Hablamos de todo aquello que nos interesa, sobre todo Literatura y sobre todo Fantástica. Lo nuestro son reseñas, no crítica literaria. Sólo razonamos nuestras opiniones, subjetivas y particulares, de lo que nos gusta y de lo que no.
domingo, 9 de junio de 2019
Reseña: Swamp Thing. TV Series (2019). Eps. 1 y 2.
sábado, 6 de febrero de 2016
Reseña: Hellblazer de Garth Ennis, vol. 03 (de 3)
lunes, 1 de febrero de 2016
Reseña: Hellblazer de Paul Jenkins, núm. 01 (de 2)
Hellblazer: Paul Jenkins, núm. 01 (de 2).Guión: Paul Jenkins.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Reseña: Hellblazer de Brian Azzarello
miércoles, 15 de julio de 2015
Reseña: Hellblazer: Garth Ennis vol. 2
Guión: Garth Ennis.
Dibujo: Steve Dillon, Will Simpson, David Lloyd.
sábado, 30 de mayo de 2015
Reseña: Hellblazer: Warren Ellis
jueves, 19 de marzo de 2015
Reseña: American Vampire 1-6
domingo, 8 de marzo de 2015
Reseña: Hellblazer: Garth Ennis vol. 1
domingo, 27 de julio de 2014
Reseña: Constantine (la serie de TV): Episodio piloto
lunes, 17 de diciembre de 2012
Reseña: Spaceman
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Reseña: Hellblazer, de Andy Diggle
Hellblazer, de Andy Diggle.Guión: Andy Diggle.
Dibujo: Leonardo Manco.
Reseña de: Matt Davies.
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2009. Recopilación en tres tomos de la serie original John Constantine: Hellblazer, números 230 a 244 y 247 a 249 (USA) .
Que John Constantine es uno de los personajes del cómic –fuera del mainstream y del género superheroico– mas populares y mejor tratados es algo que casi cualquier lector sabe. Con guionistas como Jamie Delano, Mike Carey o el mismo Alan Moore y dibujantes como Mark Buckingham o Steve Dillon, parece que las desventuras del mago inglés exijan siempre un alto nivel creativo. Los últimos tres tomos, publicados en España por Planeta DeAgostini, recopilan el arco argumental desarrollado por Andy Diggle y Leonardo Manco, y no son, afortunadamente una excepción a esta regla no escrita.
Diggle, guionista norteamericano con unos cuantos cómics de éxito en su currículum, como Los Perdedores o la actual etapa de Daredevil, retoma a Constantine donde lo dejó la escritora escocesa Denise Mina. Después de la confusa etapa de Mina, con un protagonista que en ocasiones parecía difícilmente reconocible como el John Constantine al que estábamos habituados, Diggle tiene que lidiar con un Constantine más desesperado y cercano al abismo de la locura que nunca.
El problema con el que se encuentra Diggle es la constante necesidad de evolución de su personaje principal. Rompiendo sistemáticamente con la regla de oro del género superheroico de que “todo cambia para permanecer igual” (no hay que olvidar que los orígenes del personaje lo situaban dentro del universo DC, como partenaire de la Criatura del Pantano), el mago inglés madura, cumple años y gana arrugas. Esto bien puede suponer un problema al escribirlo, como bien lo atestiguan las etapas de Azzarello o de Mina. Constantine es un personaje tan bien definido, tan carismático y reconocible en sus actitudes y gestos que trastear con su personalidad y motivaciones, o tratar de experimentar con él en otros ambientes conducen invariablemente a que los lectores fieles se sientan estafados.
La habilidad de Diggle es tener siempre presente esta máxima. Constantine es Constantine, y eso implica fuerzas sobrenaturales y demoníacas, sangre y asesinatos, Londres y sus suburbios sucios y abandonados. El guionista sabe que, aunque este no es un personaje con el que pueda hacer borrón y cuenta nueva e ignorar lo anteriormente escrito, sí puede reconducir tramas, ajustar argumentos y personajes para que la vuelta a casa de Constantine no parezca demasiado forzada.
Los lectores nos encontramos con unas aventuras de Constantine con regusto clásico, que -al menos a mi- me han recordado a las primeras etapas de Jamie Delano. Diggle se esfuerza en regresar a los orígenes del mago de Liverpool, a los pubs y antros más perversos de Londres, donde anteriores aventuras del personaje se convirtieron en clásicos, y en recuperar a secundarios un tanto olvidados, devolviéndoles la importancia que tenían en anteriores etapas. Especialmente a Chas, que vuelve para ser el ancla de Constantine con la realidad.
