lunes, 24 de agosto de 2009

Reseña: Los leones de Al-Rassan

Los leones de Al-Rassan.

Guy Gavriel Kay.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Bestsellers # 30. Madrid, 2009. Título original: The Lions of Al-Rassan. Traducción: Ester Mendía Picazo.477 páginas.

Hay libros que por lo que lees previamente sobre ellos elevas el nivel de exigencia aún antes de comenzar su lectura. La pedantería de Kay afirmando que lo suyo no es «estrictamente» Fantasía, sino «ficción histórica» o la exigencia de ser publicado en una colección que no tenga relación con el género fantástico hacen que se valore —o al menos yo lo valore— el libro de otra manera y que esta reseña sea, seguramente, mucho más subjetiva de lo ya habitual. Decir que Los leones de Al-Rassan no es propiamente fantasía es como afirmar que Canción de Hielo y Fuego tampoco lo es al haberse inspirado Martin en la Guerra de las Dos Rosas o que la Saga del Retorno de Card no es propiamente SF al estar basada en el libro del Mormón. Solo desde un terrible complejo de inferioridad o de vergüenza hacia el género se entiende que Kay intente rehuir lo que es evidente (y que él mismo confirma en el prólogo a esta edición): entre otras cosas, la trama se desarrolla en una península ficticia, en un mundo con dos lunas, aparece un personaje con poderes psíquicos… ¿Ficción? Sí, desde luego. ¿Histórica?… ¿Dónde está la Historia? ¿En el plagio-homenaje-inspiración al periodo de la Reconquista de la Península Ibérica y al Cantar del Mío Cid? Y es que no hay nada histórico, es todo inventado y decir eso no es decir poco y nada en absoluto por lo que sentirse avergonzado. Es una fantasía diferente, desde luego, no aparecen dragones, ni elfos, ni otras razas o seres sobrenaturales, no hay magos ni magia como tal, pero es fantasía. El problema surge cuando se quiere adquirir un cierto estatus, una patina de seriedad, a costa de negar la evidencia (como digo me baso en declaraciones previas del autor sobre el libro, no en lo que él mismo dice en el prólogo) y mostrar un cierto desprecio hacia el público hacia el que objetivamente está destinada la obra.

Entrando ya en faena, Al-Rassan es un claro remedo de Al-Andalus y la dividida Esperaña se basa en los reinos cristianos que iniciaron la Reconquista. Cuando comienza la acción, Ammar ibn Khairan acaba de asesinar al último de los califas, lo que propicia que Al-Rassan se divida en pequeños estados al estilo de nuestras taifas. Tres religiones se disputan la fe de los habitantes de la península: asharitas (musulmanes), jadditas (cristianos) y kindath (judios). Y una mezcla de traiciones e intrigas políticas llevarán a Rodrigo Belmonte, paladín de Esperaña, al exilio tras haber acusado a su rey, Ramiro de Valledo, de estar tras la muerte de su hermano. Ambos hombres terminarán en la hermosa y floreciente ciudad asharita de Ragosa, donde sus destinos se entrelazarán entre sí y con el de la joven médica kindath Jehane.

Ya desde un principio de la narración este seguidismo del elemento histórico, que tantas posibilidades ofrece, comienza sin embargo a plantear problemas. El sistema de creencias de las diferentes religiones es despojado de cualquier credibilidad; basado en la adoración al sol (jadditas), a las lunas (kindath) o a las estrellas (asharitas), resulta simplemente ridículo y alejado de cualquier aplicación práctica. Por otra parte, la necesidad de concreción y el estar atado a sus personajes, obliga a Kay a “resumir” un periodo de unos quinientos años de la Reconquista en apenas veinte y a reducir al península a algo mucho más pequeñito, casi esquemático (con gran pérdida de trasfondo), dando una imagen super acelerada del conflicto que se está librando. El autor intenta ofrecer, y muchas veces lo consigue, una especie de reflejo real sobre lo que podría haber sido aquella convulsa época, sumergiéndose en un ambicioso relato donde no faltan multitud de temas e ideas: el valor del honor y de su pérdida, la traición, las creencias religiosas, su implicación emocional y los enfrentamientos que promueven, la tolerancia, la amistad incluso entre «enemigos», el respeto y la admiración, la camaradería, las lealtades encontradas —Rey, patria, religión, familia y compañeros—, la poesía, la guerra y los sentimientos que produce, el idealismo, la medicina… En una tierra de belleza cautivadora que esconde una violencia latente, los destinos de los tres protagonistas y otros muchos personajes, como el leal soldado Alvar o el excesivamente tópico comerciante Husari Tarif, se irán entrecruzando en una historia que se intuye abocada a un trágico final. El inevitable enfrentamiento religioso se ve suavizado por la admiración mutua que todos ellos llegan a profesarse, lo que no evita al lector la evidente muestra de prejuicios religiosos del autor quien retrata a las dos religiones principales de forma harto negativa, salvando tan solo a los errantes judios —perdón, kindath—. Se hace evidente que para Kay la religión es tan sólo una excusa que le sirve para mostrar el antagonismo y el fundamentalismo, condenar la persecución a la que se ven sometidos los fieles en los territorios ajenos y ensalzar la excepcional tolerancia del trío protagonista. Al querer justificar su cercanía a la realidad histórica, pero al parecer sin desear dedicar excesivas páginas a la construcción de un sistema de creencias al menos coherente, el autor tan solo ha conseguido despojar de todo contenido a sus religiones, demostrando una enorme superficialidad en lo que se antoja una mera y poco creíble parodia de tan complejo tema.

A través de los ojos de los protagonistas, el lector asiste a una historia supuestamente épica, entre un mundo que acaba y otro que comienza, entre una belleza que se resiste a desaparecer y la promesa de un futuro en el que las cosas serán inevitablemente distintas y donde Kay parece decir por decreto que deberíamos sentirnos muy tristes por tantas cosas que van a desaparecer, pero como no consigue transmitirlo con su prosa o por medio de la narración, lo pone como un imperativo en boca de sus personajes o (peor aún) dentro de uno de sus poco poéticos poemas. El libro se crece un tanto con las descripciones de las ciudades o los parajes de la época, en los ambientes y las relaciones entre personajes, pero baja algunos enteros cuando trata de sumergirse en la parcela bélica del asunto (algo vital en la trama) que parece interesarle mucho menos que retratar las motivaciones de los protagonistas o las intrigas políticas en las que se ven mezclados, quedando las batallas y combates un tanto en el aire cuando podrían haber sido mucho más espectaculares y mejor narradas (hasta los duelos se zafan al escrutinio del espectador mediante «hábiles» elipsis literarias o cegadoras puestas de sol). Como la religión, la guerra se convierte en un mero telón de fondo para reflexionar sobre la forma de reaccionar a ella de los protagonistas, mostrando su liderazgo y superioridad moral sobre todos aquellos que les rodean y ensalzando lo buenos que son en todo en lo que se embarcan, ya sea el amor, la poesía o la guerra. Y es que sin demasiado perfectos.

