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miércoles, 2 de septiembre de 2020

Reseña: El Pistolero

El pistolero.
La Torre oscura 1.

Stephen King.

Reseña de : Alb oliver.

DeBolsillo. Col. Best Sellers. Barcelona, 2017. Título original: The Gunslinger. Traducción: Jorge Luis Mustieles Rebullida / Fabio Andrés Ferreras. 288 páginas.

No sé qué ocurre con Stephen King, que cuando empiezas uno de sus relatos, o te encanta o te preguntas por qué ha escrito eso. Con la cantidad de libros que ha escrito el amigo, no es de extrañar, más contando con que cada uno somos de nuestro padre y nuestra madre, y tenemos gustos propios. Por el momento el segundo supuesto me ha ocurrido con dos de sus obras, El Cazador de Sueños y Hospital Kingdom (serie de televisión), cuyas resoluciones tras un desarrollo interesante, me dejaron completamente frío.

Pues a ese par de historias que coloco en mi ránking de “cosas de Stephen King que no he terminado de disfrutar porque no han terminado de engancharme” (sí, así de larga es la definición) tengo que sumar este primer capítulo de la saga ·La Torre Oscura. Entonces, si partimos de la base de que no me ha gustado, tocará hablar mal del libro y dedicar toda la reseña a comentar lo malo que és y acabar con “¡No lo leáis por lo que más queráis!”, ¿no? Nooo, tened un poquito de fé en mí, y veamos si puedo argumentar cosas.

viernes, 13 de febrero de 2015

Reseña: El momento de Aurora West. 1ª parte

El momento de Aurora West. 1ª parte.

Guión: Paul Pope y JT Petty.

Dibujo: David Rubín.

Reseña de: Francisco José Arcos Serrano.

Penguin Random House / DeBolsillo. Barcelona.Título original: Battling Boy. The Rise of Aurora West. Traducción: Manu Viciana. 160  páginas. Rústica. Blanco y negro.

En Arcópolis sobran monstruos y falta n héroes. Por suerte, una nueva figura se vislumbra en el horizonte. Entre clase y clase de química y matemáticas, Aurora West aún tiene que encontrar tiempo para las lecciones de artes marciales, para ayudar a su padre en misiones épicas y para investigar el misterio en torno a la muerte de su madre. La respuesta está en los recuerdos de la infancia... tan solo necesita que el monstruo Sadisto y su clan asesino le dejen el tiempo suficiente para encajar las piezas.

El momento de Aurora West es una aventura ambientada en el mismo universo de Battling Boy creado por Paul Pope (aclamado autor de Batman: Año Cien, Heavy Liquid y 100%, entre otros).

lunes, 25 de febrero de 2013

Reseña: ¡Muérdeme!

¡Muérdeme!

Christopher Moore.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

DeBolsillo - La Factoría. Col. Best Seller # 1/6. Madrid, 2013. Título original: Bite Me: A Love Story. Traducción: Lorenzo F. Díaz Buendía.311 páginas.

Tercera, y última es de suponer, entrega de esta muy particular historia de amor vampírica, tras La sanguijuela de mi niña y ¡Chúpate esa!, que tiene lugar de forma harto irónica en la soleada California. Y si no se ha leído aquellas, el resumen del inicio de esta puede desvelar más de lo deseable sobre lo acontecido hasta ahora. Lo cierto es que esta es una novela que podría perfectamente ser leída de forma independiente y por separado de las anteriores —de hecho hay una especie de resumen de lo sucedido hasta el momento en su comienzo—, pero lo cierto es que es mejor haber empezado desde su principio. Lo que hasta el momento era una muy alocada y humorística historia de amor da paso ahora, sin perder demasiada diversión, a una aventura con un toque más «serio» y dramático, que incluso puede hacer derramar, entre las sonrisas, alguna lagrimilla de emoción por la despedida.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Reseña: ¡Chúpate esa!

¡Chúpate esa!

Christopher Moore.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

DeBolsillo - La Factoría. Col. Best Seller # 1 / 4. Madrid, 2011. Título original: You Suck: A Love Story. Traducción: Victoria Horrillo Ledesma. 319 páginas.

