Mostrando entradas con la etiqueta Zeta Bolsillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zeta Bolsillo. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de agosto de 2009

Reseña: Cuentos Completos 1

Cuentos Completos I

Isaac Asimov

Reseña de: Amandil

Zeta Bolsillo. Col. Nova. Barcelona, 2009. Título original: The Complete Stories. Volume I. Traducción: Carlos Gardini. 816 páginas.

Isaac Asimov es siempre un valor seguro a la hora de ser publicado en cualquiera de sus facetas ya que supo conectar con un elevadísimo número de lectores a través de su sencillo estilo como escritor. Da igual que nos encontremos ante el novelista de grandes sagas como la Fundación o Robots, o ante el ameno divulgador tanto de temas científicos como históricos o, incluso, como en estos Cuentos Completos 1, ante el reputado fabulador de cuentos cortos.

Lo cierto es que este volumen, que ha de ser completado con el consecuente "tomo 2", no aporta ninguna novedad a la prolífica obra de uno de los grandes de la ciencia ficción mundial. Rara es la ocasión en que en un libro dedicado a ser un mero recopilador, el seguidor fiel de un escritor se vea sorprendido por algo que no conozca de antemano. En otras palabras: no hay nada nuevo bajo el sol.

Pero el éxito de este libro no ha de medirse en terminos de originalidad (inexistente, como ya se ha dicho) sino en el valor que tiene, precisamente, como recopilador pretendidamente total (en el prólogo el propio Asimov ya avisa que su obra es casi imposible de localizar de un modo completo y fiable debido a que ha sido publicada en soportes dispares (especialmente revistas de mediados del siglo XX)y extintos, muchos de ellos hoy en día perdidos e irrecuperables para el lector actual. Así que, en realidad, disponer de unos Cuentos Completos es una posibilidad que no se puede dejar pasar a la ligera si se quiere acceder a las obritas que, de otro modo, es probable que no podamos disfrutar.

Sólo por esta posibilidad la edición que nos presenta Zeta ya debería ser tenida en cuenta por cualquier seguidor de la ciencia ficción, en general, y de Asimov, en particular.

Pero no sólo por eso. Hay que reconocer que la calidad del volumen, asumiendo que es una edición de bolsillo en tapa blanda, es muy elevada y se mantiene en todo momento dentro de lo que me atrevo a denominar "el camino correcto" en lo que a edición y respeto al lector se trata. No nos encontramos con esos fallos que parecen abundar en las colecciones de libros que se asocian con la ciencia ficción y la fantasía. Incluyo en este elogio la traducción que en ningún momento se convierte en un obstáculo para el lector. No hay giros gramaticales extraños, ni vocablos de dudoso acierto, ni traducciones a la virulé. Así que, por ese lado, el lector puede estar satisfecho del continente.

Y ahora hablemos del contenido.

En este primer volumen disponemos de cuarenta y siete relatos cortos (dos de ellos, para ser exactos, son poemas) que no siguen ningún orden cronológico conocido sino, simplemente, han sido ordenados de ese modo por Asimov. De hecho en el prólogo (por cierto, muy breve y exclusivo en el libro ya que ninguno de los relatos está prologado, como sí suele suceder en otros libros de "cuentos cortos" del mismo autor) lo único de lo que se nos informa es de que nos encontramos que varios de ellos son de especial cariño para el escritor, citándose su título pero sin hacer mayor hincapié en los porqués de esa valoración. Queda en manos del lector decidir si su gusto coincide con el del autor.

Aunque la temática es muy variada según se va avanzando en la lectura surgen tres grandes temas que se repiten con cierta regularidad como telón de fondos de la mayor parte de los cuentos. Es preciso señalar, de nuevo, que al ser un compendio que abarca varias decadas de producción, la reiteración que percibe el lector no es, en modo alguno, una muestra de la falta de originalidad de Asimov, sino más bien una consecuencia lógica del mero hecho de compilar textos que están encuadrados en una época concreta de la Historia de la humanidad.

Esos tres grandes "bloques temáticos" son la existencia de la todopoderosa supercomputadora Multivac (que llega a convertirse casi en el hilo motor del libro, por sus múltiples apariciones aunque, en ocasiones con consecuencias contradictorias); el desarrollo atómico con fines militares como amenaza y signo de la estupidez humana; y la pretensión de acceder al pasado como observadores por medios técnicos.