En estos tres tomos, que recopilan del 230 al 249 de la serie –dejando de lado el paréntesis de los números 245 y 246, guionizados por Jason Aaron– Constantine está decidido a dejar atrás sus últimos años de locura y alcoholismo. Resuelto a enfrentarse a los demonios –literales– que acechan en el manicomio en el que fue internado, su camino se cruza con los de un corrupto lord inglés, un sanguinario mago africano y un enemigo de su pasado que se encuentra mas unido a él de lo que puede imaginar.
Diggle consigue que John Constantine vuelva a ser el mago de la clase obrera, el personaje cínico, egoísta y autosuficiente al que los lectores estábamos acostumbrados, y se aleja de derroteros existencialistas. Si bien es cierto que abusa un poco al tratar de atar todos los cabos sueltos que otros autores habían abandonado alegremente, su intento de unificar la historia de Constantine y darle coherencia a su compleja vida es loable, y los resultados son totalmente disfrutables por cualquier lector habitual de Hellblazer, y sirven como buen enganche para los nuevos.
domingo, 6 de mayo de 2007
Reseña: Hellblazer. Todas sus máquinas.
Guión: Mike Carey.
Dibujo: Leonardo Manco.
Reseña de: Jamie M.
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2007. Título original: John Constantine. Hellblazer. All His Engines. 128 páginas.
En esta historia autoconclusiva, Carey lleva a Constantine a una aventura que nos transporta poderosamente a los principios de su serie regular. Se produce una misteriosa enfermedad a nivel mundial que sume en un profundo coma clínico a millones de personas, siendo una de ellas Tricia, la sobrina de Chas Chandler, eterno conductor (chofer más bien) y acompañante de Constantine, por lo que este se embarcará en un nuevo viaje hacia la oscuridad para intentar encontrar la cura a la misteriosa plaga. Muy pronto descubrirá su origen demoníaco y se sumergirá a fondo en un juego de engaños con las almas de todos los enfermos, pero especialmente la de Tricia, como premio para el ganador.
El guión tiene todo el sabor de las historias clásicas de Hellblazer, lo que siendo algo por un lado positivo por otro igual le resta algo de aliciente, ya que lo que vamos viendo suena a ya leído. Hay varios demonios, a cual más cruel, a los que Constantine deberá burlar para conseguir su objetivo utilizando sus armas habituales: la astucia, el engaño y el más absoluto cinismo. Así el interés reside en las vueltas y giros que va dando la trama con la aparición de nuevos demonios o fuerzas primigenias, ocasión que Carey utiliza para mezclar sin rubor (y con alguna patada que otra al rigor histórico, pero eso es otra historia) a las fuerzas del infierno cristiano con deidades de origen azteca; y en el seguimiento de las trampas que Constantine va tendiendo o en las que va cayendo de vez en cuando. Como siempre, no todo es lo que parece y el resultado final nunca es tan limpio como debería.
El guión está en esta ocasión muy bien apoyado por el sombrío dibujo de Leonardo Manco y, sobre todo, por el oscuro colorido de Lee Loughridge y su Zylonol Studio, que con unos colores pastel de tonalidad apagada acompañan a la perfección los juegos de sombras del artista argentino, capaz de retratar en toda su crudeza la descarnada fuerza del mal desatado sobre la tierra, con toda la repugnancia y violencia que habitualmente lleva asociada.
En definitiva un tebeo que se deja leer con agrado, que se disfruta por sus dibujos, pero que no aporta demasiado a la ya dilatada carrera de John Constantine.
viernes, 6 de abril de 2007
Reseña: Fábulas 6. Tierras natales.
Guión: Bill Willingham.
Dibujo: David Hahn, Mark Buckingham y Lan Medina.
Reseña de: Jamie M.
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2007. Título original: Fables: Homelands (contiene los número
Sexto tomo recopilatorio de las andanzas de las “fábulas” en nuestro mundo (cuarto de Planeta), se abre con una historia en dos partes, titulada “Jack sé listo”, que cuenta a qué se dedicó Jack (el de las judías) cuando abandonó Villa Fábula tras obtener la alcaldía el Príncipe Azul. A pesar de que obviamente se trata de lo que los americanos llaman un “fill in”, o sea, unos episodios de “relleno” con un dibujante invitado para dar tiempo al habitual a cumplir los plazos de entrega sin resentirse en su arte, la historia no deja de ser curiosa, aunque no está a la altura del resto de la serie, empezando por un dibujo resultón pero algo plano, y terminando por un guión más flojo de la habitual. Es original la forma en que está contado, en pequeños capítulos narrados en primera persona por diferentes personajes, dando cada uno de ellos su visión particular sobre Jack y su empresa, y creando así un complejo puzzle en que todas las piezas terminan encajando, pero el problema es que tal empresa deja un poco indiferente (la creación de un estudio de cine y el rodaje de una trilogía espectacular basada en las andanzas, reales e inventadas, del propio Jack).