Doce años después de la publicación de La sanguijuela de mi niña Moore escribió una secuela que parte prácticamente del mismo momento en que aquella terminara. C. Thomas Flood, joven aspirante a escritor, se despierta convertido en vampiro por su «novia» Jody. Comprensiblemente enfadado, seguro que tal circunstancia sería una buena excusa para romper su relación, pero Tommy está enamorado —o piensa más con la entrepierna que con el cerebro— y no puede evitar perdonar a su chica en medio de un revolcón antológico. A partir de ahí tendrán que empezar a explorar juntos los límites de su nueva existencia, de los poderes adquiridos con su nueva condición, separando el mito y la realidad de lo que pueden hacer o no los vampiros. Y una de las primeras cosas debe ser encontrar un nuevo esbirro que se encargue de los trabajos diurnos de los que hasta esa noche se encargaba Tommy, como por ejemplo alquilar cuanto antes un nuevo apartamento, pues debido a la promesa hecha a Cavuto y Rivera, los inspectores de homicidios, al final del libro anterior, deben abandonar lo más pronto posible el loft que hasta entonces habían ocupado.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Reseña: La sanguijuela de mi niña

La sanguijuela de mi niña.

Christopher Moore.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Factoría DeBolsillo. Madrid, 2011. Título original: Bloodsucking Fiends. Traducción de: Victoria Hornillo Maqueda. 315 páginas.

La vida de Jody Stroud atraviesa un momento complicado; las cosas van regular en el trabajo, de vuelta a casa un misterioso individuo le ataca, le muerde y le obliga a tragar su sangre, se desmaya y despierta debajo de un contenedor con la mano quemada y 100.000 dólares de desconocida procedencia metidos en la blusa, cuando llega a su apartamento descubre que la grúa se ha llevado su coche, discute y rompe con su novio Kurt y, de rebote, se queda sin alojamiento... ¿Algo más podría ir mal? Obviamente, sí. El desconocido asaltante la ha convertido en un vampiro, y ¿cómo va a recuperar su coche o encontrar un nuevo apartamento si para ambas cosas solo abren durante el día y ella no puede exponerse a los rayos del sol? Además, Jody nunca ha creído en los chupasangre, nunca ha hecho mucho caso de libros y películas, así que ¿cómo debe comportarse, cuáles son sus poderes y debilidades, cómo va conseguir sangre fresca y quién va a llevar su ropa a lavar?

C. Thomas Flood (Tommy para sus amigos) es un joven aspirante a escritor que se ha trasladado desde un pueblecito perdido de su Indiana natal a San Francisco para adquirir experiencias y comenzar así su carrera literaria. Nada más llegar a la ciudad, su coche se incendia y termina alojado en Chinatown, compartiendo literas en un cuartucho con cinco chinos entrados ilegalmente en el país con extrañas ideas en la cabeza de cómo obtener la tarjeta de residencia. Tommy está deseoso de vivir aventuras y de descubrir el amor ―y si es en su vertiente física mejor que mejor―, pero por el momento se contenta con haber encontrado trabajo en el turno de noche de un Safeway compartiendo «experiencias» con los Animales ―los encargados de descargar los camiones y reponer las estanterías― como la de jugar a bolos con los pavos congelados.

Cuando los dos se conozcan de forma casual, van a ver el uno en el otro la solución a sus dilemas, así que decidirán alquilar un apartamento juntos. Ambos deben superar un periodo de aprendizaje acelerado sobre sus respectivas situaciones, el vampirismo de ella y el absoluto desconocimiento de las mujeres él. Y como lo mejor siempre ha sido acudir directamente a las fuentes, Tommy indagará sobre la naturaleza femenina en los test de la revista Cosmo y sobre los vampiros leyendo desde las fuentes clásicas a los libros más modernos, y haciéndole pasar diferentes pruebas a Jody para intentar separar el grano de la paja, los poderes auténticos de los que son pura ficción literaria.

Hay que tener muy presente que la novela fue publicada originalmente en el año 1995 y es, pues, bastante anterior a Crepúsculos y demás lánguidos vampiros adolescentes, siendo precisamente las Crónicas Vampíricas de Anne Rice las que estaban abriendo el dique que luego habría de inundar las estanterías de todo el género, y las que van a dar mucho juego en este proceso de aprendizaje.