Después de todo lo expuesto, ¿me atrevería a decir que Los leones de Al-Rassan es un mal libro? En absoluto. Tiene sus virtudes, entre la que no es la menor una escritura fluida aunque un tanto distante y una trama por momentos ciertamente atractiva (pero es que la Historia en la que se basa tiene muchos y no explotados atractivos). Abusa de ciertos tópicos, sí, pero también tiene aciertos narrativos como jugar con el lector en ciertas ocasiones mostrándole los datos necesarios para que saque sus propias conclusiones que luego se demuestran erróneas; un recurso del que abusa sin rubor, pero que no llega a molestar e incluso se hace simpático el intentar adivinar por dónde va a salir o qué conejo se va a sacar de la chistera. Para el lector español, por poco avezado que se encuentre en la historia de la Reconquista, siempre existe el aliciente de tratar de adivinar a qué personaje o lugar histórico corresponden sus trasuntos literarios. Leer Los leones de Al-Rassan no es un desperdicio de tiempo, incluso diría que es entretenido, pero tampoco aporta mucho al posterior bagaje literario del lector y se le van demasiado las «costuras». Cierto es, además, que puede propiciar el interés en profundizar en el estudio real de los hechos de la Reconquista o en la lectura del original Poema del Mío Cid —tan recomendable, por otra parte—, y eso no sería poca cosa, desde luego.

jueves, 20 de agosto de 2009

Reseña: Cuentos Completos 1

Cuentos Completos I

Isaac Asimov

Reseña de: Amandil

Zeta Bolsillo. Col. Nova. Barcelona, 2009. Título original: The Complete Stories. Volume I. Traducción: Carlos Gardini. 816 páginas.

Isaac Asimov es siempre un valor seguro a la hora de ser publicado en cualquiera de sus facetas ya que supo conectar con un elevadísimo número de lectores a través de su sencillo estilo como escritor. Da igual que nos encontremos ante el novelista de grandes sagas como la Fundación o Robots, o ante el ameno divulgador tanto de temas científicos como históricos o, incluso, como en estos Cuentos Completos 1, ante el reputado fabulador de cuentos cortos.

Lo cierto es que este volumen, que ha de ser completado con el consecuente "tomo 2", no aporta ninguna novedad a la prolífica obra de uno de los grandes de la ciencia ficción mundial. Rara es la ocasión en que en un libro dedicado a ser un mero recopilador, el seguidor fiel de un escritor se vea sorprendido por algo que no conozca de antemano. En otras palabras: no hay nada nuevo bajo el sol.

Pero el éxito de este libro no ha de medirse en terminos de originalidad (inexistente, como ya se ha dicho) sino en el valor que tiene, precisamente, como recopilador pretendidamente total (en el prólogo el propio Asimov ya avisa que su obra es casi imposible de localizar de un modo completo y fiable debido a que ha sido publicada en soportes dispares (especialmente revistas de mediados del siglo XX)y extintos, muchos de ellos hoy en día perdidos e irrecuperables para el lector actual. Así que, en realidad, disponer de unos Cuentos Completos es una posibilidad que no se puede dejar pasar a la ligera si se quiere acceder a las obritas que, de otro modo, es probable que no podamos disfrutar.

Sólo por esta posibilidad la edición que nos presenta Zeta ya debería ser tenida en cuenta por cualquier seguidor de la ciencia ficción, en general, y de Asimov, en particular.

Pero no sólo por eso. Hay que reconocer que la calidad del volumen, asumiendo que es una edición de bolsillo en tapa blanda, es muy elevada y se mantiene en todo momento dentro de lo que me atrevo a denominar "el camino correcto" en lo que a edición y respeto al lector se trata. No nos encontramos con esos fallos que parecen abundar en las colecciones de libros que se asocian con la ciencia ficción y la fantasía. Incluyo en este elogio la traducción que en ningún momento se convierte en un obstáculo para el lector. No hay giros gramaticales extraños, ni vocablos de dudoso acierto, ni traducciones a la virulé. Así que, por ese lado, el lector puede estar satisfecho del continente.

Y ahora hablemos del contenido.

En este primer volumen disponemos de cuarenta y siete relatos cortos (dos de ellos, para ser exactos, son poemas) que no siguen ningún orden cronológico conocido sino, simplemente, han sido ordenados de ese modo por Asimov. De hecho en el prólogo (por cierto, muy breve y exclusivo en el libro ya que ninguno de los relatos está prologado, como sí suele suceder en otros libros de "cuentos cortos" del mismo autor) lo único de lo que se nos informa es de que nos encontramos que varios de ellos son de especial cariño para el escritor, citándose su título pero sin hacer mayor hincapié en los porqués de esa valoración. Queda en manos del lector decidir si su gusto coincide con el del autor.

Aunque la temática es muy variada según se va avanzando en la lectura surgen tres grandes temas que se repiten con cierta regularidad como telón de fondos de la mayor parte de los cuentos. Es preciso señalar, de nuevo, que al ser un compendio que abarca varias decadas de producción, la reiteración que percibe el lector no es, en modo alguno, una muestra de la falta de originalidad de Asimov, sino más bien una consecuencia lógica del mero hecho de compilar textos que están encuadrados en una época concreta de la Historia de la humanidad.

Esos tres grandes "bloques temáticos" son la existencia de la todopoderosa supercomputadora Multivac (que llega a convertirse casi en el hilo motor del libro, por sus múltiples apariciones aunque, en ocasiones con consecuencias contradictorias); el desarrollo atómico con fines militares como amenaza y signo de la estupidez humana; y la pretensión de acceder al pasado como observadores por medios técnicos.

Junto con estos tres temas reiterativos (pero no cansinos ni aburridos) surgen otros que son fiel reflejo de algunas de las líneas narrativas que caracterizaron a Asimov, en especial la robótica y sus aplicaciones, y la capacidad de convertir la Historia en una ciencia matemática o estadística.

Pero no se agotan aquí los temas que aparecen en los diversos relatos, ni mucho menos. Encontramos espacio para el humor (leyendo El chistoso en un tren no pude contener la risa varias veces y con El brujo moderno uno descubre que quizá no es buena idea lo de utilizar elixires de amor a lo loco), el romanticismo, (Los ojos hacen algo más que ver es una buena muestra de que puede haber poesía junto con un inusitado sentimiento de amor por lo perdido) la especulación filosófica (La última pregunta se mueve entre el ¿por qué estamos aquí? y la Creación), la temática religiosa (el demonio tiene cabida como personaje a burlar -Treta tridimensional- o burlador -La trompeta del Juicio Final- en varios cuentos). En definitiva se puede decir que es casi imposible aburrirse viendo la variadísima temática que se despliega ante nuestros ojos.

Esta versatilidad a la hora de imaginar cuentos e historias cortas siempre se nos muestra bajo un mismo estilo y utilizando las mismas herramientas de escritor avezado. ¿Para qué otras si el éxito persigue el modo sencillo y limpio de contar las cosas? No encontraremos florituras, ni exquisitas formas metafóricas leyendo las obras de Asimov. Todos los personajes son esbozados de un modo simple, con nombre y un apellido (en el caso de extraterrestres de nombres estrafalarios se incluye también alguna distinción relacionada con su función -piloto, capitán, etc.-), se les describe someramente para distinguir a unos de otros y en seguida la narración se basa en una eficaz combinación de diálogos bien hilvanados, pensamientos reveladores y datos aportados por el narrador.

Finalmente, como es de esperar en un relato corto, la trama suele desembocar en un final inesperado que dota de un significado revelador lo que se ha leídoya sea para un giro cómico, trágico o catastófico. De todo hay. De hecho gran parte de la fuerza de algunos de los cuentos se apoya casi por completo en el último párrafo o en la página de cierre, mostrando en ese momento el autor su habilidad para entretener y sorprender al lector.

No tiene desperdicio este volumen de Cuentos Completos para descubrir diecisiete años después de su muerte a un autor que hizo de la Ciencia Ficción, seguramente, uno de los generos literarios más versátiles, entretenidos y evocadores que podemos encontrar dentro de la Literatura contemporanea. Y, sin temor a equivocarme, este libro le hace justicia.

lunes, 17 de agosto de 2009

Reseña: Vengadores / Invasores 1

Vengadores/Invasores 1.
Viejos soldados, nuevas guerras.


