivamente si la editorial decide no seguir adelante con su publicación (casos los hay a patadas y supongo que todos podrán traer a su mente alguno de ellos). Me fastidia, y mucho, la falta de seriedad y el poco respeto que se demuestra hacia el lector al indicar que la novela es parte de una trilogía sólo después de que la misma ha terminado, y no en la portada, contraportada o solapas. En fin, cosas mías.

Sobre la novela en sí, Una princesa de Roumania es un cuento de hadas moderno. Miranda Popescu es una joven adoptada que sueña, literalmente, con un pasado en el que fue una princesa. El problema es que en esos sueños-recuerdos no tienen una concordancia temporal con su realidad. Si fue adoptada de muy pequeñita cómo es que tiene recuerdos de hechos en que aparentemente era unos años mayor. Por supuesto, Miranda no tiene respuesta para ello, pero pronto ella y dos de sus amigos van a verse inmersos en una peligrosa aventura convirtiéndose en el centro de una oscura trama de complots y enfrentamientos políticos que podrían desembocar en una guerra abierta en ese mundo paralelo del que procede y donde Roumania es una gran potencia europea, aunque ahora en decadencia.

Así pues, cual cuento de hadas, Miranda es, en efecto, una princesa, pero de un país situado en una realidad diferente. El problema es que en los cuentos de hadas actuales la princesa no “vivió feliz para siempre”, sino que se ve zarandeada por los acontecimientos pasándolo realmente mal en un camino hacia ni siquiera ella misma tiene demasiado claro dónde. Es cierto que el lector no puede saber si habrá un final feliz, ya que el mismo se encuentra dos libros en el futuro, pero desde luego en este primero no hay demasiado lugar para las risas.

Se puede decir que nos encontramos ante una ucronía un tanto diferente a lo habitual. Miranda y sus compañeros viajan de forma mágica de nuestro mundo (un mundo que se revela falso) a la auténtica realidad de una Europa alterada y geo-políticamente muy distinta de la que conocemos. Además el uso generalizado de la magia marca una separación definitiva. Y es allí donde Miranda, acompañada por sus transformados amigos, deberá empezar un viaje iniciático en toda regla, partiendo de un inhóspito y poco colonizado Massachusetts, donde han ido a parar, y dirigiéndose al encuentro de los instigadores de su situación y que manejan los hilos de complejos complots por el poder desde su Roumania natal, enfrentándose en los diversos planos, físicos y mágicos, que ese mundo les ofrece.

Así Miranda irá descubriendo al mismo tiempo que el lector las diferencias que separan a ambos mundos e irá aceptando poco a poco el destino que parece aguardarla.

Una princesa de Roumania es una novela agradable, que se lee sin esfuerzo, aunque la traducción peque de ser algo (bastante) “plana”, quitando quizá más de la prosa del autor de lo que “aporta”, incluso produciendo confusión en algún momento puntual (ojo, que también podría ser culpa del autor, pero es que hay algunas construcciones sintácticas que no sé si existirán realmente en el castellano). El planteamiento es, dentro de lo que cabe, original, y el mundo que se va abriendo a los ojos del lector está bien construido, estructurado y desarrollado dentro de la coherencia interna del propio libro. Asistimos a un mundo con un pasado, y donde las acciones de antaño tienen repercusión en este momento, produciendo venganzas, odios y muertes ocultas en las ambiciones declaradas de los antagonistas que juegan por hacerse con Miranda y su herencia. Es curioso asistir a esa América casi despoblada, con pocos asentamientos importantes, como al principio de la colonización, en contraposición a los muy poblados Estados Unidos donde ha crecido Miranda. O a esa Europa convulsa, que en muchos aspectos recuerda a nuestra propia historia y en otros difiere de tal manera que se nos antoja irreconocible.

En cuanto a los personajes, creo que están mejor construidos los secundarios que los propios protagonistas, que a veces actúan de una forma un tanto “incoherente” con lo que se nos ha descrito de ellos. De todas maneras, en ningún momento llegan a “chirriar” excesivamente. Y, como ya digo, el libro se lee con agrado. Habrá que esperar la publicación de los dos restantes para ver cómo se desarrolla la historia y si de verdad se necesitaban tres libros para contarnos lo que se nos está contando; sinceramente, me temo que no, pero tiempo al tiempo, ojala me equivoque.

jueves, 11 de enero de 2007

Reseña: Operación Proteo

Operación Proteo.