Moore hace gala de un estilo suelto y fluido, poco recargado, directo, que permite una lectura ágil y ligera, ofreciendo a través de ingeniosos diálogos un brillante retrato de la vida moderna en una gran ciudad y del tipo de inestables relaciones sentimentales propiciadas por la misma. Con un humor ácido y sarcástico en muchas ocasiones, descarnado, que no duda en hurgar donde escuece, en sacar a la luz los defectos de las personas con una mirada lúcida y divertida a un tiempo, La sanguijuela de mi niña es, sin embargo, una lectura ideal para los momentos en que se necesita “recargar las pilas”, uniendo a un inteligente humor una trama interesante y atractiva que consigue en muchas ocasiones bordear el absurdo de las situaciones planteadas gracias a una frescura que invita a no plantearse demasiado la verosimilitud de lo narrado.

A pesar de lo extremo del planteamiento, los personajes son muy humanos, desde el sintecho Emperador de San Francisco y protector de México, pasando por todos los Animales, y sin olvidarse de los protagonistas principales. Es de constatar el trabajo de caracterización de cada uno, el cariño con que son tratados, la personalidad que destilan... personajes que consiguen que el lector se interese por ellos y por sus destinos, que se divierta con ellos y que sufra por su suerte.

Tommy es ingenuo e inexperto hasta la desesperación y Jody es una mujer «bastante» experimentada, así que forman una pareja aparentemente inviable y sin embargo conseguirán irse adaptando el uno al otro, compenetrándose y «mejorandose» entre sí. Es esta una historia de amor, que no un romance, entre dos personas aparentemente incompatibles y con una relación de dependencia que no augura los mejores auspicios. Tommy parece estar destinado a convertirse en el chico de los recados de Jody, está enamorado de ella y no puede negarle nada. Sin embargo, su inocencia e ingenuidad van a abrirse camino a través de todas las dificultades.

Hay en la novela una trama policiaco-detectivesca, donde dos inspectores se encargarán de seguir las diversas pistas de la investigación de la aparición de varios cadáveres desangrados, negándose a creer lo que las mismas parecen apuntar a pesar de todas las evidencias, y que de alguna manera se siente un poco más «coja» dentro de la trama principal, llamada tan solo a crear algo de tensión, aunque hay que reconocer que tiene momentos realmente excelsos como la descripción que hacen tres pandilleros del asalto que sufren en cierta lavandería. Mientras Jody intenta descubrir quién la ha convertido en vampira y por qué motivo la sigue acechando e intentando convertir su vida en un infierno, los dos protagonistas tendrán que evitar ser acusados de asesinato, lidiar con la amenaza que pende sobre sus vidas y descubrir dónde va a ir su relación si es que siquiera tiene algo de futuro.

La sanguijuela de mi niña es una novela muy divertida, en absoluto la típica historia de vampiros «modernos» tan de moda últimamente ―aunque comparta el hecho de que la vampira protagonista tenga «sentimientos» y no quiera hacer el “Mal”―, ideal para «desengrasar» las neuronas con una lectura ligera, entretenida y bien hilvanada. Doce años después, en 2007, Moore publicaría una secuela titulada aquí ¡Chúpate esa!, pero esa es otra historia para ser leída en otra ocasión.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Reseña: La mujer del viajero en el tiempo

La mujer del viajero en el tiempo.

Audrey Niffenegger.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

DeBOLS!LLO. Col. Best Seller. Barcelona, 2010 (6ª edición). Título original: The Time Traveller's Wife. Traducción: Silvia Alemany. 605 páginas.

Hace mucho tiempo que tenía en mente leerme esta novela, pero lo cierto es que nunca encontraba el momento hasta que el estreno de la película basada en el mismo ―película que, confieso, tampoco he visto― me decidió, por fin, a emprender la tarea. Este es uno de esos libros «de lectura obligatoria» de los que el boca a boca hace maravillas y consigue convertir en todo un éxito con todo lo que ello conlleva.