Guión: Alex Ross, Jim Krueger.
Dibujo:
Steve Sadowski.

Reseña de: Matt Davies.

Panini Cómics. Barcelona, 2009. 176 páginas color. Formato 100% Marvel (contiene Avengers Invaders, 1-6 USA).

Retrocontinuidad. Seguro que Roy Thomas y Sal Buscema no tenían la palabreja en mente cuando crearon a los Invasores, allá por el año 69. Pero de eso se trataba, de cambiar el presente de algunos personajes introduciendo elementos nuevos en su pasado, datos y hechos que "siempre habían estado ahí", pero que los lectores desconocían. A ellos- al contrario que en la Marvel actual- el invento les salió bien, y los Invasores se consolidaron rápidamente como uno de los grupos superheroicos "clásicos", reciclando personajes de la antigua Marvel, cuando la editorial era conocida como Timely Comics. Así, el Capitán América, Namor, la Antorcha Humana, Toro y Bucky unían fuerzas contra el Eje, zurraban a los nazis y acababan definitivamente con la amenaza de Hitler (quien, en el universo Marvel, muere a manos de la Antorcha Humana, y no pegándose un tiro en un bunker)

Y después...Finalizada la guerra, los héroes se unían a otros grupos y seguían con sus vidas, y los lectores del 69 ya sabían de sobra como el Capitán America era despertado por los Vengadores o como Namor gobernaba en Atlantis. El tiempo pasó, la generación de lectores que leyó a los Invasores creció y el universo Marvel sufrió todos los cambios que puede sufrir un mundo de ficción al que cientos de guionistas y dibujantes enriquecen (o empobrecen) con sus ideas.

Y ahora nos situamos en 2008. Marvel ve cerca su 70 aniversario y decide relanzar a sus personajes más ancianos, aquellos que llevan con la compañía desde su nacimiento. Así que, para regocijo de lectores veteranos y noveles, vuelven los Invasores.

El tomo Vengadores/Invasores (no entiendo por qué los Invasores no van delante de los Vengadores, siendo estos últimos meros comparsas en el comic), recién publicado por Panini en nuestro país, no es, y se agradece, un nuevo ejercicio de retrocontinuidad. En lugar de eso, Jim Krueger y Alex Ross utilizan algo tan recurrente y simple como los viajes en el tiempo. Los Invasores están luchando contra las fuerzas alemanas en 1941 y de golpe, ¡zas!, aparecen en el Nueva York de nuestros días. Por supuesto, y en la mejor tradición del comic de supers, no tardan ni dos páginas en enzarzarse en una nueva pelea.

¿Qué lo hemos visto mil veces? Cierto, y decir mil serían pocas. Pero, como siempre, la gracia radica en como contarlo, y se nota que Krueger y Ross tienen devoción por los héroes de la Segunda Guerra Mundial, así que un argumento sencillo se convierte en la excusa para retratar a sus personajes favoritos y enfrentarlos a los miles de cambios sucedidos desde entonces. Por supuesto, alguno de los Invasores se enterará de que no llegó a viejo. Por supuesto, el clásico enfrentamiento yo-del pasado contra yo-del presente estará servido. Pero mientras los tópicos se acumulan uno tras otro la historia avanza con buen ritmo, los protagonistas tienen algunos momentos de reflexión entre batalla y batalla que son lo mejor del comic (impresionante la reacción de la Antorcha Humana al descubrir el trato que SHIELD les da a sus androides), y el ambiente a aventura clásica lo llena todo. El dibujante, Steve Sadowski, también cumple su tarea, con unos lápices correctos y varias escenas de acción muy bien narradas, aunque alguna postura resulta un tanto forzada y las tintas no siempre le favorecen.

Falta por ver si el final de la historia, que Panini publicará en diciembre, estará a la altura de esta primera parte, y si la trama del viaje en el tiempo acabará siendo algo más que una simple herramienta argumental. Pero de momento, Vengadores/Invasores 1 es un comic muy entretenido, con personajes cuidados y un ambiente que mezcla la diversión de los Vengadores de los años 80 con el tono oscuro y conspiratorio de la Marvel actual.

viernes, 7 de agosto de 2009

Reseña: Los Viajes de Tuf

Los Viajes de Tuf.

George R. R. Martin.

Reseña de: Matt Davies

Zeta Bolsillo
. Col. Nova. Barcelona, 2009. Título original: Tuf Voyaging. Traducción: Alberto Soler. 556 páginas.

Si hay algo que el buen lector siempre ha de agradecer es el asombro y la ilusión que produce el encontrarse con libros como Los Viajes de Tuf. Y escribo esto pensando precisamente en la agradable sorpresa que me llevé al caer en mis manos la reedición de la obra de Martin. Siete relatos - uno de ellos casi una novela corta- que comparten protagonista y temática, y que resultan ser totalmente disfrutables del primero al último.

Haviland Tuf es un comerciante, poco mas que un buhonero, de apariencia extraña y casi ridícula y mente racional y práctica hasta extremos exasperantes. Es vegetariano, enorme y calvo, y muestra un especial cariño por los gatos. En el primero de los relatos, por verse involucrado en circunstancias ajenas a sus deseos, acaba en posesión del Arca, una nave descomunal que contiene el laboratorio genético mas grande de la galaxia. A partir de ahí, seguimos a Tuf en sus andanzas de un planeta a otro, usando el enorme poder que ha caido en sus manos casi por casualidad con una muy inteligente mezcla de sentido práctico e inocencia.

El punto de partida es, pues, bastante sencillo. A excepción del primero de los relatos, el resto encajan en el mismo esquema: Tuf llega a un planeta que sufre una grave crisis ecológica, ofrece sus servicios a cambio de un generoso pago o unas reparaciones a su nave, los representantes del planeta aceptan a regañadientes y la crisis es finalmente solucionada. Simple, si, pero en ningún momento se tiene la sensación de que los relatos vayan perdiendo frescura u originalidad, sino justo al contrario: la oposición entre la personalidad extravagante y analítica de Tuf y sus distintos patrones- que van desde los muy honorables a los directamente malvados-, y la cercanía de los problemas presentados- el control de natalidad o la introducción de nuevas especies en un ecosistema- es lo que sirve de motor a las distintas historias, dejando Martin las florituras narrativas a un lado y centrándose en su personaje principal, enfrentado a problemas que buscan la reflexión, y no solo el divertimento, del lector.

Los relatos que componen Los Viajes de Tuf están ordenados no por fecha de publicación, sino por continuidad de la propia historia. Somos testigos de como Tuf aprende a utilizar el poder casi ilimitado del Arca (de monstruos horribles a cosechas resistentes a la polución, pasando por plagas bíblicas; todo puede cultivarse en los tanques de genética de la nave), y como ese poder casi divino y las decisiones que ha de tomar a la hora de utilizarlo lo van cambiando relato tras relato. Aun así, Tuf es un personaje completamente positivo, y Martin no puede escribir acerca del poder absoluto corrompiendo a su protagonista. Tuf, noble y honrado antes y después de adueñarse del Arca, acaba siendo una especie de deidad menor a ojos de aquellos que requieren de sus servicios. En ocasiones un poco caprichoso y extraño, pero siempre justo. Utilizando a Tuf como un alter ego mas que obvio, Martin no tiene reparos en criticar todo aquello que no le gusta, y ataca a los gobiernos llenos de burócratas holgazanes, a los extremismos religiosos y al maltrato continuo al medio ambiente, pero sabe darle a sus relatos un tono irónico y amable y un final siempre esperanzador.