Junto con estos tres temas reiterativos (pero no cansinos ni aburridos) surgen otros que son fiel reflejo de algunas de las líneas narrativas que caracterizaron a Asimov, en especial la robótica y sus aplicaciones, y la capacidad de convertir la Historia en una ciencia matemática o estadística.

Pero no se agotan aquí los temas que aparecen en los diversos relatos, ni mucho menos. Encontramos espacio para el humor (leyendo El chistoso en un tren no pude contener la risa varias veces y con El brujo moderno uno descubre que quizá no es buena idea lo de utilizar elixires de amor a lo loco), el romanticismo, (Los ojos hacen algo más que ver es una buena muestra de que puede haber poesía junto con un inusitado sentimiento de amor por lo perdido) la especulación filosófica (La última pregunta se mueve entre el ¿por qué estamos aquí? y la Creación), la temática religiosa (el demonio tiene cabida como personaje a burlar -Treta tridimensional- o burlador -La trompeta del Juicio Final- en varios cuentos). En definitiva se puede decir que es casi imposible aburrirse viendo la variadísima temática que se despliega ante nuestros ojos.

Esta versatilidad a la hora de imaginar cuentos e historias cortas siempre se nos muestra bajo un mismo estilo y utilizando las mismas herramientas de escritor avezado. ¿Para qué otras si el éxito persigue el modo sencillo y limpio de contar las cosas? No encontraremos florituras, ni exquisitas formas metafóricas leyendo las obras de Asimov. Todos los personajes son esbozados de un modo simple, con nombre y un apellido (en el caso de extraterrestres de nombres estrafalarios se incluye también alguna distinción relacionada con su función -piloto, capitán, etc.-), se les describe someramente para distinguir a unos de otros y en seguida la narración se basa en una eficaz combinación de diálogos bien hilvanados, pensamientos reveladores y datos aportados por el narrador.

Finalmente, como es de esperar en un relato corto, la trama suele desembocar en un final inesperado que dota de un significado revelador lo que se ha leídoya sea para un giro cómico, trágico o catastófico. De todo hay. De hecho gran parte de la fuerza de algunos de los cuentos se apoya casi por completo en el último párrafo o en la página de cierre, mostrando en ese momento el autor su habilidad para entretener y sorprender al lector.

No tiene desperdicio este volumen de Cuentos Completos para descubrir diecisiete años después de su muerte a un autor que hizo de la Ciencia Ficción, seguramente, uno de los generos literarios más versátiles, entretenidos y evocadores que podemos encontrar dentro de la Literatura contemporanea. Y, sin temor a equivocarme, este libro le hace justicia.

viernes, 7 de agosto de 2009

Reseña: Los Viajes de Tuf

Los Viajes de Tuf.

George R. R. Martin.

Reseña de: Matt Davies

Zeta Bolsillo
. Col. Nova. Barcelona, 2009. Título original: Tuf Voyaging. Traducción: Alberto Soler. 556 páginas.

Si hay algo que el buen lector siempre ha de agradecer es el asombro y la ilusión que produce el encontrarse con libros como Los Viajes de Tuf. Y escribo esto pensando precisamente en la agradable sorpresa que me llevé al caer en mis manos la reedición de la obra de Martin. Siete relatos - uno de ellos casi una novela corta- que comparten protagonista y temática, y que resultan ser totalmente disfrutables del primero al último.

Haviland Tuf es un comerciante, poco mas que un buhonero, de apariencia extraña y casi ridícula y mente racional y práctica hasta extremos exasperantes. Es vegetariano, enorme y calvo, y muestra un especial cariño por los gatos. En el primero de los relatos, por verse involucrado en circunstancias ajenas a sus deseos, acaba en posesión del Arca, una nave descomunal que contiene el laboratorio genético mas grande de la galaxia. A partir de ahí, seguimos a Tuf en sus andanzas de un planeta a otro, usando el enorme poder que ha caido en sus manos casi por casualidad con una muy inteligente mezcla de sentido práctico e inocencia.

El punto de partida es, pues, bastante sencillo. A excepción del primero de los relatos, el resto encajan en el mismo esquema: Tuf llega a un planeta que sufre una grave crisis ecológica, ofrece sus servicios a cambio de un generoso pago o unas reparaciones a su nave, los representantes del planeta aceptan a regañadientes y la crisis es finalmente solucionada. Simple, si, pero en ningún momento se tiene la sensación de que los relatos vayan perdiendo frescura u originalidad, sino justo al contrario: la oposición entre la personalidad extravagante y analítica de Tuf y sus distintos patrones- que van desde los muy honorables a los directamente malvados-, y la cercanía de los problemas presentados- el control de natalidad o la introducción de nuevas especies en un ecosistema- es lo que sirve de motor a las distintas historias, dejando Martin las florituras narrativas a un lado y centrándose en su personaje principal, enfrentado a problemas que buscan la reflexión, y no solo el divertimento, del lector.