Henry DeTamble es un bibliotecario de Chicago que sufre un desorden genético de «crono desplazamiento», es un viajero en el tiempo, pero no de forma voluntaria, sino que sufre una mutación que le lanza al azar y de forma espontánea ―e inesperada―, sobre todo en momentos de tensión emocional, a otro momento de su vida, casi siempre a su pasado, pero en ocasiones también al futuro ―rebasando en ocasiones los límites de su propia vida, nacimiento y muerte, pero nunca demasiado―, dejando atrás sus ropas y todo lo que llevase encima, lo que implica un importante problema en el lugar al que llega, desnudo y sin referencias espacio-temporales, teniendo que recurrir muchas veces al robo para poder vestirse o alimentarse ―el dinero tampoco viaje con él, obviamente―. Pasado un periodo indeterminado vuelve al presente del que había partido, portando consigo nuevamente tan solo las lesiones que se haya producido en su periplo. Y uno de lo lugares que visita recurrentemente es un prado tras la casa donde vive cion su familia Clare Abshire, a quien conocerá cuando ella tiene seis años y él treinta y seis; una muchacha que no dudará en ayudarle primero, ocultando ropa y comida para él o dándole refugio en el sótano de la mansión cuando lo precise, enamorándose después, viaje a viaje ―unos viajes de los que tiene constancia porque un yo futuro de Henry le dictará una lista de sus posteriores visitas―, mientras espera encontrarse con él en el «tiempo real», donde él la conocerá por primera vez cuando ha cumplido los 28 y ella los 20.

¿Complicado? En absoluto. No estamos aquí ante una novela de ciencia ficción que se dedique a la especulación sobre el continuo espacio-temporal ―aunque paradojas hay unas cuantas― o sobre la genética implicada en el viaje, más allá del «estudio» de la «enfermedad» como mera excusa impulsora de la trama. No. Esta es una historia de amor ―o varias, según se mire― con unas buenas dosis de suspense y un toque de fantasía, y todo lo demás es un cuidado e inteligente escenario que añade dramatismo a una narración que hubiese sido terriblemente tópica de otra manera. Una historia de amor diferente, sin duda, pero como otras tantas plena de dolor, romanticismo, felicidad, risas, patetismo, tragedia, emoción, sexo y lágrimas.

La mujer del viajero en el tiempo alterna el punto de vista de los dos protagonistas, ambos en primera persona, con una labor de encaje de bolillos llena de artesanía para ir acoplando en su lugar cada escena en el momento justo para hacer que la historia, a pesar de los saltos adelante y atrás en el tiempo, avance constantemente hacia su desenlace «natural». La autora utiliza una estructura de capítulos bastante breves motivada por el recursivo uso del salto en el tiempo, ya que cuando la narración amenaza con alargarse Henry desaparece y se pasa a la siguiente escena; para situar al lector sin perderlo en el intento, cada uno de ellos indica primero la fecha y la edad que los dos protagonistas tienen en ese determinado momento. Una brevedad que por un lado dotan a la lectura de una agilidad encomiable, pero por otro debilitan su continuidad ―si tal cosa es posible en un libro en que por su propia trama la continuidad no existe― al producirse demasiadas pausas. La historia va saltando de Henry a Clare y viceversa, haciendo que el lector asista a los acontecimientos de una forma desordenada, pero no caótica, volviendo sobre ciertos hechos mucho más adelante de la novela para verlos desde la óptica de uno u otro ―según la cronología del tiempo real o del viaje hacia el pasado o el futuro―, variando la perspectiva o interpretación que se tenía de los mismos. Lo cierto es que la autora hace una muy satisfactoria labor a la hora de ir rellenando los huecos que van produciéndose en la narración, según sea Henry o Clare quien ofrezca su visión de la escena.

Sin embargo, una vez superada la novedad de la estructura narrativa, lo cierto es que la novela se centra de una forma demasiado monótona en lo cotidiano de la vida en común de ambos, sus citas, sus desayunos, comidas y cenas, sus relaciones sexuales, sus salidas con las amistades, su asistencia a conciertos, sus visitas a la familia, sus consultas médicas..., desdeñando situaciones que podrían haber sido de mucho más interés dada la peculiaridad del viaje en el tiempo: muchas de las «aventuras» de Henry llegando desnudo a su desconocido lugar de destino y metiéndose en líos por ello, se muestran esbozadas, pero sin llegar nunca a profundizar en alguna de ellas realmente. Toda la posible diversión ―y hay que reconocer que la situación es, cuando menos, embarazosa―, la emoción, la aventura... quedan eclipsados por la vida en pareja y su difícil relación. Está claro que lo que la autora quería ofrecer era una desgarradora historia de amor y es lo que el lector va a obtener, ni más ni menos. Desdeñando así las posibilidades más aventureras del tema, la autora se centra en estudiar las relaciones que se establecen entre los protagonistas, primero entre ellos dos como pareja, pero también de ambos con sus familias, sus padres, sus amigos, sus antiguos amantes ―los de Henry en todo caso―, sus trabajos y la lucha para sacar adelante su relación como cualquier pareja enamorada ―aunque con alguna dificultad añadida, sin duda―.