En fin, si añadiera como conclusión final lo hábilmente escrito que está, lo mucho que me ha gustado o lo inteligente de sus argumentos me repetiría, asi que acabo con una reflexión personal: Metido como estoy (aunque sea de refilón) en el mundo de la enseñanza, y después de ver las lecturas obligatorias de mis alumnos...¿no se podrían leer libros como este en los institutos y colegios? Bien hecho, divertido, crítico y didáctico, pero sin ningún tipo de falsa moralina. Pero me temo que la mía solo es una pregunta retórica...

lunes, 3 de agosto de 2009

Lanzamientos: Novedades Zeta Bolsillo para otoño del 2009

Hemos recibido un avance de los títulos relacionados con el fantástico que Zeta Bolsillo publicará tras el verano.

NOVEDADES ZETA BOLSILLO OTOÑO 2009



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lunes, 27 de julio de 2009

Reseña: Vampire Academy

Vampire Academy.

Richelle Mead.

Reseña de: Jamie M.

Alfaguara. Madrid, 2009. Título original: Vampire Academy. Traducción: José Miguel Pallarés y Mª Jesús Sánchez. 391 páginas.

Richelle Mead acomete en Vampire Academy un enésimo intento de reinventar o remozar los mitos vampíricos (o de darles una ligera capa nueva de barniz) dentro de la corriente que ya han dado en llamar «fantasía urbana» y que mezcla adecuadamente seres sobrenaturales (vampiros, sobre todo), aventuras con un toque violento y unas buenas dosis de romance, erotismo y deseo sexual.

Hay que señalar que en este campo está ya todo muy trillado y encontrar alguna dosis de originalidad es ciertamente difícil. Richelle Mead intenta transitar por el camino de en medio, por un lado mostrándonos un tipo de vampiro más cercano a los humanos, con sus debilidades y dudas morales, que pueda justificar la empatía con ellos en el lector; y por otro, postulando en el bando de los «malos» unos seres mucho más cercanos, por sus características y crueldad, al vampiro clásico.

Para ello a lo largo de la novela nos vamos a encontrar con una «nueva» clasificación para estos seres paranormales. A saber:

  • Los moroi son básicamente vampiros, aunque vivos y mortales. Cada uno de ellos tiene un poder mágico relacionado con uno de los cuatro elementos (aire, tierra, agua y fuego). Son moralmente «buenos», tratando de vivir en paz con el mundo, aunque entre ellos haya tantas diferentes mentalidades como entre los humanos comunes. El sol les debilita, aunque lo soportan brevemente. Tienen que beber sangre, pero lo hacen de individuos que se han ofrecido para ello, dado el carácter adictivo que tiene el placer que el mordisco —las sustancias químicas que el moroi introduce en el torrente sanguíneo de la «víctima»— produce en los humanos.
  • Los strigoi son moroi que han cruzado la línea de matar al alimentarse. Se convierten en lo que habitualmente conocemos como el vampiro tradicional: no muertos e inmortales. Al convertirse pierden la magia, pero adquieren a cambio otras habilidades y fuerzas, al tiempo que se deshacen de cualquier escrúpulo moral a la hora de alimentarse. Crueles y violentos, son enemigos mortales de los moroi, de los que sin embargo proceden.
  • Los dhampir son los guardianes de los moroi, una especie de gualdaespaldas personales. Hijos de uno de ellos y una dhampir son muy escasos dado lo extraño de estas uniones. Dotados de una fuerza extraordinaria y otras dotes naturales, se entrenan duramente para estar a la altura de sus objetivos. Tradicionalmente en el folklore balcánico un «dhampir» —o «dhampyr» o «dhampiro»— era el hijo de un vampiro y una humana, dotado con sus poderes pero sin sus limitaciones (soportan la luz solar y todo eso), siendo quizá el más conocido de sus representaciones el personaje de la Marvel, Blade.

Al comienzo de la novela nos encontramos con dos adolescentes fugadas que son obligadas a volver a la Academia St. Vladimir y pronto intuimos que ni una ni otra, ni el internado al que las llevan, son personas normales en absoluto. En efecto, ellas son Lissa Dragomir, una princesa moroi, y Rose Hathaway, la dhampir que estaba —y sigue estando— llamada a convertirse en su guardiana y que por causas todavía desconocidas la ayudó a escapar de la Academia. De vuelta a la misma, la narración nos muestra como retoman sus estudios y entrenamientos, bajo férrea vigilancia, sobre todo por parte de Dimitri Belikov, el dhampir que se había encargado de la misión de traerlas de vuelta y por el que Rose pronto empezará a sentir una fuerte atracción sexual (aunque sin que al principio se le pueda considerar enamoramiento, sino un calentón mayúsculo). De algún modo las referencias de corte sexual van a ser continuas a lo largo de toda la narración, tanto por parte de ambas protagonistas como de la mayor parte de los compañeros que comparten estudios con ellas. Cualquiera que haya residido en un Colegio Mayor se podrá hacer una idea del ambiente, de los piques, las fiestas privadas, los ligoteos, los grupúsculos y relaciones, todo llevado un tanto al extremo dadas las especiales características de los jóvenes internos.

Vampire Academy tiene el handicap de que es una novela claramente de presentación de personajes y escenario, donde lo que prima es el interés por la «construcción» del mundo en el que van a desenvolverse las protagonistas y en definir las personalidades de estas. Pero, por fortuna, no se priva de incluir una trama movida con buenas dosis de acción y misterio; y con una resolución final realmente sorprendente en torno a la identidad de los sujetos que se encuentran tras las amenazas contra la persona de Lissa. En su afán de protegerla, Rose se encontrará en el centro de una conspiración que puede desembocar en fatales resultados y que le llevará a investigar la extraña falta de poderes de su amiga y el poco común lazo psíquico que la une con ella. Una investigación cuyas revelaciones, sin duda, darán mucho juego en las siguientes entregas —este mismo año sale la quinta, hasta el momento—. A su vez, el carácter de «marcadas», de un tanto apartadas del resto de estudiantes, como si de parias dentro de la Academia se tratase —aunque es una situación también buscada por decisión suya— les llevará a relacionarse con otro «apestado» social del lugar, Christian Ozzera, cuyos padres se convirtieron voluntariamente en strigoi y sobre quien pesa el rechazo del terrible pecado de sus progenitores. Se establece una tensión triangular entre la atracción entre Lissa y Christian y el intento de Rose de torpedear la incipiente relación para apartar a su amiga de malas influencias.

Es Vampire Academy una novela, por planteamiento, desarrollo y escritura, claramente destinada a un público que se encuentra en el apogeo o saliendo de la adolescencia, muy en la línea de los libros de La Casa de la Noche de P.C. Cast y Kristin Cast o los de Crepúsculo de Stephenie Meyer, aunque sin duda puede ser disfrutada por cualquier amante de este subgénero tan en boga en la actualidad con multitud de títulos entre los que elegir. De lectura muy rápida y sin ningún tipo de complicaciones «literarias», se trata de un entretenimiento algo «descerebrado», en el sentido de que no busca la reflexión en absoluto, sino un simple y digno esparcimiento, un rato de diversión y distracción, con su toque picante y su cuota de acción y romance. Desde luego, los que no gusten del «romance paranormal» se pueden abstener directamente.

miércoles, 22 de julio de 2009

Reseña: Britania

Britania

Lewis Pulsipher

Reseña de: Amandil

Avalon Hill / Fantasy Flight Games / Devir Iberia 1986 / 2006 / 2008 De 3 a 5 jugadores. Duración media de una partida: cinco horas.