Los relatos que componen Los Viajes de Tuf están ordenados no por fecha de publicación, sino por continuidad de la propia historia. Somos testigos de como Tuf aprende a utilizar el poder casi ilimitado del Arca (de monstruos horribles a cosechas resistentes a la polución, pasando por plagas bíblicas; todo puede cultivarse en los tanques de genética de la nave), y como ese poder casi divino y las decisiones que ha de tomar a la hora de utilizarlo lo van cambiando relato tras relato. Aun así, Tuf es un personaje completamente positivo, y Martin no puede escribir acerca del poder absoluto corrompiendo a su protagonista. Tuf, noble y honrado antes y después de adueñarse del Arca, acaba siendo una especie de deidad menor a ojos de aquellos que requieren de sus servicios. En ocasiones un poco caprichoso y extraño, pero siempre justo. Utilizando a Tuf como un alter ego mas que obvio, Martin no tiene reparos en criticar todo aquello que no le gusta, y ataca a los gobiernos llenos de burócratas holgazanes, a los extremismos religiosos y al maltrato continuo al medio ambiente, pero sabe darle a sus relatos un tono irónico y amable y un final siempre esperanzador.

En fin, si añadiera como conclusión final lo hábilmente escrito que está, lo mucho que me ha gustado o lo inteligente de sus argumentos me repetiría, asi que acabo con una reflexión personal: Metido como estoy (aunque sea de refilón) en el mundo de la enseñanza, y después de ver las lecturas obligatorias de mis alumnos...¿no se podrían leer libros como este en los institutos y colegios? Bien hecho, divertido, crítico y didáctico, pero sin ningún tipo de falsa moralina. Pero me temo que la mía solo es una pregunta retórica...

miércoles, 3 de junio de 2009

Reseña: La nave de un millón de años

La nave de un millón de años.

Poul Anderson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns

Zeta Bolsillo. Col. Nova. Barcelona, 2009. Título original: The Boat of a Million Years. Traducción: Carlos Gardini. 727 páginas.

Recupera está renacida colección Nova “ciencia ficción” un libro en el que tan sólo unas 150 de sus más de 700 páginas pueden ser consideradas propiamente de ciencia ficción. En realidad, La nave de un millón de años ofrece un viaje a través de la Historia sobre la Tierra en un estudio más sociológico que propiamente histórico y solamente en su último “capítulo” se abre hacia el futuro en una travesía interestelar que habrá de deparar abundantes sorpresas. La premisa es sencilla, partiendo de la existencia de unas (pocas) personas a las que no les afecta el envejecimiento, que no enferman y que se curan extraordinariamente rápido de sus heridas (aunque puedan morir por las mismas), personas que en nada más destacan sobre el resto de sus congéneres, Anderson va haciendo un fragmentario retrato de la Historia de la humanidad, de sus grandezas y miserias. Comienza la narración aproximadamente sobre el año 310 a.C. y avanza a saltos entre todos los rincones del planeta en busca de estos seres extraordinarios y sus complicadas vivencias hasta un muy, muy lejano futuro.

La narración, debido al enorme periodo temporal que abarca, es obligatoriamente fragmentaria y en torno a ello se estructura el libro, saltando entre distintos episodios y distintos inmortales, cruzándolos de vez en cuando, avanzando en el tiempo, pero sin caer en la tentación de remarcar hechos históricos de gran importancia, sino mostrando la vida en otras épocas tal y como debía ser, y cómo se manejan en ellas los protagonistas para ocultar su secreto, acusados de brujería y otros crímenes peores cuando son descubiertos, al tiempo que buscan desentrañar si acaso existen más humanos como ellos y ellas.

Con estos mimbres, el libro se divide en dos partes claramente diferenciadas. Hasta la página 546 el lector se encuentra con una fantasía-histórica, aunque el único toque fantástico sea la existencia de los propios inmortales y sus relaciones con otros personajes históricamente reales. A partir de la citada página, se abre el último capítulo del libro, el más largo de ellos, donde el autor se sumerge plenamente en la ciencia ficción y el futuro, ofreciendo al lector el relato de un largo (en tiempo y en espacio) viaje a las estrellas donde los longevos protagonistas tendrán que enfrentar nuevos retos, desafíos y desavenencias.

