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domingo, 11 de marzo de 2012

Reseña: Lunarias

Lunarias.

Alfredo Álamo.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Viaje a Bizancio Ediciones. Col. Microbio # 1. Sevilla, 2010. 131 páginas.

Se me antoja tan difícil escribir una reseña de esta obra como poder definirla. Parece imposible poder enmarcarla en un nicho concreto, en un género o en un estilo. Y ello encierra tanto una virtud como su propia maldición, dado que su público objetivo es dificilmente aprensible. Compuesto por tres «partes»: Lapidario, Feriantes y la propia Lunarias que da nombre al conjunto, el volumen recopila más de cien microrelatos que navegan entre lo onírico, lo fantástico, lo terrorífico, lo poético y lo humorístico —entre otras muchas cosas—. Cuentos, si pueden llamarse así, ultra cortos, hiperbreves, intensos, descarnados, irónicos, con textos desgarrados y escuetos, tan afilados como comprimidos. Cuentos que son como tiernas anécdotas, mensajes perdidos en una botella, disparos al aire, cuchillos saliendo de la oscuridad y clavándose profundamente en el cerebro. Sin dar tiempo a la tradicional estructura de planteamiento, nudo y desenlace, sin presentar personajes, ni necesitarlos; buscando más la sugerencia que la certeza.

sábado, 11 de febrero de 2012

Reseña: Largas noches de lluvia

Largas noches de lluvia.
Marc R. Soto.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Viaje a Bizancio Ediciones. Col. Clatter # 7. Sevilla, 2011. 131 páginas.

Al tener el libro en sus manos el lector se encuentra con un breve, aunque morbosamente delicioso, volumen que contiene tres relatos, Sueño de nieve y barro, La sonrisa del reloj y Largas noches de lluvia, de muy diferente longitud —cortos los primeros y bastante más largo el último— con muy diferente enfoque pero idéntico objetivo: inquietar y sorprender. Tres historias que parten de lo cotidiano y familiar, de lo íntimo —un paseo en el bosque, un niño que recibe un regalo, un hombre que cuida de su esposa enferma ocupándose de las labores del hogar— para hacer surgir de las sombras aquellas ocultas realidades que se niegan a salir a la luz. Historias en verdad intemporales —más allá del año que acompaña a cada título—, enclavadas en un pueblo de eso que se ha dado en llamar la España Profunda donde sus habitantes se muestran enormemente celosos de su silencio y privacidad, de forma, por ejemplo, que veinte años después de llegar al lugar y estar casado con una de «ellos», el boticario sigue siendo el «extraño», el extranjero del lugar. Historias que hablan de familias, de relaciones envenenadas, de envidias, rencores y celos, de verguenzas propias y ajenas, y es que detrás de cada uno de los incidentes se encuentran muchos secretos y mentiras, muchos sentimientos inexpresados, muchas ofensas no resueltas, mucha culpa no exteriorizada.