Britania (Britannia, en el original en lengua inglesa) pone ante los jugadores la "historia" de la gran isla británica desde la llegada de los conquistadores romanos en el siglo I d.C. hasta el asentamiento definitivo de los "nuevos conquistadores" normandos tras la famosa batalla de Hastings en el 1066 d.C.

Cada jugador (se permite una variación de 3 a 5, pero el reglamento y todo el sistema está optimizado, y recomendado, para 4 jugadores) controla una serie de pueblos con los que deberá dominar diversos territorios britanos para acumular puntos con los que, a la postre, ganar la partida.

Así, un mismo jugador controlará a los romanos, los britanoromanos, los daneses y los normandos, mientras otro hará lo propio con los galeses, los jutos, los anglos y los pictos, etc.

Los distintos "pueblos" quedan agrupados en cuatro colores para diferenciar los que controla cada jugador ya que lo normal es que en la isla convivan distintos grupos controlados por la misma persona. En total están representados 17 pueblos, cuya división entre los cuatro grupos busca que durante la partida todos los jugadores controlen un número similar de fuerzas.

El sistema de juego es muy sencillo, aunque el reglamento contiene un cierto número de "reglas especiales" que enriquecen las partidas si son aplicadas correctamente (por ejemplos las "invasiones mayores", las "incursiones marítimas" o incluso la poco usada regla especial de "sometimiento a Roma", imprescindible para que no sean exterminados el primer turno la mayor parte de los pueblos nativos), aunque en ningún momento se convierten en un vademécum de "excepciones" y reglillas que imposibilitan eventualmente el fácil desarrollo del juego. Pese a ello es normal recurrir al reglamento con cierta asiduidad las primeras veces que se juegue ya que es prácticamente imposible retener todos los giros que encierran las reglas.

El juego completo (con sus cinco horas, mínimo, de duración) se compone de 16 turnos. Cada uno de ellos equivaldría a un periodo histórico de unos 50 ó 100 años, y debe ser realizado por las 17 "naciones" .

Por su parte, los turnos quedan divididos en cinco fases:

- Incremento de la población.

Cada "nación" ve crecer su número de fichas en función del número de espacios que controle hasta un máximo determinado.

- Movimiento.

Las fichas se mueven dos casillas (o más en caso de "invasión mayor"), provocando situaciones de batalla si entran en un espacio ocupado por unidades de otra nación (si ambas naciones las controla el mismo jugador no hay batalla ya que este decide quien se queda).

- Batallas/Retiradas.

El sistema es muy simple: por cada ficha presenta se tira un dado de seis caras. Con un resultado de 5 ó 6 se elimina una unidad enemiga (sólo con un 6 si se combate en montañas o marismas) o con 3, 4, 5 ó 6 las fichas romanas (lo que explica que las legiones imperiales tiendan a llegar hasta las Highlands sin muchos problemas). En caso de que tras una "tirada" aún sobrevivan fichas de ambos bandos, los jugadores pueden optar por retirarse a una casilla adyacente.

- Retirada de los "incursores".

Los incursores, si ese turno disponen de esa habilidad, pueden regresar a alta mar, sin asentarse en tierra firme, para poder "golpear y huir" en el futuro (táctica normal de los irlandeses y de los jutos).

- Sobrepoblación.

Cuando una nación tiene más unidades de las que le está permitido (generalmente no puede tener más del doble de fichas que territorios que controle).

Sobre estas cinco fases, en apariencia sencillas y sin muchos inconvenientes, se desarrollan las partidas. Hay que añadir las distintas opciones que se abren ante los jugadores que harán que no se den dos veces las mismas variables, siendo Britania un juego tremendamente rejugable y muy adictivo. Además añade un componente histórico y "educativo" que permite un acercamiento somero pero certero a la historia británica hasta la Edad Media.

Sin embargo hay que destacar que el reglamento no es corto ni sencillo (como, en cambio, es la tendencia de gran cantidad de juegos actuales). La revisión gráfica y de algunas reglas que ha llevado a cabo la gente de Fantasy Flight Games no ha variado en esencia el juego publicado por Avalon Hill, por lo que no es posible un acercamiento desde la "doctrina" de abrir y jugar sino que conocer el reglamento requiere una lectura detenida y un cierto esfuerzo por encima de lo que, actualmente, viene a ser la media.

Aún así, Britania es un juegazo por los cuatro costados y es no sólo recomendable sino, además, imprescindible en cualquier ludoteca particular.

martes, 21 de julio de 2009

Reseña: Vuelta atrás

Vuelta atrás.

Robert J. Sawyer.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 214.. Barcelona, 2008. Título original: Rollback. Traducción: Rafael Marín Trechera. 316 páginas.

Robert J. Sawyer ofrece al lector en esta ocasión una novela de «segundo» contacto en un futuro relativamente cercano al situar la acción en 2048, toda vez que el primer contacto con seres de fuera de la Tierra tuviera lugar 38 años antes del momento en que comienza la narración. En aquel entonces, Sarah Halifax, trabajando para el SETI, habría conseguido descifrar una transmisión alienígena procedente del sistema Sigma Draconis, devolviéndoles un nuevo mensaje. En el presente de la novela se recibe la respuesta a la contestación humana que significará para una ya anciana Sarah, con 87 años, la invitación por parte del millonario Cody McGavin de ponerse al frente de la tarea de decodificar el nuevo mensaje, tarea que no está en absoluto segura de poder terminar ya que sabe que incluso si logra romper el código extraterrestre no vivirá lo suficiente para ver un tercer envío. El millonario le ofrece entonces una posible solución: recientemente se ha puesto a punto una terapia genética que permite el rejuvenecimiento del paciente, una «vuelta atrás» a sus años jóvenes, y plantea aplicársela a Sarah, Pero ella solo aceptará si su amado esposo Donald, con quien lleva felizmente casada 60 años, también recibe el tratamiento, a pesar de que el mismo es tan sumamente caro que solo los extremadamente ricos pueden permitírselo. McGavin, no obstante, acepta la condición y sufraga ambos tratamientos. Pero entonces surge la tragedia; mientras Don se vuelve cada día más joven camino de tener —físicamente— de nuevo unos veinticinco años, el cuerpo de Sarah no responde a las terapias y permanece en sus 87, a pesar de lo cual entablará una carrera contrarreloj con la muerte para poder decodificar el segundo mensaje extraterrestre y escribir una contestación.

Sawyer se ha convertido con el paso del tiempo en un hábil artesano, buen conocedor de su oficio y de las herramientas que maneja y los resortes que debe pulsar para llegar al lector, pero que no pasa de cierto nivel, no deslumbra ni llega a emocionar con sus libros, a pesar de que tampoco defraude categóricamente nunca, convirtiendo cada nuevo libro suyo en una agradable lectura que se queda siempre a un paso del escalón superior, donde podría codearse con los grandes escritores. Mantiene una prosa sencilla, amena, ágil, limpia, combinando con facilidad la extrapolación científica con un amplio bagaje en torno al corazón humano, transmitiendo conocimiento y haciendo reflexionar. En Vuelta atrás el lector se encuentra una nueva ración de lo enunciado, mediante una trama bifurcada en dos historias que se siguen con similar interés, aunque una de ellas —el drama surgido entre Sarah y Don— tenga mucho más peso específico en el relato que la otra —el contacto con Sigma Draconis, a priori la que se podía pensar que debía haber llevado el peso de la narración—, planteando ambas una serie de profundas cuestiones filosóficas, éticas y morales tan habituales por otra parte en este autor.