Es quizá uno de los mejores aciertos de Anderson la elección de esos protagonistas como gente de lo más corriente, obviando el don de la inmortalidad relativa, con las mismas filias y fobias, los errores y aciertos, la inteligencia o falta de la misma, con las mismas mezquindades y bondades que cualquier otro ser humano; personas normales, provenientes de todas las esquinas del planeta, que muchas veces se ven superadas por su situación y por las circunstancias en las que se ven envueltas, y que luchan por sobrevivir y comprender el mundo en que les ha tocado vivir a través de los tiempos. Es por eso que el libro se convierte de alguna manera en un estudio sociológico de los protagonistas, de sus reacciones, de sus sentimientos, de los cambios psicológicos que el paso de los años produce en ellos, ya que exteriormente permanecen inmutables. Todo ello se ve reflejado especialmente en el sentimiento de soledad que antes o después embarga a cada uno de los protagonistas, a la constatación de que el mundo a su alrededor va a ir cambiando inevitablemente, que sus seres queridos van a ir desapareciendo, que no pueden aferrarse a nada mientras ellos permanecen anclados en sus existencia. Se produce un estremecedor miedo a relacionarse, a enamorarse de alguien al que saben que verán morir tarde o temprano; hay una angustia vital en todos ellos, una resignación forzada, un anhelo imposible. Es curioso que en muchos pasajes me viniese continuamente a la mente la maravillosa canción que Queen escribiese para la película de Los Inmortales, “Who wants to live forever”, en especial los versos en que se pregunta ¿Quién quiere vivir para siempre? ¿Quién se atrevería a amar para siempre? Cuando el amor debe morir. [Who wants to live forever? Who dares to love forever? When love must die.]; ese es el estado en que el autor consigue imbuir a los protagonistas y a través de ellos al lector.

Es La nave de un millón de años una lectura víctima de su estructura, necesariamente fragmentaria, carente de una línea narrativa continua, con grandes saltos, con continuos cambios de protagonistas y de puntos de vista, que puede hacer que algún momento el lector pierda algo el interés al ser algunos de ellos ciertamente más interesantes y conseguidos que otros, o tener más simpatías por unos personajes que igual tienen una menor aportación que otros a priori no tan interesantes. Es por tanto en ese sentido, una novela algo difícil, áspera incluso, pero al final muy grata y con las suficientes sorpresas y vueltas de tuerca como para resultar satisfactoria e interesante. No puede evitar ciertos altibajos y muy posiblemente le sobren algunas páginas, pero también es verdad que yo no sabría muy bien de dónde cortar, pues al final todas las escenas a través de los siglos son necesarias para confluir y dar lugar a la auténtica aventura: el viaje a las estrellas. Y para tratar de contestar a la pregunta más importante que viene a ser planteada de alguna forma por el autor: ¿Daría la felicidad a los seres humanos el ser inmortales?

sábado, 23 de mayo de 2009

Redifusión: Olympo

Aprovechamos la reedición de esta novela por parte de Zeta bolsillo para traer de nuevo a nuestra portada la reseña que publicáramos originalmente el 9 de febero de 2007.

==

Olympo.

Dan Simmons.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Olympo I: La guerra. Zeta bolsillo. Col. Nova. Barcelona, 2009. Título original: Olympos. Traducción: Rafael Marín Trechera. 420 páginas.

Olympo II: La caída. Zeta bolsillo. Col. Nova. Barcelona, 2009. Título original: Olympos. Traducción: Rafael Marín Trechera. 480 páginas.

Es imposible hacer una reseña de Olympo sin hacer referencia a su predecesora: Ilión, y por lo tanto es muy posible que a lo largo de esta reseña se me escape algún spoiler de ésta. Debo reconocer que, aunque me gustó mucho, Ilión también me decepcionó un tanto, no estaba a la altura de lo que esperaba. Leído ya Olympo, su lectura me ha confirmado la impresión que tuve al terminar de leer el anterior libro, que simplemente se trataba de una mera, y larga, introducción para éste que nos ocupa ahora. Simmons se había de alguna manera limitado a ir presentando a los personajes y había ido colocándolos en posición para dar el pistoletazo de salida de esta impresionante narración épica que es Olympo.