James P. Hogan.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Libros del Atril. Col. Omicrón # 3. Barcelona, 2006. Título original: The Proteus Operation. Traducción: Xavier Riesco Riquelme. 511 páginas.

La novela empieza como una ucronía al uso: Nos encontramos en 1974 y las fuerzas del Eje que ganaron la II Guerra Mundial se han ido anexionando prácticamente todas las naciones de la Tierra, excepto Australia y Estados Unidos; países que viven en el aislamiento y casi en la miseria a la espera de caer también ellos mismos bajo el yugo del fascismo.

Entonces da un giro hacia las historias de viajes en el tiempo: Se pone en marcha la Operación Proteo, que pretende enviar un grupo de científicos, políticos, especialistas y soldados al pasado para “arreglar” la situación y conducir a un mundo donde la situación sea diferente y los Aliados venciesen en la guerra. Para ello, entre otras cosas, deberán contactar con Churchill, persona que en su propio mundo sufrió el ostracismo de los suyos y abandonó en la práctica la política a las puertas de la II Guerra Mundial, y que los expertos de 1974 han señalado como la figura clave para revertir la situación a otra más favorable.

Y desde este planteamiento, la novela se abre en varios frentes y comienzan, o continúan, las peripecias; convirtiéndose por otro lado en una novela donde cobra vital importancia la mecánica cuántica que postula la existencia de múltiples universos, utilizada aquí, sobre todo, como la mejor manera de evitar las temibles paradojas que se producen habitualmente cuando hablamos de viajes en el tiempo.

El autor desarrolla brillantemente por un lado un thriller político, con diversos personajes tratando de mover los hilos que han de llevar a Churchill a una posición de influencia en el gobierno británico, y otros que intentarán que los EE.UU. se embarquen en una guerra que sus gobernantes y muchos ciudadanos no terminan de ver como necesaria; por otro nos conduce por una historia bélica, de comandos, llena de emoción y de escenas espectaculares; y por un tercero nos muestra la más sosegada, pero no exenta de tensiones, línea de investigación científica en torno a la máquina que permite el vieja espacio-temporal, auténtico motor de la narración que permite todo lo demás.

No falta de nada: acción, humor, intriga, algo de amor, espionaje, tristeza, tensión, suspense…

Como en el caso de Roma eterna, dejaré para lectores más doctos en Historia la discusión sobre si los personajes que realmente existieron en nuestro mundo están bien o mal reflejados en este otro en el que el autor les ha hecho vivir. No conozco lo suficiente la historia del comienzo de la II Guerra Mundial para poder decir si tal o cual evento, persona o detalle podrían en verdad haber cambiado del modo que se nos indica el devenir de la historia y haber desembocado en tales consecuencias; pero para mí, desde luego, tal y como están reflejados se me antojan verídicos y bien retratados: desde la idea que nos ha llegado de un Churchill irreductible, luchador sin rendición, hasta la de un Einstein genio despistado reclutado aquí para resolver ciertos problemas en la máquina temporal, pasando por otros muchos que van desfilando por la novela aportando su particular granito de arena.

Todos los personajes, tanto los que existieron en nuestro mundo como los que el autor se ha inventado para está ficción, encajan perfectamente en la narración, sin fisuras entre unos y otros, cumpliendo como debe ser con sus cometidos destinados a conseguir que su mundo no se vea abocado a la dominación fascista. Y si los personajes llamémosles históricos no están reflejados exactamente como sabemos que fueron en nuestro propio pasado, debemos recordar al fin y al cabo que el del libro no es exactamente nuestro pasado, con lo que todo cambio en la personalidad o en la vida de los mismos es totalmente lícita en bien de la intriga y de la resolución de lo narrado.

Una narración, por otra parte, que sólo se me antoja ligeramente tediosa en los escasos y breves momentos en que el autor pone en boca de los científicos la explicación cuántica de los viajes en el espacio-tiempo y del funcionamiento de la propia máquina que los hace posible; explicación por otra parte absolutamente necesaria para justificar dónde y cuándo van los protagonistas que cruzan a través de la puerta, y para impulsar la propia narración hacia su desarrollo lógico y coherente.

A su vez, sólo he encontrado incongruente, o más bien inverosímil, un detalle sobre la forma de llegar de un par de comandos a su objetivo militar en la misión que finalmente tienen que desarrollar en suelo enemigo; pero me permitirán, creo, mis lectores que no me explaye precisamente en ello en aras de no estropear la emoción, la sorpresa y la tensión de esa misma misión con detalles que es mejor ir descubriendo por uno mismo.