Si por un lado surgen las dificultades inherentes al intento de comunicarse con entidades totalmente ajenas a la cultura humana y las dudas sobre cuáles serán las cuestiones sobre las que interrogarían a la humanidad, sobre el foco de su interés; es en la parte del matrimonio Halifax donde Sawyer vuelca toda su fuerza narrativa para plantear al lector sus presupuestos. La historia de la «vuelta atrás» se centra mucho más en los efectos humanos del tratamiento que en la propia tecnología empleada (esas costosas cirugías y ajustes genéticos). El fracaso del tratamiento en Sarah provocará interesantes situaciones en torno a la figura del rejuvenecido Don, quien tan solo es «famoso» por asociación con su esposa y no por logros propios, y quien no solo va a sobrevivirla a ella, sino también a sus propios nietos, ahora mayores que él mismo. A través de los ojos de Don, un «joven» con una mente octogenaria, Sawyer se dedica a explorar el comportamiento humano, las reacciones ante situaciones inesperadas o extremas y las costumbres sociales y su férrea inmovilidad dado el rechazo al cambio de la mayoría de las sociedades.

En una de las partes menos conseguidas de la novela, tratando quizá de explorar las profundidades y complejidades del corazón humano o el coste que el progreso científico lleva implicado sobre las personas, el autor embarca a Don en una no muy creíble relación extramarital que le obligará a vivir una doble vida. El problema surge cuando lo que se nos ha contado previamente —el profundo, inestimable y muy arraigado amor entre Don y Sarah— choca de repente con lo que se nos está contando en este momento. Cierto es que Don ha recuperado la energía, el deseo sexual, la fuerza atlética y la vitalidad de la veintena, pero todo ello se antoja cuestiones menores al considerar que su mente sigue siendo la misma, que tienen todos los recuerdos de una larga y feliz vida en común y que no porque de joven se fuera un tanto irresponsable habría de volver a serlo ahora. En un dilema moral poco conseguido, Sawyer presenta a un Don de mentalidad prácticamente adolescente que se deja llevar por sus hormonas desatadas que no casa con lo que el lector había ido conociendo de él.

Por otro lado, en Vuelta atrás el autor utiliza el contacto con los alienígenas para reflexionar sobre el significado de ser humano, sobre las relaciones que se establecen entre las parejas y los grupos sociales (curiosa la marcada diferencia que se muestra entre las sociedades canadiense, de la que proviene el propio autor, y la estadounidense), sobre las consideraciones éticas y morales que deberían regir a la hora de la aplicación práctica de las nuevas tecnologías donde un aparentemente beneficioso avance puede tener consecuencias desastrosas al alterar de forma fundamental la vida de las personas. De una forma algo tibia, sin maniqueísmos pero sin tomar partido tampoco, Sawyer plantea el debate sobre temas tan importantes y de actualidad como el aborto y la eutanasia —o las consecuencias que tendría un hipotético tratamiento para conseguir alargar exponencialmente la vida y quiénes serían los que debieran recibirlo—, la existencia de Dios, el amor y sus ataduras —¿deben considerarse así cuando son voluntarias?—, la propia vida y lo que hacemos con ella a los demás y a nosotros mismos… y aunque deja en manos del lector sacar sus propias conclusiones, Sawyer, al final, es eminentemente un optimista y eso queda reflejado en el desenlace del libro con un mensaje de esperanza.

jueves, 16 de julio de 2009

Reseña: Poderes

Poderes.
Anales de la Costa Occidental III.

Ursula K. Le Guin.

Reseña de: Santiago Gª Soláns:

Minotauro. Barcelona, 2009. Título original: Powes. Traducción: Alexander López Lobo. 376 páginas.

Tras Los Dones y Voces, Le Guin prosigue en Poderes su viaje literario a través de las tierras de la Costa Occidental, esta vez siguiendo las andanzas del joven esclavo Gavir, quien de muy pequeño fue secuestrado junto a su hermana Sallo, alejándolo de su hogar en las Marismas y llevándolo a la ciudad de Etra. Allí, en un lugar donde se odian los dones o poderes mágicos, Gavir deberá guardar celosamente, a instancias de su hermana, el secreto de lo que le hace especial: aparte de una prodigiosa memoria que le permite recordar la página de un libro con solo leerla una vez, posee la capacidad de «recordar» acontecimientos futuros. Una capacidad que de poco o más bien nada le sirve en sus circunstancias, antes bien, le puede acarrear graves problemas.

A pesar de ello, Gavir no parece en absoluto preocupado por ser un esclavo. De hecho su vida es bastante satisfactoria, muy similar a la de los hijos de sus amos: estudian y juegan juntos, siendo sus maestros comunes otros esclavos, crecen bajo la autoridad de las mismas personas y bajo, aparentemente, las mismas leyes. Gavir se siente incluso afortunado porque su hermana y él no fueran vendidos a diferentes amos, y dada su facilidad de aprendizaje sueña con llegar a escribir un libro en que recopile los anales de las ciudades estado en una gran y unificadora historia. Se encuentra satisfecho con su vida y asume que en el futuro incluso llegará a ocupar el lugar de su maestro como educador de los jóvenes de la casa. Simplemente, según lo ve él, ese es el orden natural de las cosas y así debe ser. Vive una existencia cómoda y, a pesar de soportar en ocasiones el desdén o la violencia de Torm, uno de los hijos de sus amos, satisfactoria.

Hasta el momento en que descubre, lentamente, las injusticias que reinan a su alrededor, no solo hacia los esclavos como él, sino también a las mujeres en general. Y en el momento en que la ciudad de Etra es sitiada, la cosa no hará sino empeorar. Cuando poco después la tragedia definitiva le golpee, escapará de su vida casi por accidente y se dedicará a vagar y viajar conociendo distintas sociedades, mientras va en busca de si mismo, de su identidad y de sus sentimientos.

A lo largo de los tres libros se ha ido haciendo cada vez más claro, aunque de una forma gradual, que el tema principal de la —por el momento— trilogía es el de la esclavitud en todas sus facetas, cada protagonista es de una forma u otra un esclavo: desde los dones que atan con las cadenas que se pone uno mismo a la posesión de una persona por otra, pasando por el poder militar que sojuzga a poblaciones enteras. E indisolublemente unido, como las dos caras de una misma moneda, le acompaña el tema de la libertad, de las formas de conseguirla y mantenerla, respetando a un tiempo la de los demás. El propio Gavir descubrirá en sus carnes que muchas veces el ejercicio de la libertad es mucho más difícil de lo que aparenta y que incluso dentro de una sociedad de esclavos fugitivos y de libertos, que odian la simple idea de esa sumisión, se puede caer en los vicios de sus amos aunque no se impongan visiblemente unas cadenas sobre los oprimidos. Y es que las ataduras no tienen porque ser eslabones de hierro, sino el simple miedo, la necesidad de un refugio donde sentirse seguro, la ignorancia o, incluso, el amor mal entendido.

Le Guin ha creado a lo largo de estos tres libros un mundo fantástico que resulta en un primer vistazo bastante típico, pero donde lo que realmente importa son las diferentes sociedades que se van mostrando al lector y, sobre todo, los personajes y el mensaje que encarnan. En cada novela la autora toma a un joven con una especial habilidad mágica que de alguna forma le aparta de su entorno y lo lanza a un mundo hostil, donde su única protección será su amor por las palabras y su rechazo de la violencia. Si el Orrec de Los Dones habría de convertirse en un afamado poeta —cuyos versos servirán de inspiración para los anhelos y las reflexiones del propio Gavir— y Memer en Voces era la custodia de una gran biblioteca de libros prohibidos —siendo además ambos grandes lectores—, en esta ocasión, el joven esclavo centrará sus aspiraciones en convertirse en maestro y académico.