En efecto, preparados y dispuestos ya los protagonistas donde Simmons los quería, el libro es una sucesión de aventuras, revelaciones, descubrimientos y peripecias que no han de dejar indiferente al lector. El de Olympo sí que es Simmons en estado puro, en estado de gracia, con ese toque maestro al que nos acostumbró con Hyperion.

La narración, dejado ya atrás el seguimiento de la guerra de Troya que no por menos interesante no dejaba de ser algo tedioso, se centra por un lado en la guerra de griegos, troyanos y moravecs contra los supuestos dioses: posthumanos que con su mal uso de la tecnología del teletransporte cuántico estaban poniendo en peligro la misma existencia del sistema solar y de todos los que en él habitan; y por otro, continuamos asistiendo al brusco despertar de los “humanos antiguos” de su existencia idílica sobre la Tierra donde pasarán de ser una especie de “elois” despreocupados a ser una especie en peligro de extinción.

Simmons echa mano de los amplios recursos narrativos que ya había demostrado en obras anteriores para mantener la atención sobre un buen número de personajes sin que el interés, la emoción o la tensión decaigan en ningún momento, sea la trama que sea la de que se ocupe en ese momento, ya sea en la superficie de Marte o en su alto Olimpo, en la Tierra del futuro o en la de esa Troya paralela que por fin descubriremos para qué y dónde existía. En un momento dado, un personaje dice algo así como que en la Iliada no hay nadie que muera sin que Homero cite su nombre; aquí viene a suceder algo parecido y muchos son los llamados a tener su instante de gloria.

Todas las preguntas, los muchos misterios que se habían planteado en Ilión se van desvelando poco a poco a lo largo de estas páginas, deparando muchas sorpresas inesperadas y muchas vueltas de tuerca magníficamente justificadas.

Utiliza Simmons, además, dos de sus temas más queridos. Por un lado nos encontramos con el desarrollo de la teleportación, tema que ya fuera central en Hyperion y, sobre todo, en su continuación, Endymion, y que aquí obtiene una importancia vital para la trama, casi se podría decir que convirtiéndose en el motor de la misma, y sin la cual el libro no hubiera podido existir. Nos encontramos con varios tipos, desde el “faxeado” de los humanos antiguos hasta el TCear de los posthumanos (abriendo caminos cuánticos para trasportarse de un lugar o tiempo a otro). El uso de esta tecnología, motivo que impulsó a los moravecs a viajar hasta Marte y ahora hasta la Tierra, es la palanca que mueve la narración y permite los más espectaculares pasajes que podamos imaginar (y si no, que se lo pregunten al pobre Aquiles en sus viajes en pos de su intento de asesinar a Zeus). Es cierto que el autor se apoya más en la “tecnojerga” que en la ciencia conocida, pero no deja de ser muy interesante la justificación que nos expone.

Por otro lado, nos encontramos, aunque con una menor relevancia aparente, con otro de los temas recurrentes en Simmons: la crítica a cualquier manifestación del fanatismo religioso; esta vez ejemplarizado en la cerrazón mental del mundo musulmán en genérico. Es un tema que se manifiesta mucho menos a lo largo de la narración, no ocupa tanto lugar, pero se demuestra tan vital o más que el teletransporte para configurar ese mundo futuro al que el autor aboca a la humanidad. Un mundo que luchará por la supervivencia al enfrentarse a la inmensa amenaza que puede llevar a la extinción de la propia especie humana.

Y junto a ello, multitud de detalles más, como no podía ser menos con Simmons, incluidos ciertos descensos a la metafísica, o la enorme cantidad de referencias literarias que van soltando los protagonistas o que están hábilmente entretejidas con la trama: desde la muy evidente Iliada a otra ingente cantidad de clásicos helenos hasta la muy mencionada En busca del tiempo perdido de Proust o la repetidas veces citada La tempestad de Shakespeare. Cabe decir, sin embargo, que el lector lego en estas lecturas disfrutará igualmente con la obra, pues su conocimiento no es en absoluto necesario para comprender la trama y cuando sí lo es, viene convenientemente explicado.

Al final, como también es habitual, quedan unos cuantos flecos sueltos (algunos muy gordos) en un final que, a pesar de dejar todo bastante bien atado, deja abierto el futuro para (¿quién sabe?) una posible continuación como ya hiciera con Hyperion al prolongarlo en los libros de Endymion. Quizá no hay tanto dónde agarrarse aquí, pero yo no me opondría en absoluto. He disfrutado mucho con la lectura de Olympo, esta vez Simmons no me ha defraudado en absoluto.