En definitiva una lectura trepidante, interesante, instructiva y placentera. He cerrado el libro con una auténtica sensación de satisfacción, lo que no es, en absoluto, poco.

lunes, 30 de octubre de 2006

Reseña: Camuflaje

Camuflaje.

Joe Haldeman.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Libros del Atril. Col. Ómicron nº 1. 2006. Título original: Camouflage. Traducción: Pedro Jorge Romero. 281 páginas.

Dos criaturas con el poder de cambiar de forma, un misterioso artefacto extraterrestre, una imposible historia de amor…, así reza la sinopsis de contraportada de este, cuando menos, curioso libro, y la verdad hay que reconocerle a quien la haya escrito que es que tampoco es que haya mucho más en la trama.

Es éste un libro que se lee con agrado, rápido, en un suspiro, sin tropiezos, sin esfuerzo; está bien escrito, bien narrado, bien estructurado, pero es que eso es todo. La trama es simple a más no poder, con muy poco margen de maniobra para la sorpresa. Decir, por ejemplo, que los personajes son un poco planos sería conceder demasiado valor al nulo desarrollo de los mismos. Son líneas esquemáticas en las que apenas podemos intuir los motivos que les llevan a hacer las cosas que hacen (tampoco es que haya mucha acción, la verdad), más allá de que es lo que toca, si hay que investigar se investiga… Es cierto que Haldeman no se ha caracterizado a lo largo de su carrera literaria precisamente por el desarrollo de sus personajes, pero es que en esta novela se lleva la palma.

Y quizá tampoco importa; hay veces que lo interesante es lo que se narra y la psicología de los protagonistas puede quedar en un segundo plano, supeditándose a las necesidades de la narración. Confieso, sin embargo, estar convencido de que esta no es una de esas ocasiones; que habría venido bien una mayor y mejor caracterización, un poco de introspección, unas pinceladas de personalidad, algo de motivación extra en cada uno de los protagonistas que hubiese llevado al lector a crearse una cierta empatía con ellos y a poder de esa manera interesarse por lo que se le está contando.

Y no pido tampoco demasiado, pero que el más humano de todos los personajes llegue a ser el extraterrestre, el polimorfo, es cuando menos chocante (porque el otro alienígena, el camaleón, es “demasiado” humano siendo sus motivaciones las que podría tener cualquier "malo" de película).

Pero no me entendáis mal. No se trata de una mala novela, no del todo al menos. Como decía al principio, se lee con mucho agrado, posee una prosa muy fluida y agradable, fácil de digerir, que parece entrar sola, página tras página hacia el irremediable final. Hay mucho oficio detrás de esas letras; son muchos años escribiendo y se nota. La trama es simple, eso sí, pero no está exenta de interés. La mezcla entre la narración principal, con el descubrimiento del objeto alienígena y su estudio, y las historias de los dos extraterrestres (tan diferentes y tan parecidos) que se retrotraen hasta la prehistoria y van avanzando a través del tiempo hasta converger en el presente-futuro como un círculo que se cierra, está bien estructurada y bien llevada en cuanto a dosificar los escasos momentos emotivos y de emoción. La investigación del aparato extraño se sigue con cierto interés y cierto humor cuando los científicos se desesperan ante la falta de resultados y deciden usar métodos ciertamente expeditivos. Y en los capítulos que dedica a los extraterrestres es curioso, cuando menos, observar las descripciones de un mundo, nuestro mundo, que va evolucionando y avanzando, visto a través de ojos no humanos. Eso sí, la “historia de amor” que se nos vende en la sinopsis está, por decirlo de forma suave, absolutamente cogida por los pelos hasta el límite de lo inverosímil.

No obstante, algo más debe tener esta novela, algo que quizá yo no haya sabido encontrar, cuando ha sido galardonada con los premios Nebula y James Tiptree Jr de 2005.

En definitiva un libro del que disfruté (aunque la lectura de esta reseña pudiera dar a entender lo contrario) mientras lo leía, sin que me llegara a aburrir en ningún momento, pero que una vez terminado no me ha dejado ningún poso en absoluto. Tal vez es que me esperase algo más. Tal como es, al final me resultó casi indiferente. Incluso podría llegar a recomendarlo para aquellos con tiempo libre y que no dispongan de otra opción mejor a mano.