Son todos ellos temas recurrentes en la autora y en la serie: el amor por la lectura; la lección de que la manera de escapar de la esclavitud (física, pero también mental, pues existen cadenas que no se ven) pasa a través de la educación, del aprendizaje, de la adquisición de cultura y del rechazo al uso de la violencia; el mensaje o moraleja de lo duro que resulta abandonar el uso —o más bien, abuso— del poder sobre los demás, la renuncia voluntaria a ejercer el «derecho» de vida y muerte sobre otras personas, ya sean hijos, súbditos conquistados o simples esclavos; el llegar a la conclusión de que nadie debe estar por encima de los demás, salvo cuando ellos mismos le cedan esa potestad como una renuncia propia y nunca como una imposición…

Son historias de personas, de jóvenes, que buscan encontrar su lugar en un mundo convulso y, a través de la experiencia acumulada, encontrarse a si mismos en un ejercicio de autoconocimiento. Lo importante no son en absoluto sus habilidades mágicas, sino la fuerza de sus convicciones y su «construcción» como individuos morales y éticos. Con un entretenido y muy ameno «envoltorio» repleto de aventuras, la reflexión está servida.

Poderes es un libro que va mejorando en la memoria conforme se deja reposar un poco. Contiene, sin duda, lo mejor de Le Guin: su escritura agradable, poética y fluida; la creación de sociedades fascinantes, coherentes y perfectamente verosímiles; la idea, quizá algo ingenua, de que a pesar de todas las dificultades que surgen en el camino, de todas las penas —que son muchas—, de todos los golpes y desaires de la vida, siempre se puede confiar en que la oscuridad de la noche solo dura hasta el amanecer. Si hay un rasgo común a toda la obra de Le Guin ese quizá sería precisamente la esperanza, injustificada o no, en que el ser humano puede mejorar, escapar de la espiral de odio y violencia que parece rodearle, y abrazar el amor al conocimiento como forma de superación y convivencia. Casi nada.

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Reseñas de otras obras de Ursula K. Le Guin:

Los dones. Anales de la Costa Occidental I.

Voces. Anales de la Costa Occidental II.

Lavinia.



jueves, 9 de julio de 2009

Reseña: El guardián de almas

El guardián de almas.

Bruce Boston.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Eclipse # 45. Madrid, 2009. Título original: The Guardener’s Tale. Traducción: Ana María Nieda Calvo. 319 páginas.

El guardián de almas presenta un futuro distópico con una sociedad de apariencia feliz y ordenada, pero que esconde en su seno la semilla del descontento. Fácilmente englobable en esa corriente literaria que ha dado títulos tan remarcables como «1984», «Un mundo feliz», «Farenheit 451» o «La fuga de Logan», la novela, aunque lo intenta y no carece de abundantes puntos de interés, no está a la altura de tan brillantes predecesoras (aunque es bien cierto que era ponerle el listón demasiado alto). Publicarla, además, en una colección de «terror», y no en una más cercana a la ciencia ficción (por muy finalista del premio Bram Stoker 2007 que fuera), tampoco creo que le haya hecho ningún favor.

Boston presenta un mundo que se está recuperando de los «Años Grises», de migraciones masivas, matanzas y plagas generalizadas y climas inclementes que dieron paso a una Tierra con amplias zonas inhabitables. Poco a poco el terreno se va descontaminando y las ciudades-estado van expandiéndose con lentitud pero de forma inexorable. Al comienzo de la narración, el mundo se encuentra en un momento de reconstrucción, en el que la tecnología ha avanzado algo desde nuestros días, pero no en exceso, y es todavía fácilmente reconocible. Hay quien dice que la tierra hace tiempo que dejó de ser estéril y que solo se trata de una argucia para mantener subyugada a la población; pero los descontentos son, aparentemente, pocos, gracias al acondicionamiento primario, y los que se desvían de la norma no suelen dar problemas después de su reacondicionamiento psicológico. Richard Thorne es una de esas personas que empiezan a rebelarse contra su «perfecta» vida, su matrimonio ideal y su trabajo satisfactorio pero rutinario; al principio lo hará solo con pequeños detalles: excursiones a los barrios bajos de la ciudad para mezclarse con los desposeídos de la sociedad, sentir el peligro de lo prohibido, consumir alcohol, tener contacto con prostitutas o hacer pequeñas apuestas… Pero entonces conocerá a Josie, y la extraña historia de amor en la que se embarcarán, entre lo intelectual y lo sexual, llevará a Thorne a un inevitable declive en el que cruzará definitivamente la línea de la ley, quemando tras él todos los puentes que podrían haberle devuelto al seno de la conformista sociedad de la que proviene. Se establece una lucha del individuo contra el estado totalitario que busca imponer sus designios sobre todos los ciudadanos; pero se trata de una lucha egoísta, que, sobre todo al principio, tan solo busca la satisfacción del propio Thorne, su propio bien, y no el derrocamiento del aparato gobernante.

El guardián de almas se encuentra narrado desde el omnisciente y omnipresente punto de vista de Sol Thatcher, el guardián que sería encargado de investigar las actividades ilícitas de Thorne, proceso durante el cuál él mismo quedaría de alguna forma cambiado. Boston, en estas condiciones, escribe a través del guardián la historia con un distanciamiento desapegado, con el tono de un bastante desapasionado informe escrito con un arcaico y olvidado —en esa época futura— formato de novela. Pero ese pleno conocimiento de todos los hechos, de todos los detalles e incluso de todos los pensamientos (gracias a las innovadoras técnicas del cyberescáner) de los protagonistas, transmitido con fría eficacia, propicia un distanciamiento del lector, impidiendo cualquier sorpresa, al estar todo anticipado de antemano. Así, el duro camino de desintegración de la personalidad de Thorne se encuentra reflejado con sumo detallismo, pero con escasa implicación emocional.

A su vez, lo que podría haber propiciado un importante foco de atención y tensión para el lector, el triángulo amoroso que se establece entre Thorne, Josie y Diana, la esposa del protagonista, queda diluido por el escaso desarrollo que de ambas mujeres hace el autor. Sus intervenciones quedan devaluadas por la visión analítica del guardián, sin caracterizarlas en demasía y dejándolas bastante de lado cuando se apartan del ámbito de interés de la historia de Richard Thorne, que no deja de ser la del propio Sol Thatcher. Una oportunidad desperdiciada en cierta medida y que, se intuye en detalles como las curiosas vacaciones a lo Desafio Total que «disfrutan» Thorne y Diana, podría haber dado mayor interés a la historia tal y como se encuentra narrada.

El amor de Josie por los libros antiguos y prohibidos, símbolos de un pasado que debe ser dejado atrás, le permite al autor lanzar sus críticas sobre nuestro presente inmerso en la cultura de lo desechable y del pensamiento unificador ante los miedos y amenazas. En la sociedad de Thorne y Thatcher las libertades civiles e individuales se han visto limitadas en alto grado, mas los ciudadanos se encuentran bien cuidados y son, o al menos creen serlo, felices. Precisamente ese es el trabajo de los guardianes, proteger a la despreocupada sociedad hedonista haciendo que todos sus miembros se ajusten a las normas establecidas, podando las ramas que se salgan de lo planificado mediante el uso de modernas técnicas que incluyen particulares lavados de cerebro y la reconstrucción de la personalidad del individuo desviado mediante el uso de brutales métodos y de drogas (¿medicamentos?) de diseño, que buscan en definitiva el establecimiento de una utopía estéril que lanza un grito de advertencia y atención a la mente del lector.

