Alfredo Álamo.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Viaje a Bizancio Ediciones. Col. Microbio # 1. Sevilla, 2010. 131 páginas.
Se
me antoja tan difícil escribir una reseña de esta obra como poder
definirla. Parece imposible poder enmarcarla en un nicho concreto, en un
género o en un estilo. Y ello encierra tanto una virtud como su propia
maldición, dado que su público objetivo es dificilmente aprensible.
Compuesto por tres «partes»: Lapidario, Feriantes y la propia Lunarias
que da nombre al conjunto, el volumen recopila más de cien microrelatos
que navegan entre lo onírico, lo fantástico, lo terrorífico, lo poético
y lo humorístico —entre otras muchas cosas—. Cuentos, si pueden
llamarse así, ultra cortos, hiperbreves, intensos, descarnados,
irónicos, con textos desgarrados y escuetos, tan afilados como
comprimidos. Cuentos que son como tiernas anécdotas, mensajes perdidos
en una botella, disparos al aire, cuchillos saliendo de la oscuridad y
clavándose profundamente en el cerebro. Sin dar tiempo a la tradicional estructura de planteamiento, nudo y
desenlace, sin presentar personajes, ni necesitarlos; buscando más la sugerencia que la certeza.