Hay además un terrible sentimiento de inevitabilidad en todo el relato; Henry no «conoce» a Clare cuando por primera vez ella se lanza a sus brazos en la Biblioteca Newberry, pero de todos modos parece que por decreto tengan que enamorarse. Por mucho que ella tenga referencias del Henry futuro, él muy bien podría haber elegido no creerla o enamorarse de otra ―de hecho, en ese momento mantiene otra relación―, pero en ningún momento parece que esa opción sea siquiera contemplada. En otra línea, Henry viaja numerosas veces a un mismo tiempo y lugar, lo que le permite por ejemplo, observar desde muchos ángulos distintos el accidente en que muriera su madre marcando trágicamente la vida de su padre, destrozado por la ausencia de su esposa. Impotente de cambiar nada, temeroso incluso de hacerlo por si no vuelve a su propio tiempo y lugar sino algún mundo sutilmente diferente, le es imposible resistirse a recrearse en el dolor de la pérdida, al tiempo que otros viajes le compensan con visiones de la vida anterior de sus padres, cuando todavía eran ambos felices. Cobra así especial importancia a lo lkargo de la novela la cuestión del libre albedrío y el determinismo. ¿Está el destino escrito en piedra o se puede escapar del mismo de alguna manera?

El libro, para mí, empieza a hacer agua en el tratamiento de los personajes. Los mejores amigos de la pareja, Gómez y Charisse, están muy desdibujados, con actuaciones en ocasiones contradictorias, e incluso absurdas. El personaje de Henry termina por hacerse absolutamente odioso: egoísta, borracho, pendenciero, violento, utilizando a las personas... Y el de Clare, con toda su ternura, no refleja sino el carácter de una niña malcriada y un tanto caprichosa. Sin duda, ambos se enfrentan a situaciones extremas y duras, pero ello no les justifica para actuar de la forma que lo hacen en muchos momentos de la narración.

Otros detalles que lastran la lectura son, por ejemplo, que el periodo en que la pareja intenta por todos los medios tener un hijo, supuestamente de gran dolor y tragedia, se hace excesivamente repetitivo y finalmente tedioso, rebajando la evidente angustia y tristeza que cualquiera puede imaginar en esas circunstancias hasta convertirla en algo cotidiano, sin fuerza, muy lejos del dramatismo que debería trasmitir. O que el tratamiento del amor como sentimiento sea demasiado extremo y nadie en el libro parezca ser capaz de recuperarse de una relación fallida o truncada; siendo el caso paradigmático el de la ex-novia de Henry, Ingrid, ejemplo perfecto del patetismo en que la autora sumerge muchas veces a sus personajes. Está claro que toda la trama está enfocada hacia lo lacrimógeno, hacia ese final entre dulce y amargo que busca romper los corazones, empezando por todas las penalidades y adversidades que supera la pareja protagonista para lograr que su historia de amor se sostenga.

Desde luego, La mujer del viajero en el tiempo me ha parecido una obra de extraordinaria labor artesanal para una historia de amor que me ha dejado más bien frío. Quizá es que me esperaba, después de tantas recomendaciones, otra cosa, pero lo cierto es que me ha defraudado en buena parte, no por su sorprendente estructura o su tema, sino por el tratamiento de sus personajes y por la simpleza final de su historia. Quizá es que no era el libro para mí; después de todo los elogios han sido casi generalizados y ya lleva un buen montón de ediciones en diferentes formatos, ha sido traducido a cantidad de idiomas diferentes y ha sido trasladado a la gran pantalla; su éxito no puede negarse, pero lo mismo podría decirse de El código DaVinci y no me pillarán con él en las manos. Sin duda, La mujer del viajero en el tiempo es una novela original e inteligente, pero no ha conseguido atraparme, es más, me ha aburrido por momentos.