Al final resulta que El guardián de almas es —¡tan solo!— la historia de unos seres humanos que luchan por existir conservando una personalidad propia y por convivir junto a, y no a la sombra de, otras personas; una exploración de las cuestiones socio-políticas de la actualidad extrapoladas hasta lo extremo; una reflexión acerca del libre albedrío y su difícil aplicación práctica ante las presiones y condicionantes de la sociedad en la que uno tiene que vivir; sobre la existencia y la posibilidad de alcanzar el amor romántico; sobre las consecuencias de la fútil búsqueda de la perfección… Es, en definitiva y como suele suceder en estos géneros, un intento de diseccionar el alma humana, sus afanes y profundidades, los miedos, anhelos y resortes que impulsan a actuar o rebelarse a algunas personas donde otras dudan o se conforman con lo que tienen por triste que sea; un nuevo intento de explicar la complejidad y la creatividad del ser humano. Que lo haya logrado es otro cantar, pero permite pasar el rato al tiempo que se piensa en tan sesudas cuestiones. Eso sí, vuelvo a remarcar, es ciencia ficción, no terror.

miércoles, 8 de julio de 2009

Convocatoria: XXI Premio Alberto Magno

La Facultad de Ciencia y Tecnología (ZTF-FCT) de la UPV/EHU convoca la XXI edición del certamen literario Alberto Magno de Ciencia Ficción, el concurso más antiguo de Ciencia Ficción y Fantasía del Estado. El plazo para la presentación de los relatos, escritos en euskera o castellano, se prolongará hasta el 2 de octubre de 2009.

lunes, 6 de julio de 2009

Reseña: Airman

Airman.

Eoin Colfer.

Reseña de: Lyrenna.

Alfaguara. Madrid, 2009. Título original: Airman. Traducción: Mercedes Núñez Salazar. 462 páginas.

Eoin Colfer adquirió fama literaria, sobre todo, por su serie Artemis Fowl, pero con esta novela ha querido subir un peldaño más y, sin abandonar en absoluto a su público juvenil, se adentra aquí en terrenos algo diferentes, internándose en una ficción histórica mucho más realista que sus obras anteriores y donde la fantasía en su vertiente mágica no tiene cabida, mezclando rasgos aventureros de Dumas (y es inevitable pensar en El Conde de Montecristo) con las especulaciones de Wells y unas gotas visionarias de Verne, y donde hay instantes que casi se roza lo steampunk.

En Airman asistimos a la forja del héroe, a la caída del protagonista desde una posición acomodada y su posterior lucha por ascender de nuevo. Es esta una historia de honor y traición, de nobleza y perfidia, de ilusiones y decepciones, donde el combate por la supervivencia se impondrá ante el deseo de justa retribución.

Conor Broekhart, el joven destinado a convertirse en héroe, nace, a finales del siglo XIX, en la barquilla de un globo aerostático. Es el hijo de Declan Broekhart, el más fiel de los capitanes del rey Nicholas I de las Islas Saltee, más conocido como el Buen Rey Nick y que parece empeñado en poner a su pequeño reino a la vanguardia de los avances tecnológicos de la época victoriana.

Colfer construye con dos plumazos un extrañamente fascinante escenario, un reino compuesto por dos islas situadas frente a la costa irlandesa, que fueron concedidas originalmente por Enrique II a su primer rey, Raymond Trudeau, como una especie de castigo o insulto al no contener las mismas otra “riqueza” que los excrementos de las gaviotas que las habitaban. Sin embargo, el sorprendente descubrimiento en la menor de las dos islas, Little Saltee, de una enorme (y aparentemente inagotable) veta de diamantes, puso al reino en lugar destacado dentro del mapa de la política mundial.

De esta manera, Little Saltee se convertiría poco después en un inexpugnable penal donde los reclusos trabajarían duramente en la extracción de los diamantes para garantizar la riqueza del reino; mientras la otra isla, Great Saltee, se convertiría en el hogar de una pequeña población y de la corte real.

Y es allí, tiempo después, en esa época de finales del XIX en la que empiezan a descollar grandes sueños de avances tecnológicos, donde Conor comenzará a desarrollar la tarea para la cual cree estar destinado desde su accidentado nacimiento: volar. Para ello, contando con la inestimable ayuda de su mentor, el francés Victor Vigny, dedicará buena parte de sus esfuerzos y estudios a diseñar ingenios voladores, sorprendentes máquinas que, tal vez, podrían poner a su alcance la realización de su sueño.

A un tiempo, Vigny se encargará de educar su mente en los caminos científicos y de entrenar su cuerpo como un dotado espadachín, enseñándole además unas artes marciales recientemente importadas del Lejano Oriente.

De esta manera, Conor lleva camino de convertirse en el prototipo de todo lo que un héroe debe ser: intrépido, valiente, inteligente, aguerrido, noble, culto… Parece tenerlo todo, incluyendo la devoción de su familia y el amor de la princesa Isabella, compañera de juegos infantiles e hija del Buen Rey Nick. Pero justo en ese momento de mayor felicidad la tragedia y la traición le golpean con inusitada fuerza, arrebatándoselo todo y provocando su particular descenso a los infiernos y su posterior lucha por escapar de allí.

Es entonces cuando Colfer se adentra en territorios más oscuros, algo más adultos que en obras anteriores, intentando retratar el mal que el ser humano puede proyectar sobre sus congéneres a través de unos personajes viles cuyos atributos físicos reflejan su maldad interior: su falta de escrúpulos, su fealdad, su humor socarrón e hiriente, su carencia absoluta de piedad… Incluso los titubeos morales de Conor provocan la duda sobre un posible final feliz tras tanta degradación.

La mayor complejidad de estos temas y algunos matices ciertamente violentos eleva y amplia de alguna forma el abanico de edad del público al que va destinado Airman. Aunque el libro se encuentre —muy adecuadamente— situado en la sección juvenil de las librerías, está claro que, al disponer de todos los elementos de las novelas de aventuras clásicas debidamente actualizadas, los adultos podrán disfrutar de la lucha de Conor por recuperar lo que se le ha arrebatado, embargados tal vez por el recuerdo de muchas lecturas de antaño.

Contra la idea preconcebida que uno pudiera hacerse, sobre todo al haberse mantenido el título original —yo me habría decantado algo libremente por haberlo traducido como «Aviador»—, Airman no es en absoluto la historia de un superhéroe embarcado en la lucha contra el mal ni nada parecido; aquí nadie puede volar sin ayudas “mecánicas”, nadie tiene capacidades subrehumanas (aparte de un gran intelecto), sino que se trata de una historia de superación, de una lucha desesperada por el bien y la justicia.

Airman, en cierto sentido, proyecta en el lector un anhelo de tiempos más inocentes, donde los héroes son nobles y los reyes son magnánimos y solo desean lo mejor para su pueblo, pero donde el villano —y el nombre no podría estar más claro: Bonvilain— mostrará la peor cara del ser humano, los abismos a los que puede hacer caer la ambición desmedida, la envidia y el ansia de poder y riqueza. Unos tiempos en los que todos, adultos y niños, mantenían la ilusión de la justicia y un corazón aventurero, y donde siempre entre las nubes había un rayo de esperanza.

Al cerrar el libro, después de todo lo sucedido, de todos los crueles momentos, tan solo queda una pregunta: ¿Volverá a volar Airman?