A partir de la tercera entrega, la historia se reconduce y empieza propiamente el “Tierras natales” que da título a todo el volumen. Vuelve el habitual Marck Buckingham, con ese dibujo tan preciosista y lleno de detalles, fiel heredero de Bachalo, aunque hace ya mucho tiempo que abandonó su sombra y, me atrevería a decir, lo superó en cuanto a narración y comprensión de las viñetas. En la historia el Chico de Azul, quien también abandonara Villa Fábula en el anterior tomo, cruza una de las puertas y se interna en las Tierras natales en busca de su perdido amor y de una “cura” para su amigo Pinocho. Su periplo, de mundo en mundo y de peripecia en peripecia, le llevará finalmente a enfrentarse y a desvelar la identidad del malvado Adversario, aunque el resultado final de su misión no sea del todo el esperado. Retoma aquí Willingham toda la poesía, la emoción y el firme dominio de los cuentos que ya demostrara en las anteriores entregas, y aprovecha además para presentar e introducir en la trama a nuevos personajes que, sin duda, darán mucho juego.
Entre medio, justo en un momento álgido de la aventura, con el Chico de Azul en un peligro certero, se incluye un nuevo episodio de descanso para el dibujante que, sin embargo, está mucho más pegado a la historia de Villa Fábula y a las tramas que se nos habían ofrecido con anterioridad y donde, además de suscitarse nuevos misterios, se descubrirá finalmente quién era el espía que tenía el Adversario infiltrado entre las fábulas. El dibujante cumple con oficio el encargo y deja paso de nuevo a la historia de las Tierras natales para las espectaculares revelaciones y sucesos que tienen lugar a continuación.
En definitiva, si estás siguiendo ya Fábulas este es un tomo que no puedes perderte, y si no lo estás haciendo no sé a qué esperas. Fantasía en estado puro, jugando con los personajes de los cuantos antiguos y modernos, y dándoles una visión nueva, pero fiel a la esencia que cada uno de ellos ha mantenido a lo largo de los años. Recomendable, sin duda.
viernes, 23 de marzo de 2007
Reseña: Loveless 1.
Guión: Brian Azzarello.
Dibujo: Marcelo Frusin.
Reseña de: Jamie M.
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2007. Título original: Loveless, a kin of homecoming (contiene los número
Tras compartir una larga etapa de Hellblazer, Azzarello y Frusin vuelven a unir sus talentos creativos para sacar adelante un western descarnado y violento, como no podía ser de otro modo proviniendo de la pluma del creador de 100 balas.
Al finalizar
El paso de Cutter se verá jalonado de cadáveres, mientras vamos descubriendo los verdaderos motivos que le impulsan a volver a su hogar y que convierten su simple presencia en algo similar a patear un avispero. Personaje que juega con la ambigüedad, no parece congeniar ni con sus viejos conocidos del Sur ni con los nuevos ocupantes de
Y junto a todo ello asistimos a una historia de amor salpicada con las dosis justas de erotismo, y de la que poco a poco vamos descubriendo los desgarradores y tristes entresijos
El impactante y algo oscuro dibujo de Frusin acompaña a la perfección al estilo de la narración de Azzarello, magníficamente secundado por el color de Patricia Mulvihill. El corte sombrío, crepuscular, de una historia donde no hay “buenos”, se ve reflejado página a página por el hábil trazo repleto de sombras y negros, y los tonos pastel de la palata de la colorista. Especialmente impactantes son las escenas en que los autores mezclan el presente y el pasado de la narración, creando unas viñetas llenas de una extraña poesía de la violencia, casi contando dos historias aun tiempo; aunque por otro lado, el abuso que se intuye de tal recurso pueda llevar al cansancio del mismo al perder su inicial efecto de sorpresa y maravilla en el lector.
Si algún defecto cabe achacarle a esta obra es, tal vez, el gusto por el exceso de todos aquellos westerns provenientes del mercado del comic-book americano, el gusto por la exageración de la habilidad con las armas, el alejamiento de un cierto aire de realismo y el que siempre tenga que haber una protagonista femenina que rivalice en todo con los masculinos saliéndose de manera un tanto incongruente con el auténtico rol que imperaba en aquella época. Al fin y al cabo estamos hablando de una obra “histórica” (aunque se centre en hechos inventados) y se debe a unas formas de actuar y de pensar que no son las actuales; pero supongo que las “cuotas”, la “discriminación positiva” y la corrección política ha terminado alcanzando hasta a un autor tan transgresor como Azzarello. Sin embargo, no es este un detalle en absoluto importante como para molestar en el completo disfrute de la aventura.
Ahora sólo cabe esperar que Planeta nos ofrezca pronto nuevas entregas de Loveless, que en Estados Unidos ya va por su número 18; el final de este tomo, con ese giro argumental que se intuye poco antes, deja con muchas ganas de continuar leyendo.








