El arco de la Guadaña, 3.
Neal Shusterman.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Nocturna ediciones. Col. Literatura mágica # 94. Título original: The Toll. Traducción: Pilar Ramírez Tello. Ilustración de portada: Kevin Tong. 725 páginas.
Llegamos al cierre de la trilogía de El arco de la Guadaña, y es un cierre satisfactorio acorde a todo lo precedente —aunque la segunda entrega había dejado el listón muy alto, se puede decir que este casi está a la altura—. Shusterman ofrece una novela, tres en realidad, sobre la vida y la muerte, en un mundo donde la misma ha sido erradicada de forma natural y, debe ser impartida como control de población, y sobre todo lo que hay entre medias de ambas. Las diversas posturas, desde la entrega al egoísmo, muestran un amplio abanico de reacciones ante un tema tan vital, repleto de intrigantes reflexiones, pero sin olvidar en ningún momento que este es un libro de aventuras y de intriga, elementos que el autor explota con habilidad e inteligencia. El mundo se encuentra abocado a tiempos difíciles, y de la forma de encararlos de cada uno saldrá una humanidad reforzada o una condenada. El Nimbo calla mientras los nubarrones se acumulan en el horizonte. El sino del futuro se encuentra en delicado equilibrio en el fiel de la balanza, o quizá mejor sería decir que descansa inestable en el arco de la guadaña. Resta comentar que resulta bastante imprescindible haber leído las dos entregas anteriores, de las que puede haber algún destripe en la presente reseña, para disfrutar en las debidas condiciones de esta.



